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Sábado 22 de Febrero de 2014

Los primeros días en el jardín: qué deben saber los padres

La educadora Andrea Fernández asegura que es fundamental la integración de las familias. También la confianza y el respeto.

¿Qué deben saber los padres sobre el jardín de infantes? ¿Cómo pueden acompañar a sus hijos en esta etapa de aprendizajes? Una experimentada profesora de nivel inicial, especializada en temas de infancia, da algunas pistas y sugerencias clave. Asegura que es esencial la presencia e integración de las familias desde el vamos y recuerda que este es el nivel donde se aprende y enseña desde el juego.

Andrea Fernández es la directora del Jardín de Infantes del Complejo Educativo Francisco de Gurruchaga. Confiesa que, más allá de sus 23 años de antigüedad en la docencia, hay dos momentos en el año que casi no puede conciliar el sueño: “Una es la anterior al primer encuentro con las familias; la segunda, por supuesto, es la previa al inicio de clases”.

Para la docente, esto tiene una explicación directamente vinculada con lo propio de esa etapa de la enseñanza: “En nuestro nivel no hay otro modo de alojar a los chicos que no sea alojando, primero, a sus familias”. Eso implica en este trabajo que, por ejemplo, el momento de la inscripción no sea uno más, sino una ocasión “muy importante para darse el tiempo y el espacio para ese primer acercamiento, y que no sea un mero trámite administrativo”.

Y entre otros detalles, sostiene que se busca que “el primer encuentro con las familias” —lo diferencia de una “reunión informativa”— sea por turno, distendido, con el mate y sillas en ronda en el patio con todos los docentes y no docentes del jardín.

Confianza. Fernández considera fundamental que en este tiempo de conocerse con las familias se haga un espacio “para contar, sin aburrir, quiénes somos, cómo pensamos alojar a lo chicos y comenzar a dar cuenta del encuadre institucional, que lleva como ejes las propuestas pedagógicas”. Es aquí cuando enfatiza en la necesidad de que las familias deben interiorizarse cómo se va a enseñar y cómo van a aprender sus hijos. “Eso —destaca— comienza a generar vínculos, confianza, respeto por el encuadre y la profesionalidad que tenemos que tener las maestras”.

La profesora se inclina más por abrir espacios de confianza de charlas con cada familias, que entablar “entrevistas individuales”. “Considero que no tiene sentido pedirle a una pareja que «nos cuente cosas de su hijo o hija» si no nos conoce, no establecimos aún ningún vínculo de afecto ni de confianza”.

Prefiere las cartas de bienvenida, la necesidad de que las familias conozcan los “caminos pedagógicos” que se planifican para el año, y poner atención a los cuadernos de comunicaciones.

Además de profesora de nivel inicial, Andrea Fernández es postitulada en primer ciclo del nivel (maternal), psicóloga social, diplomada superior en constructivismo y educación (Flacso), tiene un posgrado en educación y primera infancia (Flacso), psicomotricista y cursa la carrera de estimulación temprana en el Instituto Universitario Italiano de Rosario (Iunir).

Escucha atenta. ¿Y qué cuestiones no deben pasarse por alto cuando los chicos comienzan el jardín? Fernández señala que de parte de los docentes son decisivos “el respeto, la escucha atenta, el tiempo, la mirada global y parcial (o sea al grupo y cada quién en su particularidad), la planificación clara, el rumbo concreto y acordado”.

Pero también saber “esperar, sostener, alojar simbólicamente, posibilitar, ayudar, contener y dar la seguridad que vamos a cuidarlos, a jugar juntos, a pasarlo bien”. Más tarde, luego del tiempo en que están los chicos, propone afianzar esos primeros vínculos con reuniones de reflexión: “Qué nos pasó, qué hicimos, qué tenemos que ajustar, cambiar, revisar”. Para ser más gráfica y alejar a la maestra de nivel inicial de esa imagen estereotipada que “quiere a todos los niños por igual, desde el primer día y antes de conocerlos”, Fernández expresa: “Suelo decir que no tenemos que hacer como Su Giménez «te quiero, te amo, mi vida», porque eso no es cierto, aún no nos queremos y los chicos lo saben”.

Más bien se inclina por una construcción permanente del afecto, donde la confianza debe ir haciendo base para los aprendizajes. Y en esta tarea las familias también tienen para aportar lo suyo, se espera que sobre todo tengan “confianza en la institución”. Apunta que ayuda en esta acción colectiva tomarse “un ratito cada día a la salida para contar algo breve, una pequeña situación que sea para las familias como una ventanita que les permite «ver» qué pasó en el jardín”.

Considera que es decisivo tener en cuenta el momento que están atravesando los chicos: mudanzas, divorcios, embarazos, reordenamientos familiares, “todas esas cosas que los niños y niñas las ponen en acto y nosotros tenemos que conocerlas para entender esos actos y no andar derivando luego a los chicos por «inquietos», «hiperactivos» y esas cosas que etiquetan y obturan”.

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