Escenario
Jueves 04 de Agosto de 2016

"Los padres también crecen durante la crianza de sus hijos"

Hoy llega a los cines de Rosario la premiada película de animación japonesa. Su director, Mamoru Hosoda, habló del mensaje del filme

El mejor cine de animación no sólo viene de Disney. Hoy llega a las salas de Rosario "El niño y la bestia", una premiada producción japonesa que fue un éxito de taquilla en su país. Exhibida en competencia en el festival de San Sebastián en 2015 —el primer filme animado en recibir ese honor— y nombrada mejor película animada del 2016 por la Academia de Cine japonesa, "El niño y la bestia" es una comedia de amigos llena de acción que combina estratégicamente varios ingredientes: adolescentes en conflicto, criaturas sobrenaturales y batallas épicas. La última creación del director Mamoru Hosoda resume lo mejor de sus anteriores propuestas ("Guerras de verano", "Niños lobo"), donde la imaginación y la acción son claros protagonistas de una película que cuenta con alma propia.

El guión original, escrito por el propio Hosoda, nos presenta en las primeras escenas al protagonista: el rebelde niño de nueve años Ren, huérfano de madre y abandonado por su padre, quien huye de sus parientes para perderse entre las multitudes del emblemático barrio de Shibuya, en Tokio. Ahí, esquivando a la policía, Ren encuentra un portal para entrar a la mágica ciudad de Juutengai, habitada por animales antropomorfos. Allí el chico se convertirá en discípulo del indisciplinado oso Kumatetsu, que está enfrentado por el título de Gran Maestro con el noble jabalí Louzen.

Aunque parece la misma historia de maduración juvenil de siempre —el niño rebelde y su ingobernable papá adoptivo aprenderán uno del otro—, "El niño y la bestia" explora otros temas emblemáticos de la cultura japonesa: la disciplina, la responsabilidad, el equilibrio y la serenidad. El rebelde Ren no encaja en ninguno de los dos mundos, y la espléndida animación —mezcla de técnica tradicional con elementos computarizados— nos muestra su dilema existencial con toda claridad. Por un lado está el colorido Juutengai, y por el otro el grisáceo y alienado Tokio. Llegado el momento, Ren madurará lo suficiente para entender una lección crucial de vida: el más fuerte es el que aprende a dominarse.

Fuente de inspiración. "Mi principal fuente de inspiración fue mi hijo, que nació hace tres años, tras el estreno de mi película anterior, «Niños lobo»", explicó el director y guionista Mamoru Hosoda. "Lo que me inspiró a filmar «Niños lobo» fue que no hay películas acerca de lo difícil, aunque maravilloso, que resulta para una madre criar a sus hijos. Esta vez reflexiono acerca de cómo los niños crecen y maduran en este mundo", dijo sobre "El niño y la bestia". "Aparentemente son los padres los que se encargan de la crianza de sus hijos, pero no siempre es así. En este caso hay un niño que se olvida de su padre y conoce a alguien que lo alimenta espiritualmente, y la presencia de esta persona es cada vez más y más fuerte. En ese momento se olvida de su padre, en otras palabras, se olvida de mí", apuntó entre risas. "Me encantaría ver madurar de este modo a mi hijo. La película pretende analizar como un niño crece bajo la influencia de un grupo de personas. No creo que haya ninguna película así, lo que en sí es un gran desafío", aseguró.

El director adelantó que "aparecen muchos elementos en la película", pero aclaró el mensaje que quería transmitir "es muy sencillo". "Normalmente pensamos que solamente los hijos son los que crecen, pero también los padres crecen durante la crianza de sus hijos: ese es el mensaje que quería transmitir. Es un mensaje muy sencillo, pero necesitaba muchos elementos. Creo que los adolescentes de todo el mundo tienen una etapa en la que buscan su identidad. La mayoría de los adolescentes tienen un agujero, como los personajes de la película, sienten que les falta algo", reflexionó.

La era de la madurez. En la filmografía de Hosoda aparece constantemente la madurez como telón de fondo, como un tema que se repite. "Me interesa mucho abarcar el tema de la madurez", dijo el realizador, y citó un ejemplo. "Hay una cosa que me hace muy feliz, cuando la gente me dice: «Yo veía tus películas cuando era pequeño y siguen gustándome». Es algo que me encanta. Yo hice «Digimon» hace quince años, y para mí ese tiempo es poco porque ya soy adulto. Un día en Estados Unidos me encontré a un chico muy grande que me dijo que le encantaban mis películas, especialmente «Digimon». Yo me sorprendí porque habían pasado ya quince años desde que había hecho «Digimon», y ese chico seguramente era muy pequeño entonces. Lo sorprendente es que para mí esos quince años eran pocos, sin embargo para él seguramente fueron muchos porque era joven, y además los cambios que se producen en los jóvenes son mayores que en los adultos. Es muy sorprendente cómo afecta el proceso de madurez a los jóvenes, es algo como mágico, por eso me interesa tanto", afirmó.

La sede de Hosoda es el Studio Chizu, conocido por ser el estudio de animación más pequeño del mundo. Chizu en japonés significa "mapa". "Existe una larga tradición de películas de animación representadas con frecuencia por los estudios más grandes, pero todavía quedan un sinfín de motivos y temas por explorar, cuyas posibilidades son infinitas", explicó el director. "Se trata de actuar con confianza y decisión, con un espíritu aventurero. Se trata de llegar a descubrir un nuevo continente de películas que nadie ha visto antes, y elaborar un nuevo mapa de ese territorio virgen. Esta es la filosofía tras el nombre del estudio", resumió.

Comentarios