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Sábado 24 de Agosto de 2013

Los niños con agendas cargadas de lunes a lunes

La relevancia que tiene el juego en la vida de los más pequeños. Tan importante como el valor de los afectos que ofrecen los adultos

"Quiero tiempo pero tiempo no apurado, 
tiempo de jugar que es el mejor.
Por favor, me lo da suelto
y no enjaulado adentro de un despertador".
M. E. Walsh

La infancia es un largo período en el cual tienen que suceder una multiplicidad de cuestiones.

Con el avance de las neurociencias, se confirman algunos descubrimientos freudianos de principios del siglo XX. Hoy sabemos que cerebro y subjetividad se constituyen al mismo tiempo. Es, fundamentalmente, la calidad de los encuentros entre el niño pequeño y las personas que lo cuidan, las caricias, los afectos, las palabras, las que determinarán cómo serán esos comienzos y esos primeros intercambios, que le presentarán el mundo, que le permitirá focalizar su atención, que posibilitarán las sinapsis para los futuros aprendizajes. Las experiencias de la infancia dejan huellas en el cerebro, y a su vez las experiencias propiciarán factores protectores al sujeto o lo harán más vulnerable.

El jugar es la esencia de la infancia. No es una actividad más, que puede suceder o no, el jugar constituye lo infantil de la infancia. En el juego se despliegan escenas que necesitan ser elaboradas, el jugar abre la posibilidad de tramitar hechos dolorosos. Freud decía que el niño que juega transforma en activo lo vivido pasivamente. Jugando se construye mundo, subjetividad, vínculos, sinapsis, simbolización, aprendizajes.

Disponibilidad.En un comienzo, para que un niño pueda jugar necesita de un adulto en disponibilidad. Eso no significa un adulto que le oferte juguetes y mucho menos juguetes caros y electrónicos, los juguetes pueden ser un medio para jugar, pero lo más importante es el tiempo y la entrega del adulto en la construcción de una escena de "como si" que permita transformar cajas de cartón en autos fantásticos, una sábana en una casita o un envase descartable en un instrumento musical. Lo que necesita el niño es un adulto que le abra la puerta a ese mundo, lo acompañe y sostenga placentera y creativamente.

Sin embargo, ¿por qué en la actualidad el jugar está tan devaluado? En muchas instituciones escolares parecería que jugar es una pérdida de tiempo, que es eso que se hace entre una actividad importante y otra. En épocas donde predomina la ecuación "tiempo=dinero" optimizar el tiempo de los alumnos / hijos para aprovechar al máximo su "potencial" parece ser la premisa básica. Los niños deben tener su semana ocupada, la agenda de algunos niños se carga de lunes a lunes: escuela, deportes, computación, idiomas, talleres, apoyos extraescolares, terapias. La consigna parecería ser "no hay que perder el tiempo", porque hay que mantenerse en el mundo de "las competencias", porque hay que producir, porque si no se aburren, etc. ¿Cuál es el miedo de estar en ocio, de aburrirnos? La mayoría de los adultos no tiene tiempo libre y los que lo tienen, no tienen la menor idea de qué hacer con él.

Idea de ocio.Los adultos no pueden parar y muchos de ellos para descansar tienen que ingerir psicofármacos. Se les transmite a los niños la idea de que el ocio es algo nocivo y que jugar es una pérdida de tiempo. Se hiperacelera a los niños sobreestimulándolos desde muy pequeños con objetos que vibran, tienen sonidos fuertes, muchas imágenes digitales que cambian todo el tiempo, pero que no ponen el acento en el intercambio amoroso humano, y luego se les solicita que atiendan a un docente ocho horas en una escuela que sigue teniendo más o menos el formato del siglo XIX. De este modo es muy difícil que los niños se queden quietos y atiendan como se sigue esperando en la escuela; y allí comienzan a aparecer, muchas veces, los supuestos diagnósticos de hiperactividad y desatención que pueblan la infancia actual, sin entender que no se trata de patologías de los niños, sino de una sociedad que patologiza la infancia, transformando características de la infancia como la inquietud y la dispersión en un problema de supuesto origen neuroquímico.

La mayoría de los adultos están abocados a una lucha feroz para no caerse de un sistema, que a una velocidad implacable exige renovación y descarta humanos. Esto deja a una gran cantidad de padres sin tiempo para la crianza de sus hijos, la cual se terceriza en empleadas, en el caso de las clases altas, instituciones desde los 45 días de vida en las clases medias y bajas, y en todos los casos en pantallas en las cuales los niños quedan capturados con pocos intercambios humanos, lo cual se pone de manifiesto en que cada vez más niños hablan en un lenguaje neutro, televisivo, robótico.

Los niños necesitan tiempo, disponibilidad y entrega del adulto y a su vez necesitan tiempo para crecer, tiempo para jugar, tiempo para perder, tiempo para reir, tiempo para elaborar pérdidas, sufrimientos, tiempo para ser escuchados. La infancia no es el paraíso perdido donde todos fuimos felices, es un tiempo de intenso trabajo que no puede realizarse solo, que necesita de juego, acompañamiento, sostén, cuidado y la responsabilidad de todos nosotros que como sociedad tenemos que interrogarnos qué valores estamos transmitiendo.

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