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Miércoles 25 de Marzo de 2009

Los monstruos

Andábamos en bicicleta con Manuela, que apenas tiene tres años. Ibamos por el pueblo a comprar pan recién hecho para el desayuno mientras charlábamos y mirábamos las casas al pasar. Le conté que en esa alta, que tiene una torre y techo verde, vive una princesa. Y que en aquella otra, vieja, despintada y rodeada de árboles apestados, dormita una bruja.

Andábamos en bicicleta con Manuela, que apenas tiene tres años. Ibamos por el pueblo a comprar pan recién hecho para el desayuno mientras charlábamos y mirábamos las casas al pasar. Le conté que en esa alta, que tiene una torre y techo verde, vive una princesa. Y que en aquella otra, vieja, despintada y rodeada de árboles apestados, dormita una bruja.

En eso estábamos cuando la chiquita me preguntó si los monstruos existían. No era una pregunta cualquiera y tampoco un día cualquiera. Ella quería que le hablara de monstruos justo esta mañana de 24 de marzo en que se cumplen 33 años del último Golpe Militar.

Ahí mismo me aparecieron todas estas imágenes. Desordenadas, disímiles, pero intensas, provocadoras de miedos, vergüenzas, broncas y desamparo.

El Frankenstein de Boris Karloff, el Videla de los brazos en alto festejando los goles del Mundial 78 y todos los que hicieron desaparecer a los que faltan en las fotos “Ausencias” expuestas en el Museo de la Memoria.

El Nosferatu de Herzog y algunos de los extravagantes personajes retratados por la fotógrafa Diane Arbus. Los rostros de quienes hace pocos días se quedaron, morbosos, mirando fijo el charco rojo y espeso que se le formó bajo la cabeza a una señora que quedó atrapada entre las ruedas de un 128 en pleno microcentro.

El habla perdida y los ojos tiesos de los internos de aquel psiquiátrico; el Papa pidiendo abstinencia y el obispo de Santo Tomé hablando de que la “homosexualidad se puede tratar y curar con médicos, psicólogos y sacerdotes”.

El pervertido señor del Fíat 600 rojo que engañó a una nenita de sólo once años. La foto de Kevin Carter que fue Pulitzer en 1994 y donde se ve a una chiquita famélica, en Sudán, acechada por un buitre: ambos horripilantes, el premiado y el asqueroso bicho.

El que siempre te hiere y encima quiere que lo entiendas porque lo que dice o hace “es un chiste”. Mis miserias. Esa maldita enfermedad. El de las quejas constantes con su falsa ironía y su cobarde anonimato.

Y casi todo esto condensado en la veintena de episodios de la siempre actual y genial película “Los monstruos”, de Dino Risi, filmada en 1963.

Sí, Manuela, están cerca y a veces hasta te quieren. Estuvieron y están dentro de uno y en ése, en aquél y aquella otra. Algunos son más monstruosos que otros, es cierto, pero lo lamento, chiquita: los monstruos sí existen.

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