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Domingo 03 de Marzo de 2013

Los misterios de la reelección y la pura lógica política

En 220 minutos de discurso entran miles de frases. Si algunas palabras dichas en pocos segundos pueden orientar ediciones periodísticas y debates políticos...

En 220 minutos de discurso entran miles de frases. Si algunas palabras dichas en pocos segundos pueden orientar ediciones periodísticas y debates políticos, ¿cuánto hay para dimensionar en un gigantesco reservorio de definiciones que ocuparon tres horas y 40 minutos? Cristina Fernández dijo el viernes en el Congreso, entre esas miles de frases, "no se va a reformar ninguna Constitución, quédense tranquilos". ¿Quiénes debería quedarse tranquilos, y por qué?

Entre otras novedades políticas, el kirchnerismo rescató las palabras directas, las posiciones políticas plenas ante cada hecho. Algo poco frecuente en las siempre jabonosas posiciones de muchos dirigentes políticos, incluidos ex presidentes. Sin embargo, la cuestión de una eventual reelección presidencial (tercer período de Cristina), aunque fuera dicha esa frase en el Congreso, permanece en una zona de ambigüedad.

En una primera lectura, varios medios destacaron la frase como la renuncia definitiva a una eventual reforma constitucional para buscar un nuevo mandato propio. Sin embargo, en lo estricto, el "no habrá reforma..." fue dicho en el marco de los anuncios de cambios en las estructuras del Poder Judicial. Específicamente en los métodos de selección de algunos miembros del Consejo de la Magistratura, que sería por voto popular. Y no requería una reforma constitucional para impulsar esos cambios.

El tema de una eventual reforma para posibilitar que Cristina Fernández vuelva a estar en la boleta electoral de 2015 mantiene centralidad clave en la política argentina. Conviene recordar que la oposición, en especial la encabezada por Hermes Binner y aliados, fijó un eje político en "No a la re-re", sacó mesas con militantes a las calles para juntar firmas por ese cometido. Aunque ese impulso no continuó.

El diagnóstico opositor, hasta el verano, fue "sin re-re no tienen otro candidato, sin candidato estamos en el final del ciclo kirchnerista". Resulta comprensible, en política, buscar construir argumentos, aunque sean improbables, para continuar en la lucha.

Sin embargo, no todo es misterio en política. ¿Quiere o no quiere la presidenta embarcarse en un proyecto de reelección?, no es una pregunta que alguien pueda responder hoy. Ni la propia Cristina. No es el tiempo de contestar esa pregunta de manera definitiva.

¿De qué depende? De las condiciones políticas que se presenten, sobre todo a partir de la noche en que se cuenten los votos, en octubre próximo. Pretender que el kirchnerismo muestre hoy esa carta es ficción política. Regalaría terreno.

¿Será difícil que Cristina obtenga condiciones políticas (y los votos en ambas Cámaras) para promover esa reforma? Sí, será difícil, y más allá de su inclinación personal. ¿Será difícil «transferir» el poder a un dirigente elegido por ella?, no parece tarea sencilla.

En síntesis, la ambigüedad de Cristina respecto de la posibilidad de su re-re es lógica, inevitable. Deviene como una obligación del proceso político. Por lo tanto, esa carta se develará recién en los primeros meses de 2014. Allí el kirchnerismo estará obligado a revelar su plan de sucesión. Allí tendrá que poner sobre la mesa la vocación reeleccionista o el nombre del sucesor, o de los sucesores que eventualmente resuelvan en las internas obligatorias de 2015.

No es antes el momento, tampoco después. Será de aquí a un año.

Además de la frase "no se va a reformar...", la oposición debería recordar también el punto culminante del último viernes, cuando la presidenta dijo: "Daré mi vida para que no bajemos un peldaño (de los logros obtenidos en la década kirchnerista)".

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