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Jueves 12 de Enero de 2017

Los ladrones de biromes

Están en todos los ámbitos, por lo general los laborales, y de éstos, de las oficinas. Son inocuos hasta que la urgencia de poner un dato en un papel los hace receptores de todos los epítetos, nunca lo demasiado fuertes, porque los ladrones de biromes crean un infierno donde no lo hay.

Están en todos los ámbitos, por lo general los laborales, y de éstos, de las oficinas. Son inocuos hasta que la urgencia de poner un dato en un papel los hace receptores de todos los epítetos, nunca lo demasiado fuertes, porque los ladrones de biromes crean un infierno donde no lo hay. ¿A quién le importa que lo hagan inconscientemente, si las consecuencias de la acción pretendidamente exenta de maldad tiene los mismos efectos, los de la carencia inoportuna y a veces nefasta? Se acercaron para preguntar si llueve, cómo está mengano y mientras hablan la mano escindida de la mente tantea una birome que rápidamente pasa a oficiar de batuta con la que el recién llegado reafirma sus dichos. También sirve de extensión del dedo acusador por vaya a saber qué fruslería, o enfatiza una negación, o una pregunta. Ni hablar si la consulta requiere de alguna precisión; ahí sí, en medio de un intercambio de ideas la birome intercambió de bolsillo. Un rato más de charla, según la etiqueta de los más culposos, y se consuma el delito. Nada más al darse vuelta, o buscar un papel, el tantas veces damnificado y no por eso escarmentado, se da cuenta del timo. Y no hay reclamo que valga una vez que el amigo o compañero mal acostumbrado desapareció por la puerta. Es como retirarse de la caja de un supermercado y volver a los dos minutos por un faltante en el vuelto (los cartelitos lo explican taxativamente, advirtiendo a los ilusionistas), o cerrar la puerta de un taxi y tras 20 segundos pretender un reclamo.

No. Por eso, lo que vos quieras, pero no toqués la birome, no te la llevés, te aclaro por las dudas que no te la doy, la birome es mía, mía, mía.

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