Cambiemos
Domingo 20 de Noviembre de 2016

Los islotes del peronismo

Claves. La falta de un liderazgo unívoco en el justicialismo complica las chances electorales. Los intentos de reagrupamiento chocan con las diferentes tácticas y estrategias. La realidad bifronte de Cristina.

"Estas desorientado y no sabés qué trole hay que tomar para seguir". La letra del tango Desencuentro sirve para describir, casi como método científico, el presente del peronismo que, fuera del poder, se siente como un pez sin agua.

El peronismo, sin un liderazgo unívoco, no es peronismo. Y esa es hoy su principal ausencia. El único liderazgo omnímodo es el de Cristina, pero en apenas una parcela, el del kirchnerismo duro. El resto de los protagonistas que formó parte del anillo de poder partió hacia nuevos rumbos.

Cristina complica y mucho el rearmado del PJ. Nadie tiene allí ni siquiera la mitad de votos propios que la ex presidente cosecha en provincia de Buenos Aires y, en menor medida, en el resto del país. Lo que le impide a la mujer que gobernó 8 años la Argentina volver a transformarse en alternativa es el rechazo amplísimo que cosecha fuera de su núcleo de adherentes.

A priori, es un escenario similar al de Carlos Menem en 2003, quien quiso regresar al poder. Le alcanzó para ganar en el poroteo de la primera vuelta, pero si se presentaba al ballottage iba a recibir una paliza electoral de manos de Néstor Kirchner, que contaba con la extraña alianza del PJ bonaerense ortodoxo, enclavado en el conurbano, y del progresismo. Nadie recuerda hoy que Elisa Carrió y Jorge Lanata —entre muchos otros— llamaban a votar por el santacruceño. Cambiaron.

Los brotes y la raíz. Esa dispersión peronista es el único brote verde del gobierno nacional, en momentos en que la economía sigue sin arrancar.

Puede decirse, aunque suene políticamente incorrecto, que el principal indicador que tiene Mauricio Macri para ganar o perder las elecciones de 2017 es el estado del peronismo. En un escenario que, cuanto menos, podría llegar a dividir a la oposición justicialista en dos —y en tres si se considera a Sergio Massa— debería ser muy mala, casi pésima, la performance electoral del oficialismo para no llegar a un 35/38 por ciento de los votos. En un escenario picado, el que logre ese porcentaje cantará victoria.

Y ahí aparece, como siempre, la madre de todas las batallas: la provincia de Buenos Aires. La gran electora, tal como vienen las cosas, será la gobernadora María Eugenia Vidal. Por eso, se entiende el infernal operativo de marketinización alrededor de la chica de la tapa, que es noticia central hasta cuando almuerza una ensalada en un McDonald's del conurbano. Ya se escribió en esta columna: Vidal está angelada.

Es muy difícil que cualquier oficialismo pierda elecciones de mitad de mandato cuando cuenta con referencias ejecutivas bendecidas con porcentajes de imagen positiva superiores al 50 por ciento. Y eso es lo que está sucediendo con la gobernadora, según todas las encuestas.

El opositor peronista que puede hacerle daño a Cambiemos está en el Frente Renovador: Massa. El ex candidato presidencial sabe que el triunfo de Macri es un parteaguas en la historia y que, con ballottage, no hay forma de llegar a la Casa Rosada sin alianzas extra-PJ.

El eterno trashumante de la política argentina, el bonaerense Felipe Solá, está intentando que Massa vuelva al PJ. O tal vez sea Felipe (hoy acá, mañana allá y pesado en otro lado) el que quiere volver. "Sergio dice que hay que tener cuidado si lo mandamos a Felipe a espiar al PJ. Abre la puerta desde afuera, se mete, y queda ahí", comenta, chispeante a LaCapital una fuente bonaerense muy cercana a Massa.

En su camino hacia un voto progre, el líder del Frente Renovador encamina su relación con Margarita Stolbizer, quien por esas cosas que sólo ocurren en Argentina pasó del 2,5 por ciento de los votos en 2015 (que preanunciaba un retiro lento de las lides electorales) a convertirse en protagonista preferida de los medios nacionales. Es el efecto que logra por estos tiempos convertirse en denunciante de Cristina Kirchner.

Sin embargo, ese rol de denunciante serial contra la ex presidenta que el peronismo le adjudica a Stolbizer genera malestar en algunos sectores. "No creo que muchos peronistas la voten. Podrá gustar o no Cristina, pero fue nuestra presidenta y es peronista", blanqueó a este diario un dirigente del Movimiento Evita rosarino.

En ese macrocosmos, empieza a repiquetear el nombre de Florencio Randazzo, quien creó su propio monasterio de reclusión tras los encontronazos con el kirchnerismo luego de que todo ese espacio terminara avalando a Daniel Scioli e imposibilitando las Paso con el entonces ministro del Interior.

Todos esos personajes (Massa, Solá, Randazzo) tienen cuitas personales luego de tantos años de idas y vueltas por las geografías del poder. No parece de resolución fácil un acuerdo para jugar con la misma camiseta en 2017. Pero tampoco es imposible. En un escenario de reconstrucción deberá tallar la CGT, histórico factor de poder que hoy intenta salir de nuevo al sol.

"Hay dos cosas que los no peronistas no entienden. Todas las aprobaciones de leyes y los avales de los gobernadores a Macri le costaron mucha plata al gobierno, y si no mire el presupuesto. Pero eso se termina. Si Massa es el candidato en provincia de Buenos Aires, y gana, será mirado de otra forma", aseguró un legislador nacional peronista por Santa Fe.

Palabras más, palabras menos, es lo que declara el ubicuo senador Miguel Pichetto, quien es el que tiene la llave principal en la relación entre el gobierno y el peronismo.

El PJ necesita tiempo, y Cristina necesita que al gobierno de Macri le vaya todo lo mal que se pueda. Ese cuanto peor, mejor que busca la ex mandataria hace de cumplimiento imposible un acercamiento con el resto del peronismo, específicamente de los gobernadores, que deben acompañar el tránsito de Macri y rogar que le vaya bien. Las provincias siguen dependiendo de las canillas abiertas del gobierno nacional.

Laberinto santafesino. El PJ santafesino atraviesa por meandros similares. Al margen de Agustín Rossi (quien ya dijo que será candidato a diputado nacional), no florece un nombre contundente. Sin embargo, el presidente del partido, Ricardo Olivera, busca construir desde los presidentes comunales, intendentes y legisladores provinciales un aparato territorial y político que impida cualquier sueño kirchnerista de manejar el partido. Es más, habrá que ver si Rossi juega por adentro del PJ.

Olivera quiere que el senador Omar Perotti avale desde los hechos y la práctica las candidaturas y el armado que florezcan en el PJ santafesino, aunque no sea candidato. Esa opción de compromiso al margen de las circunstancias temporales supo ser una constante, pero hoy todas las carpas políticas están influenciadas por los nombres propios antes que el equipo.

En el peronismo, todo está por hacerse, y lo que sobran son interrogantes. Como en la letra del tango Desencuentro.

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