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Sábado 29 de Septiembre de 2012

Los investigadores del Conicet recorren las escuelas para acercar la ciencia

Los chicos de 3er. grado de la Escuela 1.090 recibieron a una investigadora local que los invitó a dialogar sobre la identidad

"Soy del Chaco", "Mi tío es de Formosa", "Yo nací acá", "Antes vivía en otro barrio", "Me dicen Flaca", "Mi deseo es que mi papá me visite" y "A mí me gustaría tener una pileta". Durante casi dos horas los chicos de 3er. grado de la Escuela Nº 1.090 Domingo Matheu conversaron y escribieron sobre aquello que hace a su identidad. Lo particular de este trabajo es que se hizo de la mano de una investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) Rosario, que participa del programa "Los científicos vuelven a la escuela". La iniciativa del Conicet local arrancó en 2008 y desde entonces ya involucró a más de 7 mil alumnos. Busca "incentivar la enseñanza de las ciencias y acercar la figura del científico" a las aulas.

La Escuela Nº 1.090 está ubicada en el corazón de la zona sur de la ciudad, en Buenos Aires al 6300. Recibe más de 500 chicos de la primaria del barrio que, como es frecuente en las grandes urbes como Rosario, provienen de diferentes migraciones internas y hasta de países vecinos. Eso la hace diversamente rica para desafiar la enseñanza y el aprendizaje.

"Tenemos un proyecto que se llama «Una escuela para todos», porque buscamos permanentemente distintas estrategias para atender a la diversidad de alumnos", dice la vicedirectora Bibiana Amato para explicar que en esa búsqueda les pareció una buena alternativa sumar este programa del Conicet.

Efectivamente se contactaron y el miércoles pasado llegó a la escuela Natalia Forlini, una becaria del Conicet que proviene de ciencias de la educación y responde al área de las ciencias sociales con sus estudios. No fue casual su presencia: Forlini investiga "sobre las migraciones intraprovinciales e interprovinciales", es decir los movimientos que se dan dentro de una misma jurisdicción y de una provincia a otra. "La idea aquí es trabajar con los chicos y docentes sobre la identidad, sus costumbres, rescatando las diferencias y enriqueciéndose con el intercambio", explica la investigadora.

Intercambio. Los chicos la esperaron sentados en ronda con sus mesas. Ya sabían por sus maestras a quién recibirían, y por eso no hubo sorpresas, más bien ansiedad por sumarse a la propuesta.

Sin muchas vueltas ni protocolos de presentación, Natalia se sentó en el piso del salón, invitó a los chicos y maestras a acompañarla y enseguida empezó el intercambio de preguntas para conocer cómo se llamaban, cómo les decían, de dónde eran, de dónde venían y de una u otra manera terminar definiendo de qué se trataba eso de la identidad y el valor de la historia personal.

Cristian, un nene que iba y venía entre los compañeros y con muchas ganas de participar, lo resumió muy bien: "La identidad es lo propio".

En esa charla, y en lo que luego volcaron por escrito, se escuchó a los chicos decir y contar: "Yo no salgo nunca de la televisión", "Un tío mío antes vivía en Formosa, y cuando íbamos comíamos asado que hacia al fuego rápido", "Yo viví en una casa por San Martín (calle) que era muy chiquitita", "Yo nací acá", "Daniela es del Chaco" y "Mi mamá nació en Corrientes".

Deseos.Luego, en grandes afiches que dejaron expuestos, además de darse a conocer quiénes eran, de dónde venían y qué les gustaba hacer, expresaron que sus deseos pasaban por los mismos que, por sus distintas vivencias de vida, tienen chicos de 9 años de cualquier parte del mundo: "Mi deseo es que mi papá viva en mi casa y me venga a visitar" (Brisa); "Me gustaría viajar a París" (María de los Angeles); "A mí, conocer Disney" (Angeles); "Yo quiero tener 5 muñecas" (Daniela); "Ser el mejor jugador de videos" (Brandon); "Ser un jugador de fútbol" (Alan); "Tener una heladería" (Cristian) y Rosana, con una caligrafía impecable, expresó su deseo de "tener una pileta" de natación para el verano.

Con los chicos estaban sus maestras de grado Elisa Frigerio, Dora Molina, María Eva Duarte y Beatriz Aquino, junto a las vicedirectoras Bibiana Amato y Norma Britos, además del profesor de música Alejandro Paredes.

Como es sabido, uno de los factores que más incide en las dificultades de alfabetización de los más chicos es la "falta de continuidad y la inasistencia a clases". Esto porque muchas veces los padres se mudan por trabajo o razones familiares y culturales, entre otras, lo que afecta el sostenimiento de los aprendizajes de los más pequeños.

Para atender esa problemática, hay que saber que el proyecto "Una escuela para todos" incluye el trabajo de "parejas pedagógicas", en el primer ciclo. Una buena idea a cargo de dos maestras por curso para hacer una asistencia más personalizada de cada chico.

Integración. También el profe de música, Alejandro Paredes, una vez a la semana tiene a su cargo una hora de integración. "No es con el cuaderno de clases, sino a través de la expresión, de los sonidos, de la música, donde buscamos revertir las dificultades de los más pequeños", describe.

La presencia de la investigadora cobró mayor sentido cuando los chicos se reunieron en pequeños grupos, empezaron a leerse entre sí lo que cada uno había respondido y hasta se ayudaron a escribir aquellas palabras con las que más tenían que renegar.

La actividad transcurrió sin apuros y más de lo previsto. Fue en uno de los salones de 3er. grado, con puertas ilustradas con coloridos dibujos de los chicos, y láminas que daban cuenta de los trabajos en el año. Entre ellos se veían en un lugar central del salón los perfiles diseñados por manos infantiles de San Martín, Simón Bolívar y el padre Miguel Hidalgo. "Leímos «Los tres héroes» de José Martí, hablamos de quiénes eran ellos para el país, Venezuela y México, preguntaron dónde quedaban esos países, y rescatamos por qué eran héroes", contó la maestra Elisa Frigerio, feliz de darles a los chicos la oportunidad de compartir también la identidad latinoamericana.

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