Edición Impresa
Sábado 26 de Diciembre de 2009

Los cuentos

Algunas de las historias que recoge “Un mar de cuentos”, el libro preparado en el taller de escritura de la Biblioteca Argentina de Rosario.

Don Fernando

Había una vez, un señor que se sentía muy amargado porque le faltaba algo. Lo que no estaba dentro suyo, era el corazón.

El pensó y se preguntó: ¿qué me pasa? ¿qué podré hacer con esto qué me ocurre?... y dijo -Ya sé que voy a hacer- llegaré hasta mi escritorio y le dedicaré una carta a mi corazoncito, así el podrá darse cuenta de lo que siento, entonces volverá.

Angeles Carranza

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Lo más

Había una vez un mini hombrecito que quiso comer un maxi-caramelo, cuando lo comió se puso re-loco y se fue corriendo al subsuelo. Había un payaso que le tiró un tortazo.

El señor se enojó porque la torta era de maní y a él no le gustaba. El hubiera preferido un tortazo de chocolate con dulce de leche.

Al otro día se puso a descansar y al rato se tomó un anti-tristeza. Todo lo que le había pasado era por mala suerte si se tomaba este remedio iba a tener mucha buena suerte.

Caminando encontró un volquete que tenía una trompeta y cuando la tocó sabía que era su trompeta y el ritmo era el que él había inventado.

Maitena Romano

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El mago Manuel

Hace mucho tiempo un mago llamado Manuel inventó su propia palabra mágica y era “abracadabra pata de conejo”.

En la plaza, el mago Manuel abrió una puerta con la palabra “Ábrete, Sésamo” y le hizo un embrujo a una persona. La hipnotizó. Luego, la transformó en un auto mágico y se metió adentro. Se fue a pasear hasta la Peatonal Córdoba en el auto humano.

El mago regresó a su carpa y dejó estacionado el auto humano al lado de un auto humana.

Un auto humano y otro auto humana se hicieron cambio de luces y se enamoraron.

Y cuando el mago quiso salir a pasear se encontró con un estacionamiento vacío y en su lugar un cartel que decía “recién casados”.

Ulises Beim

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¿La realidad?

“Chuang tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Chuang tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa que estaba soñando que era Chuang tzu”.

Una ráfaga de viento cruzó por ahí cortando sus pensamientos. Allá a lo lejos se veían unas gaviotas. ¿Adónde irán? –pensó él. Quiso que alguna de aquellas aves se posaran sobre su espuma y él la llevara a la isla que estaba enfrente de la playa.

Esto sucedió y una de ellas bajó, primero era un puntito indefinido, pero poco a poco se fue haciendo más y más grande hasta llegar a Chuang Tzu. Este la recibió con un murmullo y la gaviota le respondió con un trino.

La ola llamada Chuang tzu se fue alejando con aquel animalito alado. En un cerrar y abrir de ojos llegaron a aquella isla. La gaviota desembarcó y sus patitas dejaron huellas en la arena.

El cielo empezó a oscurecer y el crepúsculo asomó por las nubes del horizonte. Cerca de donde ellos se encontraban las olas empezaron a agitarse y lentamente gotitas fueron cayendo.

La gaviota se ocultó entre arbustos que la protegían; en cambio, Chuang Tzu se quedó allí porque ella era agua, era otra agua.

Desde muy lejos un copito de algodón se filtraba con el viento. La gaviota lo prendió con su pico y lo resguardó del frío…

La gaviota, el algodón y Chuang Tzu despertaron confundidos. No sabían si habían soñado o habían vivido esta historia.

Maitén Casares

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