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Domingo 20 de Diciembre de 2015

Los Cucaños de entonces atacan otra vez

Mario Piazza filma sobre el grupo de arte experimental surgido a fines de los 70. Documentar aquello que no se ve, que el tiempo pareciera ocultar ante la mirada del presente. Buscar la grieta que permita recuperar aquellas palabras, gestos. Volver a mirar para encontrar las razones o quizás las sinrazones. Algo de eso proponen estos tres filmes que lograron ser parte del programa Espacio Santafesino

Hacia fines de 1979 surgía en Rosario un grupo de arte experimental integrado por jóvenes, algunos de ellos casi adolescentes, tras la necesidad de expresar el dramático malestar que implicaba vivir en dictadura. En ese marco no era un ingrediente menos la hipocresía de una sociedad que, en muchos casos, acusaba desde lo moral y político mientras nada decía de las muertes silenciadas. Así nació Cucaño. “Ellos crearon una notable obra colectiva, efímera pero sustancial, que fue la respuesta más cabal que algún joven podía dar y darse a sí mismo en épocas de extrema represión de las expresiones más auténticas y diversas”, señala Piazza desde la página del documental Acha Acha Cucaracha (www.achaachacucaracha.com.ar).
  Los jóvenes de entonces, hoy no temen recordar. Piazza y su equipo salieron tras sus pasos para mostrarlos como entonces pero en el presente. El filme sale al rescate de aquella manera de intervenir desde lo artístico una sociedad que sentía temor ante sus obras pero que nada decía ante lo que ocurría.

  —¿Cuándo surge el proyecto de hacer el documental y por qué?
  —Hace un poco más de cinco años que empecé a preparar la realización de este filme. Pero podría decirse que el proyecto estuvo dentro mío por más de tres décadas, germinando a partir de mi contemporaneidad con los hechos y alguna pequeña participación en relación a ellos. Me interesó rescatar la sana rebeldía que encarnó ese grupo de jóvenes muy jóvenes en tan tenebrosa época.

  —¿Cuál es la idea que te interesaría transmitir?
  —”Amotinar la vida” era una de las consignas de Cucaño y en buena medida quiero apropiarme de ella. Porque más allá de las pautas establecidas de la sociedad, más allá de las convenciones y de los valores preponderantes, hay algo más valioso, que es lo que hay que reivindicar. O como dijo uno, la vida está en otra parte.

  —¿Cómo es intentar documentar sobre quienes protagonizaron Cucaño, una experiencia efímera?
  —El arte de Cucaño puede ser considerado efímero por cuanto no ha quedado registro de sus intervenciones ni de sus puestas teatrales. Pero ha quedado su mito, el que incluso ha crecido con el tiempo, llegando a ser hoy objeto de un renovado interés por parte de estudiosos argentinos y extranjeros. Y sí ha quedado registro de la música del grupo. Los protagonistas, por otra parte, están casi todos presentes, hoy en sus cincuenta y tantos, con su bagaje de memorias e ideales. Uno de los propósitos del filme es el de tender un puente temporal para cada uno de los protagonistas de esta historia entre el joven rebelde de aquel entonces y el adulto que es hoy.

  —¿Qué recuerdos personales tenés vos de Cucaño y por qué crees que se sostiene en el tiempo la necesidad de conocer sobre la experiencia?
  —No tuve la suerte de ser testigo de ninguna de las intervenciones de Cucaño, pero sí fui espectador de una puesta teatral de ellos, Una temporada en el infierno, presentada en la Asociación Cristiana de Jóvenes, inspirada en el hecho real de una reunión del obispo Bolatti con el general Galtieri y el presidente de la Liga de la Decencia, Pedro García. También he visitado la famosa casona que a partir de 1981 Cucaño tenía como base de operaciones. Mi memoria es bastante difusa, pero como testimonio incontrastable de mi vínculo con Cucaño conservo de esos años el programa de mano de aquella obra de teatro y varias de las publicaciones del grupo, que yo les compraba. Por otra parte, también les presté por entonces unas copias Súper 8 de unas películas de Buster Keaton y Georges Méliès, con las que los Cucaño armaban funciones de cine en la propia casona. Y es probable que a raíz de esta producción pueda recuperar yo una de esas copias que se les quedó traspapelada. Aunque la acción de Cucaño estuvo circunscripta a una muy determinada etapa, la de la última dictadura, la rebeldía por ellos encarnada es algo que no prescribe y que es necesario rescatar para los tiempos actuales.

  —¿En qué etapa está el proyecto? ¿Qué impacto tiene el subsidio de Espacio Santafesino?
  —Durante 2015 ya hicimos la filmación de casi todas las entrevistas con los protagonistas y los testigos de esta historia. Paralelamente a la filmación de lo que queda por filmar, estamos iniciando la edición del filme. La posibilidad de hacer una producción propia con apoyo oficial es algo nuevo para mí, después de cuarenta años de hacer filmes, y celebro haber podido llegar a aprovechar esta posibilidad, trabajando con queridos compañeros de la propia ciudad. La producción de nuestro documental tiene apoyo de Espacio Santafesino y del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. La posibilidad de contar con estos apoyos es algo que no existía cuando hice mi anterior filme Madres con ruedas.

  —Imagino que entrevistaste a mucha gente y tuviste que moverte de Rosario para hacerlo, ¿recordás a quiénes lograste entrevistar, cuántas horas llevás de filmación?
  —Muchos cucaños han quedado afincados en Rosario, pero hay una buena parte que los hemos tenido que ir a buscar a otras partes. En la ciudad de Buenos Aires los conseguimos a El Marinero Turco, Pandora y el Zapo Aguilera (miembro del cuarteto fundacional). En Berisso, La Plata, lo entrevistamos a “Yimi” Ghioldi. Y hasta me llegué a Miami para poder filmar a Mac Phantom. En febrero próximo viajaré a Trieste, Italia, para filmar a Guillermo Giampietro (o Anuro Gauna) en su lugar de trabajo. Según me ha dicho el “Giampi”, “Trieste es fundamental para el desenlace” de esta historia. Averiguaré en presencia el porqué.

  —Imagino que al llevar adelante tu proyecto aparecieron “tesoros” que más de uno de los entrevistados tiene guardados. ¿Es así, recordás algo en particular?
  —Hay fotos de aquellos tiempos, no en una enorme cantidad pero valiosas, conservadas por los propios protagonistas de la historia, muy especialmente por El Marinero Turco, vocacional archivista. Pero también se podría decir que los “tesoros” obtenidos hasta ahora vienen también del lado de la historia en sí y los testimonios obtenidos, como el de la actriz Alejandra Codina, que fue testigo de la intervención que Cucaño hizo en el bar VIP, la que según dice fue motivo de que se le despertara la vocación por la actuación. O el de Carlos Rossi, emulando la actuación de los cucaños en su acto debut en la sala Pau Casals. El material de archivo es algo muy “peliagudo” en general en estas tierras y en particular en este caso. Hay una magnífica filmación en Súper 8 hecha en San Pablo, Brasil, por los integrantes del TIC (Taller de Investigaciones Cinematográficas), de Buenos Aires, incluido el rosarino Roberto “Picun” Barandalla. Estamos atentos al milagro de que aparezca otra filmación en Súper 8 que nos muestre a los cucaños. Precioso tesoro sería.

  —¿Quiénes integran el equipo del documental?
  —María Langhi, en producción ejecutiva; Ana Berard, como asistente de dirección; Cristian Ferreyra Da Camara, en dirección de fotografía; Pablo Madussi y Alfonso Gastiaburo, en cámara; Ernesto Figge y Verónica Brunello, en sonido; y Verónica Rossi, en edición. La investigación del tema tiene base en un trabajo de Caren Hulten.

  —¿Hay fecha estimada de estreno?
  —Esperamos estrenarla hacia el último tercio del año que viene.

Bio

Mario Piazza nació en Nueva York en 1956 pero vive en Rosario desde los diez meses. Tenía 21 años cuando completó su cortometraje Sueño para un oficinista (1978), exhibido en los recitales del grupo Irreal, que ejecutaba en vivo la banda sonora del filme. Sus documentales Papá gringo (1983), La escuela de la señorita Olga (1991) y Cachilo, el poeta de los muros (1999/2000) han sido distinguidos en festivales. Su documental Madres con ruedas (2006), dirigido junto a su esposa Mónica Chirife, se estrenó en Rosario y Buenos Aires, y fue premiado y exhibido en varios países, como Brasil, España y China. Piazza fue declarado Cineasta Distinguido de la ciudad por el Concejo Municipal en 2004. Es miembro fundador de la Asociación Rosarina de Documentalistas, creada en septiembre de 2010, y fue elegido como su primer presidente, en diciembre de 2011.

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