La ciudad
Domingo 09 de Octubre de 2016

Los chicos "malos" a los que salva el amor

Médicos del Heca que trabajan con los pibes más violentos relatan experiencias de cambio en las que influyen mucho sus parejas.

El pitido del ingreso del mensaje de texto corta la charla. El médico lo lee y siente la necesidad de compartirlo. "Hoy volvió al taller de poesía. Leyó sus poemas y causó sensación entre las chicas", dice con una sonrisa. El mensaje no tendría nada de particular si no fuera porque se refiere a un joven que cinco meses antes había llegado al Heca muy violento y generó problemas en la guardia. "Hoy parece otro pibe", asegura el profesional.

   El muchacho, que se estaba reponiendo de una fractura (producto de un disparo) y a quien se le había roto el yeso, ingreso a fines de abril a la guardia. "Estaba muy violento, no se quería atender y era muy difícil entablar una relación con él", admite Gustavo Englander, un médico que integra el Dispositivo de Intervención ante la Violencia Armada (Disva), un organismo que trabaja en el Heca con quienes ingresan heridos y busca conocer el contexto en el que viven y evitar que esa violencia se propague en las barriadas.

   El muchacho tenía problemas de adicciones y una vieja disputa barrial lo había dejado herido. El trabajo del Disva logró conocer su entorno y así el pibe aceptó empezar a tratarse en La Estación, un lugar en el que se abordan las problemáticas de consumo. Paralelamente, el programa Nueva Oportunidad lo capacitó en oficios. En cinco meses, su vida dio un giro.

   En otra oportunidad, los integrantes del Disva tomaron contacto con la madre de otro chico baleado. "La mujer tenía todo el pecho quemado. Su hijo había crecido en un entorno de violencia. Las quemaduras de su madre se las había provocado su pareja. El chico veía agresiones a diario y, por ende, era un pibe violento. De hecho, llegó al hospital con un balazo", relata Englander.

   Si bien el abordaje logró que se capacitara en un oficio, para el médico fue clave el amor.

"A muchos de estos pibes los salva el amor. Se ponen de novios y después vienen con la chica a los talleres. Conocer a alguien, enamorarse, realmente los cambia", sostiene.

   Y así, muchos vuelven a saludarlos. "Si este trabajo no hubiese comenzado. Si seguíamos atendiendo baleados sin ir más allá; es decir, nos quedábamos sólo con el concepto médico, muchos de estos pibes hoy estarían muertos", admite Englander. La violencia introdujo cambios en los modos de ejercer la medicina. Hoy no sólo se busca curar la herida en el cuerpo, sino también en el tejido social.


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