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Viernes 30 de Marzo de 2012

"Los chicos aprenden mejor"

“El docente es un facilitador que se pone al servicio de la clase para acercar el aprendizaje y ayudar a los alumnos a construir su propio saber. No es más el que da la lección”. El que habla es el psicólogo Claudio Cúneo, un experto en el vínculo entre aprendizajes y nuevas tecnologías, y lo que afirma se relaciona con el cambio de paradigma que implica el uso de la pizarra digital interactiva (PDI) para los educadores. Y dice más: “Las posibilidades de inclusión que ofrece son muy grandes”.

Claudio Cúneo ejerce en la clínica privada como psicólogo y es docente de posgrado en la Facultad de Psicología (UNR). Hace pocos años regresó a la Argentina, luego de trabajar en Italia en diferentes programas de capacitación docente en materia de interculturalidad, teorías del aprendizaje y nuevas tecnologías didácticas, entre otros datos de su vasta trayectoria.

En especial, siguió de cerca el proceso de llegada de las pizarras a las escuelas italianas. Algo parecido a la entrega masiva de netbooks que hoy se da en las escuelas secundarias argentinas. Cuenta que, aunque en Italia la PDI es bien conocida, “puede asegurarse que como instrumento es todavía algo nuevo”. Agrega que “no hay nada que idealizar” respecto del trabajo con estas pizarras en las aulas europeas. “Algunas escuelas descubrieron que las tenían luego de 3 años. Es una tarea que no se hace de un día para otro. Incluso aun con la PDI se puede mantener una clase tradicional, utilizándola como un proyector donde el docente pasa sus lecciones ya hechas, pero sin dar lugar a la construcción con los alumnos. Y ese es el desafío más grande”, explica.

Otra cuestión que destaca sobre este recurso es que “es mucho el esfuerzo en el primer año, porque es como si cada profesor escribiera su propio libro de texto, un e- book personal”. “Es —se explaya— un instrumento tan potente que no sólo permite crear una lección sino también integrarla, compartirla con los alumnos y recrearla juntos. Es decir, posibilita ir sumando buenas ideas para mejorar esa lección inicial”. Una forma de trabajo donde “hay mucho de aprendizaje cooperativo y de constructivismo”.

Para Cúneo un dato relevante de la PDI es que “permite construir una didáctica variada, que puede llegar a una clase entera, apuntando a las distintas capacidades (o inteligencias múltiples) de cada chico”. Dice que “es el docente el que organiza las lecciones, conoce el aula, el grupo, y ya sabe de qué manera hacer variar la lección. Son muy grandes las posibilidades de inclusión que ofrece”.

Al mismo tiempo advierte que para afrontar semejante desafío una de las claves está en “pensar en la figura del docente como la del facilitador del aprendizaje”, lo que significa un cambio de paradigma importante. El docente —añade— tiene que saber, guiar, conocer mucho más que cuando dictaba una lección tradicional.

A estos cambios de mirada y conceptos se suman otros retos, más cotidianos si se quiere, pero que pueden funcionar como obstaculizadores al momento de usar la pizarra digital, como el miedo a “tocar y romper”: “Estos temores frecuentes son arcaicos, bien primitivos, pero están y con una eficacia increíble. Creo que es una forma de resistencia”.

Al final Cúneo prefiere quedarse con una imagen recogida en su experiencia profesional y de capacitación a los docentes. “Los maestros que han logrado ponerse en el rol de facilitador, de construir juntos, tienen grandes satisfacciones: los chicos aprenden mejor”.

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