Cambiemos
Domingo 06 de Noviembre de 2016

Los brotes verdes se hacen rogar

Claves. A casi un año de la asunción de Macri, la política sigue ofreciéndole más respiros que la marcha de la economía. El cambio de relación entre el presidente y Lifschitz reacomoda los escenarios políticos.

A un mes de cumplir su primer año en la Casa Rosada, el gobierno nacional busca cómo mejorar un escenario de síntesis que, a todas luces, resultaba impensado por aquellos días de diciembre de 2015: los brotes verdes se ven en su accionar político, pero no en la economía.

La mejor noticia con la que Mauricio Macri recibirá el 2017 pasa por la desarticulación inédita de la oposición, una suma de mosaicos que, así cómo están, no podrán unirse en una misma pared.

Y por si alguien cree que se trata de una afirmación teórica no verificable, bien valen los dichos del senador Miguel Pichetto: "Hoy el peronismo no está preparado para ser una alternativa".

Pero aun con esa diáspora que se deja ver entre kirchneristas paladar negro, kirchneristas en fuga, gobernadores y massistas (entre otros sectores módicos), el gobierno nacional deberá transpirar cada vez que quiera ver aprobados sus proyectos en el Congreso.

Desde un amplio campo de oposición no institucional a Cambiemos (adherentes al kirchnerismo, izquierda clásica y progresistas dispersos) se sorprenden porque el PJ y la CGT no endurecen la confrontación, sin entender que, por primera vez en décadas, buena parte de la sociedad admite estar peor que en 2015, pero cree sin ambages que estará mejor en 2016.

Ese optimismo político mantiene a Macri con una imagen de relativa fortaleza, si bien cayó en las mediciones.

Crisis y dietazo. A la vez, ese trazo grueso que marcan todas las encuestas de carácter cualitativo indica, como nunca desde 1983, el deseo de que el país no ingrese otra vez en escenarios de ingobernabilidad, producto de crisis económicas. Para que esto suceda es la propia clase política la que debe dar el ejemplo, algo que se da de bruces con los intentos de autogenerarse un dietazo en las Cámaras legislativas.

En los pasillos del poder central verbalizan sin que se los oiga a grabador encendido que los brotes verdes aparecerán durante el primer trimestre de 2017. En ese contexto, el jefe del Estado le dijo al gobernador Miguel Lifschitz durante su última visita a la ciudad de Santa Fe que, con respecto a la recuperación económica, habría un mejoramiento en el segundo y tercer trimestres.

No será un dato menor conocer hasta cuándo se mantienen los problemas de la economía: el año próximo tallará fuerte la política electoral, y no hay antecedentes de que un gobierno gane las elecciones en medio de un escenario recesivo.

La visita de Macri a la provincia terminó de perfilar cambios en la relación con el gobernador. Como se escribió en esta columna hace algún tiempo, el presidente internalizó los beneficios que le depararía una comunicación diferente con Lifschitz.

El dato que más preocupa a los que consumen encuestas como si fuese agua mineral en Balcarce 50 es la ligazón que muchos hacen del presidente como alguien que "gobierna para los ricos" y "representa a la derecha". En ese sentido, al margen de la relación con el peronismo, le cae de perilla al presidente tener una buena relación con el único mandatario socialista de la Argentina.

A ese gambito lo practicó Néstor Kirchner con particular astucia. Cada vez que había un anuncio importante, el santacruceño invitaba a Hermes Binner o al propio Lifschitz para desperonizar a la hora de la foto.

Mensajitos futboleros. Note el lector que el presidente pasó de acusar a Lifschitz de ser el "peor gobernador a la hora de trabajar en equipo" a chicanearlo con cuestiones futboleras. Y el gobernador mutó sus fuertes críticas iniciáticas hacia el presidente, por mensajitos de WhatsApp celebrando victorias deportivas. Así es la política.

Al tiempo que el gobernador santafesino no descarta cambios de gabinete a futuro (ha dicho alguna vez que él es propenso a las modificaciones luego de un determinado tiempo), Macri deberá decidir si hace jugar electoralmente a algunas de sus piezas.

"No está decidido que (Rogelio) Frigerio, los Bullrich (Patricia y Esteban) y otros ministros sean candidatos en 2017. Lo que pasa es que ustedes a veces no tienen temas y arrancan con eso", susurro Macri a un periodista que lo interrogó en off. A esos nombres, un diputado nacional por Santa Fe sumó a Susana Malcorra, en un intento de que la canciller pueda ser candidata en la provincia, ya que es rosarina de nacimiento.

Sin embargo, hasta aquí, Malcorra no ha mostrado predilección por Rosario. Su última visita a la ciudad estuvo rodeada de secretismo, y la funcionaria evitó las entrevistas. Eran los tiempos en que ambicionaba convertirse en secretaria general de la ONU. No pudo ser.

Una especie de sudor frío corrió por la espalda del presidente de la UCR, José Corral, cuando un periodista le preguntó a Macri si el intendente santafesino debía ser candidato a diputado nacional. El presidente no fue asertivo en la respuesta, pero tampoco desligó a Corral de esa posibilidad. La resolución de esa postulación no será de efecto neutro.

En el radicalismo admiten que con Corral encabezando la lista "se ordenaría todo el panorama", pero que si la respuesta final es negativa "habrá más de dos listas compitiendo en las Paso". Una fuente del gobierno nacional consultada por LaCapital fue explícita: "En algún momento los radicales deberán decidir si están con nosotros o con los socialistas. El tren para en las estaciones para que te subas".

Para definir el dilema radical tendrá peso específico propio la lapicera del gobernador Lifschitz a la hora de decidir si unifica o desdobla los comicios. Cerca del presidente de la UCR santafesina, Julián Galdeano, creen que si se vota el mismo día a presidente de comuna, intendente y diputado nacional vuela por los aires el Frente Progresista.

Pícaro, Lifschitz se toma su tiempo, manifiesta a sus colaboradores que no descarta la unificación y anuncia que recién definirá el tema a principios de enero de 2017.

En verdad, nadie que no pertenezca al círculo rojo de la política santafesina está preocupado o inquieto por las fechas de las elecciones. Y sería bastante complejo para el gobernador que la campaña se inicie en los dos primeros meses del año próximo, cuando lo que necesita es tiempo para mostrar acción, obras y resultados.

A esta altura de los acontecimientos, la razón excluyente y exclusiva para que la provincia vuelva a meterse en arenas preelectorales en el primer trimestre es la resolución temporal de la interna radical. Suena a desmesurado.

Los gobiernos sólo deberían dedicarse a gestionar y regar sus plantas esperando que, al fin, aparezcan algunos brotes verdes.

opinion0611.JPG


Comentarios