Opinión
Sábado 30 de Julio de 2016

Lobos solitarios y trastornados mentales

En foco. Los cada vez más frecuentes atentados terroristas en diversas partes del planeta no parecen ya ser sólo obra de musulmanes radicalizados o planeados desde la cúpula de Estado Islamico. Ha aparecido un nuevo fenómeno tanto o más peligroso: acciones individuales de enajenados que buscan protagonismo.

"No piensen que Osama Bin Laden estaba oculto en una cueva y desde allí organizaba y preparaba todos los atentados en el planeta. Hay ataques, los más importantes, que son producto de la planificación, pero la mayoría son obra de células dormidas o personas que en algún momento de su vida se radicalizan y actúan por su propia cuenta".

Esa definición que un experto internacional en materia de seguridad y terrorismo ofrecía a un grupo de periodistas hace algún tiempo cobra hoy más vigencia que nunca. Muerto Bin Laden y con la irrupción de Estado Islámico y su autoproclamado califato en Siria e Irak, se demostró que la perspectiva de la globalización de los ataques no responde siempre a acciones preparadas desde la cúpula de las organizaciones sino de individuos que se radicalizan solos hacia la forma fanática de la religión y que inorgánicamente salen a matar civiles en cualquier parte. Son los ya conocidos lobos solitarios a quienes ahora se les suma una nueva categoría muy peligrosa: enajenados mentales, sin contacto previo con el islamismo fanático, que buscan protagonismo a través de acciones similares a los yihadistas y que dicen actuar falsamente en nombre de ellos.

Solos en el mundo. Uno de los ejemplos recientes de lobos solitarios fue la matanza, en diciembre pasado, en un centro de ayuda para discapacitados de San Bernardino, una pequeña localidad de California. Una joven pareja compuesta por un estadounidense de familia paquistaní y una mujer nacida en Pakistán, con residencia legal en el país, entró a los tiros a un centro de salud y mató a 14 personas. Se cree que se conocieron por internet y se casaron después de una peregrinación en Arabia Saudita. Vivían en un casa de clase media en un tranquilo barrio de la zona y el hombre trabajaba desde hacía cinco años en el lugar donde cometió la matanza. En su casa quedó al cuidado de una abuela una pequeña hija de la pareja. Allí la policía encontró cinco mil balas, una docena de bombas caseras, dos pistolas y dos rifles, todo comprado legalmente. Parece ser el típico caso de lobos solitarios que con el tiempo van tornando su existente y moderada fe religiosa hacia una violencia extrema que en nombre de una causa divina los llevan a cometer increíbles crímenes.

El diario The New York Times publicó hace unos días un informe con fuentes de especialistas del Centro Nacional de Seguridad, del Departamento de Justicia y de la Universidad de Stanford sobre las características psicológicas comunes de un centenar de norteamericanos sospechados de intentar ayudar a Estado Islámico. La mayoría, que aún no había concretado su colaboración con los yihadistas, expresaba una forma de alienación social, soledad y problemas de identidad. "Son personas que buscan algo que los pueda ayudar a sus problemas de identidad y encontrar una causa por la que luchar. Dos terceras partes de los estudiados se mostraban no satisfechos con la sociedad americana y la mitad expresó resentimiento ante lo que consideraban opresión mundial hacia los musulmanes", concluyó el estudio.

Una psicóloga social de la Universidad de Stanford consideró que el efecto de actitudes antimusulmanas, como la discriminación contra la primera o segunda generación de inmigrantes de ese origen, podría ser particularmente dañino en aquellos que se sienten lo que denominó "sin hogar cultural" y así tornarse en un gran apoyo por la radicalización. Este mismo fenómeno también es el que puede aplicarse a países europeos, como Francia, con gran presencia musulmana y en donde el conflicto social y religioso es aún más visible que en Estados Unidos.

Los trastornados. A medida que se analiza el fenómeno de la radicalización religiosa de los lobos solitarios (que ya implica un tipo de enajenación), ha aparecido un nuevo fenómeno que origina

ataques a mansalva en distintas partes del mundo. Son los casos de homicidas masivos sobre quienes existen dudas de su adherencia a Estado Islámico u otra organización a pesar de que admiten hacerlo en su nombre. Fue así que hay dudas de que el peor tiroteo y matanza en los Estados Unidos llevada a cabo por un joven que asesinó a 49 personas en un boliche gay de Orlando lo haya protagonizado un desequilibrado mental o un militante yihadista. El asesino, cualquiera sea el caso, era un norteamericano de origen afgano que se presentó como un soldado islámico y dijo haber matado en nombre de Dios, pero los investigadores no tienen muy claro si ese fue el verdadero disparador de su acción devastadora. La prensa francesa analizó el caso y algunos periodistas advirtieron la llamativa correspondencia entre el llamado de Estado Islámico a combatir a los homosexuales y el objetivo elegido por el asesino del boliche. Se recordó que hace pocos meses Estado Islámico difundió por las redes sociales videos con ejecuciones de homosexuales que arrojaban desde edificios de gran altura.

Charlie Winter, un investigador de la Universidad de Georgia, en Estados Unidos, cree que Estado Islámico ha creado una situación muy inteligente, por la que cualquiera puede atacar sin tener ningún vínculo directo con la organización. "Pueden prometer lealtad al líder del califato antes o durante los ataques y eso los catapulta a considerarse desde un autoyihadista a alguien que puede ser idolatrado como un soldado y guerrero", explicó.

En esa línea de pensamiento, la muy hábil utilización que hace Estado Islámico de las redes sociales a través de internet ha llevado al grupo a tener proyección mundial y a contar con combatientes en los más impensados rincones del planeta, como algunos de los ataques que sufrió Alemania durante estos últimos días.

El criminal que con un camión aplastó a decenas de personas en Niza o el que se subió con un hacha en un tren alemán para agredir a los pasajeros han sido, sin dudas, movilizados por la campaña del grupo terrorista que, perdiendo terreno y fuerza en Siria e Irak, ha encontrado y sin controlarlos guerreros dispuestos a morir y matar.

Si el piloto de Germanwings que en marzo del año pasado estrelló un avión con 144 pasajeros en los Alpes franceses hubiese alegado que lo hizo en nombre de Estado Islámico, la organización lo hubiera reclamado como un ataque propio. En realidad, se trató de un joven con severos problemas mentales que no fue detectado a tiempo por los controles de la compañía aérea. ¿Pero quién controla a miles y miles de trastornados que andan sueltos por el mundo y que pueden cometer acciones de ese tipo para obtener notoriedad? Imposible.

Desde el psicoanálisis. Mirta Goldstein, psicoanalista argentina, publicó en ImagoAgenda.com/ LetraViva su mirada sobre el tema: "Cuando el fanatismo defiende el amor a una idea, causa o creencia; cuando accede al poder, instrumenta, en nombre de la ética, la moral, la sangre, la seguridad, la patria, los más diversos modos de discriminación y segregación, aun el aniquilamiento. Por ello, el fanatismo se sostiene en la dominación del amor del otro. Dado que determina qué debe amarse, engendra el odio al diferente, por un lado y, por otro, la traición a sí mismo del amante. El amor extremo es primero suicida y luego homicida".

La profesional, de la Asociación Psicoanalítica de Argentina (APA), considera que "desde un punto de vista social encontramos que la banalización de la reflexión crítica produce que alguna construcción extrema de orden religioso, político o moral, ocupe el lugar que el pensamiento dejó vacante". Y en esos casos, explica, " el extremismo se instala de manera rotunda y trata de avanzar y de asentarse en el lugar del cual el debate y el consenso han sido destituidos. Por ello, el fanatismo como expresión colectiva y como discurso político se asocia con la crueldad".

Adónde vamos. Sean lobos solitarios, trastornados mentales o ataques planeados por la cúpula de Estado Islámico y más de una docena de grupos terroristas que han adherido a su estrategia en Asia y África, el despliegue del terror por el planeta se torna imparable y ya se ha convertido en un mal crónico. En el horizonte, la única estrategia a mediano plazo sería derrotar al grupo en su terreno para evitar que su imagen de "luchadores" por la libertad (cuando en realidad degüellan a opositores "infieles" y esclavizan sexualmente a mujeres) se propague y gane más mentes desvariadas.

Mientras tanto y hasta que un nuevo grupo emerja en su reemplazo (como Estado Islámico sucedió en el liderazgo a Al Qaeda), los países centrales deberían abocarse a estudiar un fenómeno complejo multidisciplinario y a formular las necesarias autocríticas y reformas en un sistema globalizado que hace agua. Lo que se viene, por ahora, no parece nada auspicioso.

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