Policiales
Domingo 19 de Junio de 2016

"Lo único que pido es que ningún otro inocente pase lo que pasé yo"

Lo dijo Brian Emanuel Waigandt, quien a los 27 años llegó a juicio por matar a Araceli Ramos. Estuvo 22 meses preso y lo absolvieron.

"No veía la hora de que se terminara esta tormenta. Me pasaron cosas que nunca pensé vivir. Y el tiempo que perdí no me lo devuelve nadie". Brian Emanuel Waigandt está libre desde que el 2 de mayo tres jueces lo absolvieron, tras estar preso un año y diez meses por el crimen de Araceli Ramos en una fallida entradera en Alberdi. Para el muchacho todo es muy reciente y cada vez que recuerda los tormentos medievales que sufrió en comisarías de Rosario se ahoga en llanto. "Lo único que pido es que no le pase a otro inocente y laburante que de un día para otro lo traten de asesino. No le deseo a nadie lo que yo pasé", dice al relatar su calvario, sumido en la angustia.

   Con 27 años y sin antecedentes penales, Waigandt conoció todas las perversidades del sistema penal. Es el tercero de cinco hermanos de una familia de barrio La Cerámica. Fue a la escuela hasta terminar el viejo Polimodal y de los 8 a los 14 años jugó al fútbol en el club El Torito, donde se ganó el sobrenombre que le terminó jugando una mala pasada: Ronaldinho. Desde los 18 trabajó como camillero, en una dietética y en una empresa de limpieza. Cuando lo detuvieron vivía en el barrio La Esperanza con su esposa, Jésica Giménez, y su hija que tiene 5 años. Trabajaba como albañil a la mañana y como cadete en una rotisería de Baigorria y Molina a la noche.

   Fue durante un reparto, el 2 de julio de 2014, que el viudo de Araceli Ramos se cruzó con él y lo identificó como uno de los asaltantes que habían baleado a su esposa cinco días antes, frente a su casa de Zelaya 1330. El siempre dijo que se confundían de persona y eso repitió durante el juicio oral en el que fue absuelto (ver aparte). El fallo no fue apelado y quedó firme.

   — ¿Cómo fue tu detención?

   — Horrible. Salía justo con un pedido y apenas pisé la calle con la rueda de adelante me choca una EcoSport sin patente. Yo me saqué el casco para preguntarles si no me vieron y me dieorn con el arma en la cabeza. Me esposaron sin decirme que eran policías y me metieron en la camioneta con una pistola en la panza. Hasta que me bajaron en la comisaría 10ª yo no entendía nada. Pensé que me iban a matar y tirar en un campo. Nunca especificaron nada. Fue todo muy rápido.

   — ¿Cuándo te comunicaron por qué estabas detenido?

   — Después de la paliza que me dieron en la comisaría. Primero me sacaron toda la ropa. Me esposaron con las manos en alto y vinieron como cinco o seis. En mi vida me pegaron tanto. Me pegaban y me decían: «¿Te olvidaste de las cosas? ¿Te fuiste a tomar pastillas? Matás a la gente y te olvidás». Les dije que me hicieran un análisis, que se estaban confundiendo de persona. Ahí es como que se dieron cuenta y me dejaron de pegar porque me estaban matando. Cada vez que cambiaba la guardia me esposaban arriba, me dejaban en boxer y remera, me tiraban un baldazo de agua y me pegaban.

   — ¿Sabías de qué te acusaban?

   — Mientras me pegaban me decían: «Vos mataste a una persona acá a dos cuadras. Estás filmado». Yo no sabía de qué me hablaban. Les contesté que se estaban equivocando de persona. Pero me pegaban en todo momento.

   — ¿Cuánto tiempo pasó hasta tener contacto con tu familia?

   — Tres días. Estuve esposado, aislado. Sólo me daban agua.

   — ¿Qué pasaba por tu cabeza en ese momento?

   — Pasó de todo. Hasta me quise ahorcar. Cuando volví de Tribunales (de la audiencia imputativa) no caía. No podía entender por qué a mí. Encima me decían que me iban a dar 25 años. Yo pensaba que no iba a ver nunca más a mi hija, que no la iba a ver crecer. Recién ahí dejaron pasar a mi señora, que me trajo unos sanguchitos y una gaseosa.

   — ¿Hasta ese momento estuviste incomunicado?

   — Antes de ir a Tribunales fue una defensora a la comisaría. Me preguntó si me habían pegado y le dije que no. Tenía terror. Nunca había pasado por algo así. Ellos me decían «ahora va a venir tal persona, más vale que no digas nada porque te matamos». No nos dejaron hablar ni 5 minutos.

   — ¿Qué pasó en la audiencia?

   — Me preguntaron lo que hice ese día y yo les dije la verdad. Que había ido a llevar a mi hija al jardín, en Baigorria al 2200. Una semana antes habían reducido personal y no estaba trabajando de albañil. Como a esa hora mi señora trabajaba yo me ocupaba de mi hija. De darle de comer, de llevarla al jardín, de ir a buscarla. Y a la noche cadeteaba.

— Hasta el juicio pasaron 22 meses. ¿Cómo fue la experiencia en prisión?

— Fue terrorífico. Los lugares están superpoblados. Cualquier roce es para problema y sobrevivir es adaptarte. Tenés que mimetizarte. La misma policía te trata como a un perro. En la 10ª cada dos por tres cobrábamos. Hasta que un día llega el comisario y nos dice que había traslados para todos. Elegí la sub 2ª porque dentro de todo era cerca de casa. Un error. Porque el penal era rechiquito, había 14 personas, nos turnabamos para dormir. El baño todo tapado, se inundaba. Defecaban y orinaban en botellas y en bolsas. Era horrible. Ahí estuve un día y medio o dos. Automáticamente pedí el traslado a la comisaría 30ª. Cuando llegué eran 27 chicos y había capacidad para diez personas. Ahí también fue un horror. Pasé por tres motines. Vi cómo les pegaban a otros chicos, cómo los sacaban a puñaladas.

— ¿Cómo te manejabas en esas situaciones?

— Tenía que vivir el día a día y tratar de sobrevivir. No se lo deseo a nadie. A mi me han roto la cabeza para robarme un par de zapatillas. Me quisieron apuñalar. Son cosas que no se olvidan. Estuve en comisarías como un año y cuatro meses. Después me llevaron a la Unidad 16, la cárcel de Pérez, y por mi conducta enseguida me ofrecieron trabajo. Salía a limpiar los pasillos, a baldear, a repartir la comida, hacíamos talleres con madera. Eso me permitió olvidarme un poco de todo lo malo que había pasado.

— Y mientras tanto, ¿en qué situación estaba la causa penal?

— El fiscal cada vez que me veía me quería convencer de firmar un juicio abreviado por 8 años. Y yo por dentro tenía unas ganas de decirle: «¿Por qué no firmás vos y te encerrás a vivir lo que yo estoy viviendo por algo que no hice?» El me decía ya llevás un añito, te faltan tres y ya podés salir con algún beneficio. Como si fueran tres días. Yo no veía la hora de que se terminara toda esta tormenta.

— La pena a la que te enfrentabas era de prisión perpetua pero igualmente quisiste ir a juicio.

— Es que yo sé lo que soy. Cualquier persona que hubiese tenido participación optaría por un abreviado antes de que lo condenen por 25 años. Pero yo soy inocente.

— El esposo de la víctima fue muy vehemente al acusarte en el juicio. ¿Por qué creés que te apuntó?

— Supuestamente le pusieron un papelito anónimo por abajo de la puerta con dos nombres: Noto y Ronald. Un familiar buscó en el Facebook y me encontró como Ronaldinho. Así me conocen desde que jugaba al fútbol de chiquito en el club Torito. Como tenía el pelo largo y rastas me empezaron a decir Ronaldinho en todos lados. Así que él vio fotos mías y de mi hija antes de señalarme en la calle y antes del reconocimiento en Tribunales.

— ¿Cómo viviste el juicio?

— Un calvario fue. No comía. Mate y cigarrillos nada más. Tenía muchas cosas que decir. ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Qué le hice? ¿Justo yo que siempre trabajé para que no le haga falta nada a mi hija? Hasta el día de hoy no puedo entender porqué él se ensañó tanto contra mí. El día del fallo casi me agarra un infarto. Me pasaron muchas cosas por la cabeza. Lo primero es que nunca me esperé ese fallo por todo lo que escuchaba del fiscal, que decía cosas malas de mí como si fuera una basura de persona. Esto era una mochila que me estaba matando. Los últimos meses no quería ni comer, tenía muchas peleas, no era mi vida de antes. Antes me buscaban la reacción para sacarme algo y yo se los daba. A lo último ya no era yo. Fue el peor momento de mi vida. Vi cómo entre siete u ocho metían unas varillas con una cuchilla por la ventana (de la celda) y les abrían la cabeza a los pibes. Por meterme, varias veces me rompieron la cabeza. Tenía que hacerme fuerte porque ahí adentro te matan como a un perro. Vos tenés una zapatillita y ellos que están con muchos años y sin visita recurren a los chicos que llaman primarios. Y les pegan y les sacan todo lo que tienen.

— ¿Cómo es tu vida ahora?

— Se me hace muy difícil. No quiero salir a la calle. Pienso en todo lo que perdí: el crecimiento de mi hija, el contacto con mi esposa que la veía una o dos veces por semana. Por ahí me levanto a la madrugada asustado. Sueño como que estoy todavía preso. No caigo que estoy en mi casa nuevamente con mi familia. En el juicio él (por el viudo de Ramos) dijo que va a hacer justicia por mano propia. A veces voy a un negocio y veo un auto raro y ya me da miedo. Miedo de que me pase algo peor de lo que ya pasé. Parecía que ésto no se terminaba más. A lo último en la Unidad 16 vi cómo se ahorcó un muchacho: tiró una bufanda, se colgó y se quitó la vida delante de todos nosotros. Cosas que nunca en mi vida pensé que iba a vivir. El tiempo que perdí no me lo devuelve nadie.

— ¿Cuál es tu expectativa con esta nota?

— Quiero que se aclare todo esto. Que realmente puedan encontrar al verdadero asesino. Y que la Justicia investigue bien para que no vuelva a suceder con otro chico inocente lo que me sucedió a mí. Que no sigan arruinando familias.

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