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Jueves 27 de Agosto de 2015

Lo que vemos no siempre es lo que pasa

La línea del día. La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca pareció terminar con una manera distante y fría de comunicar. Sin embargo, la política informativa conserva fuertes resabios de control y supervisión gubernamental.

Santiago de Chile, 29 de junio de 1973. Las imágenes en blanco y negro muestran a la multitud huyendo de las balas, único sonido perceptible. Los que escapan son jóvenes en su mayoría, y alguno, al pasar frente al objetivo, alza el puño cerrado. Corren a diestra y siniestra del reportero. De repente, el zoom nos deja ver una patrulla que entra en escena; la cámara se mueve, pero terca, se centra en ese vehículo del que descienden soldados armados. Los militares toman posiciones, algún civil cruza, huyendo lo más rápido posible. La cámara nos ofrece una panorámica que deja ver ahora la calle despejada y el objetivo se lanza otra vez al grupo de soldados. Uno de ellos, revólver en mano, amenaza a un transeúnte para que se retire de la zona. Se siguen oyendo las balas. El militar del revólver encara al reportero y dispara, pero el objetivo es otro ya que la cámara sigue registrando los hechos sin perder firmeza en el encuadre.
 
Han transcurrido cincuenta y dos segundos de imágenes sin corte ni edición alguna.
 
Sigue el ruido de disparos que acontece en el fuera de cuadro. Los soldados se dispersan, sólo unos pocos han quedado arriba del camión empuñando sus armas. La imagen se mueve, hay una pérdida de control momentánea por parte del reportero, que enseguida recupera el pulso. Ahora hace foco en un ciudadano que está en el suelo y un soldado le apunta con su revólver. El hombre se incorpora y sale de cuadro. El soldado, de espalda a la cámara, improvisa un giro de ciento ochenta grados, y cuando se vuelve a encontrar con el objetivo de la cámara, alza la pistola y apunta con calma al reportero para no errar en su cometido. Se oye el disparo. La cámara se mueve y cae.
 
Han transcurrido un minuto y cincuenta y dos segundos desde el inicio de la secuencia. Fundido a negro.
 
El reportero asesinado mientras ejercía su profesión era argentino y se llamaba Leonardo Henrichsen. Trabajaba para la televisión sueca, que lo había enviado a Santiago a cubrir la presidencia de Salvador Allende, cuyo gobierno y cuya vida acabarían pocos meses después.
 
Lejos del realismo de este documento, la década del 90 comenzó con una suerte de videojuego que, sobre un fondo verde fosforescente y fogonazos intermitentes, pretendía narrar la primera guerra de Irak. La única imagen que quedó como recuerdo colectivo de aquel episodio bélico es la de un cormorán empapado en petróleo intentando en vano echar a volar. Años después, la cadena CNN reconoció que esta imagen que había difundido por el mundo pertenecía a un material grabado siete años antes de la guerra de Irak, en Alaska, cuando un buque petrolero sufrió un accidente y vertió su carga en el mar. El gobierno norteamericano, bajo la presidencia de George Bush padre, había decidido limitar y controlar toda la cobertura periodística de la guerra, al punto de producir noticias falsas con una alta carga emocional, como la del cormorán que no podía volar.
 
Un personaje de la novela "Lo que fue" [What It was], de George Pelecanos, le dice a otro, a propósito de la escasa actividad sexual de un tercero: "La última vez que Bobby Odum estuvo con una chica, había un negro en la Casa Blanca". El chiste resume muy bien lo que significó en los Estados Unidos la irrupción de la figura de Barack Obama. Con el tabú racial caía también una manera distante y fría de comunicar. La red que usaba el equipo de comunicación del presidente permitió que se rompiera la losa impuesta desde los tiempos de Reagan, cuando eran cotidianas las ruedas de prensa sin preguntas y la llamada line of the day, la línea del día, que redactaba la Casa Blanca y alrededor de la cual giraba toda la información. Esa política se respetaba tan a rajatabla que, en una oportunidad, un periodista intentó romper el discurso del presidente y recibió de Reagan la siguiente respuesta: "Si contesto a esa pregunta, ninguno de vosotros dirá nada sobre aquello por lo que hoy estamos aquí. No voy a darle una información diferente".
 
Con Barack Obama se pasó del círculo cerrado de la información a la política de puertas abiertas que permite el ciberespacio y comenzaron a ser frecuentes las conversaciones masivas con el presidente a través de Google. Durante la campaña electoral, la telefonía móvil se convirtió en un importante canal de información que llegaba a los votantes a través de correos, Twitter o Facebook.
 
El tópico de McLuhan, aquel que afirma que el medio es el mensaje, no se contradice con esta nueva era de la producción de noticias. El episodio que acabó con la muerte del emblema del mal para EEUU, Osama bin Laden, lo demuestra. Así como el cormorán es la imagen, falsa, que recuerda la primera guerra de Irak, la foto de la Situation Room en la que Obama, Joe Biden y Hillary Clinton asisten, según el relato de la oficina de prensa de la Casa Blanca, al asesinato de Osama bin Laden, es el único testimonio que existe sobre esa acción.
 
En la fotografía, hasta ahora la más vista en el portal de Flickr (https://www.flickr.com/photos/whitehouse/5680724572), los trece asistentes a la reunión tienen su mirada escorada hacia un punto ubicado fuera de cuadro. Se supone que en ese momento están observando una pantalla en la que se desarrolla la acción y que la escena fue registrada por la cámara instantes antes de que la voz en off del director de la CIA, León Panetta, desde los cuarteles centrales de Virginia, anunciara que acababan de matar a bin Laden, exclamando: "Gerónimo EKIA" —EKIA es el acrónimo de enemy killed in action, enemigo muerto en combate, y Gerónimo, el nombre de esa fase de la operación—. La expresión de Hillary Clinton, tapándose la boca con la mano como sofocando un grito y la gravedad de la mirada de Obama hacen pensar que la ejecución se está materializando. El vicepresidente Joe Biden, a la izquierda, aparece en una actitud despreocupada ante una segura performance, mientras que el secretario de Estado Robert Gates, a la derecha, no oculta cierta satisfacción ante la ejecución; las dos figuras enmarcan y exaltan la postura grave del presidente Obama, en quien se espera que descansemos la mirada. En la imagen, Biden muestra una tranquila eficacia y Gates la satisfacción de la venganza que reclama la ofensa. Por su parte, Clinton ofrece un respiro moral ante la escena que no vemos, pero a su vez nos recuerda que allí hay violencia explícita. Y por último, en el centro, atento a un ordenador, el general de brigada Marshall Webb, Comandante de Operaciones Especiales, da el punto de control sobre lo que está sucediendo extramuros de la foto. Todos arropan al presidente que muestra una expresión grave y firme, pero también felina: está agazapado como el lince que mide la distancia del salto.
 
La novela de Pelecanos en la que el personaje hace ese comentario sarcástico sobre "un negro en la Casa Blanca", transcurre durante el verano del Watergate, recordado tanto por la caída de Nixon como por los periodistas del Washington Post, Carl Bernstein y Bob Woodward, cuya investigación contribuyó en gran medida a la renuncia del presidente. El escándalo de Watergate es contemporáneo al golpe en Chile, donde murió Leonardo Henrichsen, cámara en mano, ese mismo verano. Hoy, como lo demuestró la Primavera Árabe, se podría pensar que la única manera de cambiar un gobierno es a través de las redes sociales. Las mismas que utiliza Obama para sumar votos, pero no para mostrar cómo mata a un terrorista en un país extranjero. Para esto último usa la foto fija y, en lugar de enseñarnos los hechos, se muestra a sí mismo.
 
Durante uno de sus conciertos, Madonna pidió el voto para la reelección de Obama apelando a su condición de negro y musulmán: "Es tan sorprendente e increíble pensar que tenemos a un afroamericano en la Casa Blanca; tenemos a un musulmán negro en la Casa Blanca. Eso significa que hay esperanza en este país".
 
Pues, se trata de un musulmán negro que al igual que Ronald Reagan, llegado el caso, también utiliza la llamada line of the day, línea del día. Vemos al presidente como testigo de lo que no nos muestra y que, ante el reclamo de algún periodista, diría lo mismo que dijo su antecesor: si te muestro a bin Laden no vas a hablar de mí, que es de lo que se trata. Por eso, el eslogan de la CNN, ‘está pasando, lo estás viendo' no siempre responde a estos propósitos ya que aquello que vemos no necesariamente es lo que está ocurriendo.
 

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