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Domingo 24 de Febrero de 2008

Libros, lecturas y el esfuerzo de leer

El jueves a las 20 llegó a las manos de muchos rosarinos, chicos y grandes, el último libro de Harry Potter ("...y las reliquias de la muerte"). Y con este séptimo texto de la saga del joven mago recrudecieron viejos debates sobre la lectura. La frase “los chicos leen cada vez menos” resucitó como los hongos después de la lluvia.

El jueves a las 20 llegó a las manos de muchos rosarinos, chicos y grandes, el último libro de Harry Potter ("...y las reliquias de la muerte"). Y con este séptimo texto de la saga del joven mago recrudecieron viejos debates sobre la lectura. La frase “los chicos leen cada vez menos” resucitó como los hongos después de la lluvia. Y con ella, las recurrentes culpas a la televisión y ahora a la computadora por la falta de cultura lectora por parte de la infancia. "Perdida infancia", lamentan algunos.

Dejo de lado a Harry y la discusión de si es un buen producto comercial o buena literatura y me detengo en la queja: “Los chicos no leen”.

Algunos van más allá y aseveran que esta es la razón por la que las nuevas generaciones, encima, "escriben mal" (aunque haya pedagogos y lingüistas que sostienen que “a escribir se aprende escribiendo y a leer leyendo”).

Volvamos.

¿Los chicos no leen, o no abordan los textos que sus adultos quieren que lean?

Hay “grandes”, como dicen ellos, que parecieran necesitar que sus chicos lean, pero no cualquier cosa: literatura, casi como entendiendo esto como el paso lineal y directo a la categoría de intelectual. Para estos adultos, si el libro que leen los chicos es grueso; de muchas páginas, mejor. Si lo leen muy rápido, un éxito. Y ni les cuento cómo se ufanan algunos melancólicos si sus descendientes leen las mismas páginas que ellos hojearon en su infancia. Lo sienten como un sueño hecho realidad.

¿No estaremos cargoseando a los chicos con estas pretensiones mientras descuidamos el “cómo” del leer?

Todo aquel que lee habitualmente libros sabe de qué se trata esta relación íntima con los textos. Generada por los más dispares motivos y gustos, leer libros requiere tiempo y esfuerzo. Tiempo que ni nosotros, los grandes, nos damos muchas veces para leer. Es cierto, entre otras cosas trabajamos como poseídos; razones para no leer hay millones y todas entendibles. Pero si no leemos, no les leemos a nuestros chicos, tampoco les contamos historias, ni cuentos. Si ni siquiera intentamos entender qué les interesa leer a ellos en los tiempos que corren; no jorobemos.

Me reía días atrás ante la ironía del novelista y periodista español Arturo Pérez-Reverte quien, entrevistado por Silvia Pisani, se refería justamente a ese esfuerzo. Polémico, el creador del capitán Alatriste se explayaba sobre ese placer lector que cosechó con mucha paciencia a lo largo de toda una vida y casi rogaba: “…todo ese afán de que los niños lean, que vayan al museo, que se interesen por la pintura, por las bibliotecas…Creo que es una batalla perdida. ¡Prefiero estar yo solo en la biblioteca! Si a veces me da la tentación de decir “No leáis, no os sintáis obligados, es igual, no hagáis el sacrificio. Dejadnos a los que nos gustan los libros que estemos solos en la biblioteca…¡No vengáis a haceros fotos en las bibliotecas! …Lo que hoy llamamos cultura es sólo turismo cultural. La cultura, la verdadera cultura, será particular, individual. La cultura exige esfuerzo”.

Esfuerzo y tiempo, para gozar leyendo lo que nos gusta y nos viene en ganas.

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