Ovación
Martes 17 de Mayo de 2016

Leguizamón ataja los penales sentado en una silla

Juan Cruz Leguizamón es el arquero de Adiur que anteayer atajó tres penales y marcó uno en el partido en el que el naranja ganó y ascendió al Federal B.

Si no fuera un canto tribunero tan viejo, se podría decir que el protagonista de "tenemos un arquero que es una maravilla, ataja los penales sentado en una silla", es el guardavalla de Adiur, Juan Cruz Leguizamón. Con 28 años, el ex jugador de la reserva de Boca, Central Córdoba y Morón atajó tres penales este último domingo y convirtió uno contra Juventud Unida de Charata (Chaco). Ese brillante desempeño permitió que el equipo del Viaducto ascendiera al Federal B. Ayer, a pocas horas de sus históricas atajadas, Ovación lo visitó donde nació y creció, en barrio Bella Vista; una casa baja con patio en el que ayer, en un tender, se secaba la camiseta gris con el número 1 que había usado sólo unas horas antes.

"Esta vez la lavó mi vieja, pero porque ganamos y ascendimos nos regalaron la ropa: si no no estaría acá, la hubiese lavado el utilero", explicó antes de contar que en ese mismo patio, de chiquito supo jugar con Lionel Messi y varios amigos al "25" y a los tiros libres. Pero esa historia viene algunos párrafos más abajo, porque "Leo", como le dice él, es el numero uno del mundo pero esta nota es sobre Leguizamón, el arquero que el domingo atajó como sentado en una silla.

La Agrupación Deportiva Infantil Unión Rosario (Adiur), el equipo naranja de Travesía y Alberdi a cargo de Gerardo Ameli, había ganado en Rosario contra Juventud Unida por 3 a 1. Cuando finalizó el partido de vuelta en el estadio Coliseo Rojo de Charata, el local venció 2 a 0. Fueron a los penales y allí Adiur venció 8 a 7.

La serie terminó 5 a 5 (Petrovelli, Isnaldo, Acoglanis, Alarcón y Bertonatti patearon para los naranjas). En el inicio del mano a mano, Leguizamón le detuvo el tiro a Galarza. Luego Rivas tuvo la primera chance de festejo para el equipo rosarino pero la tiró muy desviada. Selfi marcó para el chaqueño y le llegó el turno al arquero de Adiur. Se suele decir que alguien que hace de todo "patea y ataja": esta fue la situación, Leguizamón convirtió y luego le tapó el disparo a Barrios. Allí se generó una nueva chance para el plantel rosarino que no supo aprovechar González Hernández: se lo atajaron. Siguió una conversión por parte de cada uno: Filipini pateó para Adiur, y de nuevo Leguizamón le desvió el disparo a Díaz Guerrero. En la tercera "y la vencida", Otero, por los del Viaducto, no perdonó. Adiur fue el ganador indiscutido.

Leguizamón aseguró que sólo conserva flashes de todos esos penales. "No pienso en nada en particular cuando los atajo. Soy frío: pongo la mente en blanco. Sólo tengo la imagen de mi compañero Darío Alarcón rogándome a los gritos desde el medio del campo: Uno más, atajá al menos uno más. Distinto es cuando pateo: es otra cosa. Para mí es más difícil, será que no estoy acostumbrado. Recuerdo que cuando me tocó este domingo había como 500 tipos detrás del arco. Abrí el pie derecho y hacia allí pateé: gol", dijo el arquero zurdo, que admira cómo juegan bajo los tres palos sus colegas Matías Vega (Aldovisi) y su ex compañero en el Charrúa Franco Armani (Atlético Nacional de Colombia). "Si no fuera arquero me gustaría jugar de 5, distribuir el juego, como Redondo. Pero jugar en el arco me gusta, desde chico", confesó.

En el patio con la Pulga. Leguizamón empezó a jugar a los 5 años en las inferiores de Newell's y allí siguió hasta los 15. Al principio no iba al arco, pero luego probó y se apropió del puesto. En esa época conoció a la Pulga Messi.

"Es imposible que se te borre cómo era Leo dentro de la cancha. Pero afuera, en el grupo y con el resto de los chicos, era un pibe más. Recuerdo cuando jugábamos en este patio. Mi papá trabajaba en una galletitería y con un banco donde se sentaban los clientes nos hizo un arco con red y todo. Poníamos una sillita alta como barrera y usábamos una muñeca Nenuco de mi hermana como arquero. Así jugábamos toda la tarde a patear tiros libres. O al 25, el valor del gol dependía de cómo lo hacías: de rabona, con la cabeza, de chilena... Después vino la play y en eso a Leo le gano hasta el día de hoy", dijo satisfecho.

Leguizamón contó que cuando pasó por Boca, el cuadro de su padre y su abuelo, aprendió mucho de los grandes: Abbondanzieri, Riquelme, Palermo y Banega. Dijo que tiene pasión por Central Córdoba, donde debutó en Primera B a los 19 y también ascendió. Un ascenso, a diferencia del de Adiur, que le costó una promesa.

"En 2012 usaba rastas en el pelo, dije que si ascendíamos me las cortaba. Y acá me ves con el pelo corto", resaltó.

Pero ahora, para él, presente y futuro están en Adiur. "Porque me abrió las puertas hace cuatro meses cuando me habían suspendieron jugando en el Charrúa. Desde el bufetero hasta el cuerpo técnico y las divisiones inferiores hacen grande a este club que sin dudas llegará lejos", resaltó el arquero, cómodamente desde su silla.

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