Cambiemos
Domingo 09 de Octubre de 2016

Lealtades en jaque en tiempos violentos

El Presupuesto Participativo, una herramienta que hasta hace cuatro años era utilizada por los vecinos para marcar obras prioritarias en sus barrios, también mutó.

La violencia, esa que el 25 de agosto empujó a miles de rosarinos a las calles a exigir seguridad y justicia, no sólo alteró la agenda política, también produjo un profundo quiebre en las formas de trabajo. Alteró protocolos. Creó áreas. Alumbró nuevos paradigmas y horadó las alianzas de antiguos socios.

   El Presupuesto Participativo, una herramienta que hasta hace cuatro años era utilizada por los vecinos para marcar obras prioritarias en sus barrios, también mutó. Antes predominaban las aperturas de calles, la creación de pistas de skate y el embellecimiento de las plazas. Esta semana, el municipio respondió a la nueva demanda: colocación de alarmas comunitarias.

   Lo habían solicitado los vecinos de los barrios Roque Sáenz Peña y Las Heras, en la zona sur. Allí, las historias de arrebatos de carteras se repiten en cada manzana. La gente creó grupos de WhatsApp donde se alertan si ven movimientos extraños en la cuadra, alteró los modos de regresar a sus casas, llenó las ventanas de rejas y ahora sumó una potente sirena en la esquina, que de noche se completa con luces Led que se encienden intermitentes cuando alguien en peligro acciona un pulsador.

   Mientras tanto, y como si estuvieran jugando al Pokémon Go, los rosarinos se pasaron toda la semana buscando los gendarmes que llegaron a reforzar la seguridad de la ciudad. Eso sí, mientras su presencia era una incógnita, 6.200 desembarcaron en suelo bonaerense. La llegada de los hombres de verde al territorio de María Eugenia Vidal dejó en evidencia que la violencia no es exclusiva de Rosario. Y quienes hace 15 días desplegaron recetas mágicas y hasta ideas intervencionistas, debieron también mirarse el ombligo.

   En Buenos Aires preocupa el homicidio en ocasión de robo. Se produce uno cada tres días. En Rosario ese tipo de homicidio es muy bajo. De acuerdo a datos del Observatorio de Seguridad Ciudadana, en esta ciudad el 75 por ciento de los casos de violencia armada deviene de cuestiones interpersonales. Homicida y víctima se conocen, viven en un radio de no más de diez cuadras.

   Esa violencia obligó a cambiar protocolos de trabajo. En el Hospital de Emergencias, por ejemplo, a muchos pibes se les demora el alta para evitar que regresen al barrio y sean víctimas de venganzas que terminarían con su muerte. Los médicos lo denominan "alta social", un nuevo paradigma que alumbraron estos tiempos. Como el modo de trazar las políticas sociales, que obliga a trabajar más coordinadamente con quienes desarrollan las políticas de seguridad.

   La violencia cambió el rol del municipio. Durante años los funcionarios remarcaron que la seguridad era incumbencia del gobierno provincial. Ahora integra una mesa que cada jueves interrelaciona políticas sociales con las de seguridad. El discurso del "no me incumbe" sin dudas quedó obsoleto.

Efectos colaterales. Hasta que los gobernantes locales percibieron que la violencia alteraba toda forma de hacer política, los costos fueron muy elevados. El socialismo retuvo la provincia por escaso margen y casi sucumbe en Rosario en una competencia electoral con figuras de escasa historia en el trabajo barrial y social. Pero así son estos tiempos. Y eso profundizó el cisma dentro del Frente Progresista.

   Hace quince días un encuentro convocado por la intendenta para analizar el rumbo de la gestión mostró varias sillas vacías. Los radicales se habían pegado el faltazo. No fueron pocos los que confiaron que no querían escuchar que el secretario general del Gabinete, Pablo Javkin, les dijera cómo tienen que trabajar.

   Una semana después el subsecretario de Gobierno, Claudio "Choco" Díaz, renunció a su cargo. Se trata de un radical encolumnado en el grupo que lidera el diputado Julián Galdeano, el más afín a Cambiemos. En ese sector militan también el actual secretario de Producción, Ignacio Del Vecchio, y funcionarios del área de Salud. Todos se quejan de no ser escuchados.

   La díscola pata radical también está integrada por el sector que lideran María Eugenia Schmuck y Sebastián Chale, quienes esta semana profundizaron su alianza con un duro opositor al socialismo: Giros. Los ex funcionarios de Lifschitz se mostraron muy sonrientes junto a los jóvenes que cimentaron su estructura en una suerte de "demonización" del partido creado por Estévez Boero. Para Giros, el socialismo trabaja para grupos empresarios y no prioriza la cuestión social.

   Así, mientras la violencia cambia estructuras, protocolos y altera viejas lealtades, los rosarinos piden alarmas, gendarmes y leyes más duras. Tiempos de cambios que dejan al desnudo distintas formas de hacer política. En fin, muchos por estas horas se asemejan a un GPS, están recalculando.

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