Celeste Cid
Sábado 20 de Agosto de 2016

"Le tomé el gusto a la libertad artística", sostuvo Kevin Johansen

El músico que no le teme a los saltos al vacío presenta "Mis américas" hoy en el círculo. "para mí es fundamental arriesgar", afirma.

Kevin Johansen pone play y arranca una rocola con la música del mundo. Y no es pretenciosa la apreciación, simplemente refleja el mapa estético de un músico inquieto, que tomó popularidad hace 13 años por un hit en inglés de una telenovela y hoy llena teatros con sonidos que van del bolero al country, de la bachata a una "zambaguala" y de un son a un rap, sin olvidar el foxtrot. "Le tomé mucho el gusto a la libertad artística", dijo el artista nacido en Alaska y de madre argentina, que hoy presenta "Mis Américas" en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza).

   Los 13 temas del disco grabado junto a su banda The Nada tienen un común denominador: ninguno se parece entre sí y todos responden a la misma estética, que tan bien define el cantante y compositor como "libertad artística". La lista de los invitados y productores es extensa, pero vale citarlos para hacer foco en la calidad y variedad de registros.

   Con producción de Matías Cella (Jorge Drexler) y Cachorro López, Kevin Johansen grabó junto a su histórica banda The Nada, en la que se destaca otro histórico en los parches, Enrique "Zurdo" Roizner (ver aparte) y la siguiente lista de figuras: Marcos Mundstock, Palito Ortega, Ricardo Mollo, Pity Alvarez, Miss Bolivia, Lito Vitale, sus hijas Miranda y Kim Johansen, el brasilero Arnaldo Antunes, los peruanos Kanaku y El Tigre, y el chileno Macha Asenjo (Chico Trujillo). Nombres que son una radiografía de esa rocola de un músico que se define así: "Más que artista de culto, yo fui un artista oculto".

   —¿"Mis Américas" es un mapa de tu historia musical y un modo de definir tu propio universo?

   —Supongo que sí, que a la larga se fue dando un poco orgánicamente todo. Fijate que los invitados también entran en un abanico de un universo muy particular. Siempre digo que "Mis Américas" se llama así por apropiármelo, porque son las Américas que uno conoce, no es que me fui al lago Titicaca a conectarme con el continente y a meditar, aunque podría haberlo hecho y capaz que lo hago en otro disco (risas), pero fueron lugares donde he vivido. Me faltó Montevideo en el disco, que viví brevemente ahí a los 13, 14 años, pero tiene que ver con ese abanico de sonidos.

   —El disco está atravesado por un mensaje social, sin subrayados, y eso lo jerarquiza. ¿Pero no te distancia de la gente las letras en inglés?

   —Mirá, hace muchos años escuché una frase del senegalés Youssou N'Dour, que dijo "la música es el primer idioma". Ahí entonces me relajé un poco del inglés, el castellano y el portuñol. O sea, cuando estoy componiendo ya tengo en claro si va para el inglés o no. En el tema "Tiene algo" me pasó una cosa curiosa, porque el título está en castellano y después le puse "Interesting Little Thing" entre paréntesis. Ese fue uno de los tres temas que hice con Cachorro López y Sebastián Schon, y Cachorro me dice "probémoslo todo en inglés y todo en castellano", y al final quedó un poco en inglés y otro en castellano.

   —Le encontraste el equilibrio, a tu manera.

   —De algún modo me dejé de preocupar por ese tema, porque quizá decís "voy a hacer dos temas en inglés" y cae en saco roto, porque lo escuchan los únicos dos fans que tengo en Estados Unidos o cuatro angloparlantes que haya por acá. Pero después digo "bueno, la canción está buena y me gusta lo que dice la música". Y ahí está la papa para mí. Si la música esta buena va, obviamente me gustan las letras que hice en inglés, el disco dice mucho sin bajar línea y esa es la idea. Las canciones que están en inglés me gustan mucho lo que dicen y lamentablemente habrá gente que no las va a entender y los más curiosos averiguarán lo que quise decir.

   —¿En "Life Is Killing Me" cuál fue el mensaje?

   —Eso significa "La vida me está matando" y ese tema me gusta porque tiene una tónica media «lennoniana» y medio «steviewonderesca», que habla de la belleza, de que esta vida es demasiado y la letra dice que "no aguanto más tanta belleza", que por donde voy, vaya donde vaya, me encuentro con demasiada belleza y "eso me está matando". Y sabés que el otro día estaba escuchando "Te Secret Life Of Plants", "La vida secreta de las plantas", tema emblemático de Stevie Wonder, y lo saqué, porque soy orejero, pero me volví loco. Porque está escrita por un ciego y habla de lo que no vemos en las plantas y el valor de su semilla, no sabés lo que es la letra, pero lo que te pone la piel de gallina es la música. La letra le hace honor a lo musical, así que voy con eso.

   —Así como Wonder salta al vacío vos también tenés lo tuyo. Creo que la letra del último tema cuando cantás "nunca sabe dónde puede ir a parar, pero sabe cómo regresar" es como una declaración de principios.

   —Sí, para mí es fundamental arriesgar, yo siempre digo un poco en broma que más que artista de culto muchos años fui un artista oculto (risas). Sobre todo viviendo afuera, en Nueva York, donde realmente me curtí un poco y aprendí a foguearme sobre un escenario a una edad tan importante entre los 26 y 30 pirulos, y estás remándola. De golpe tocás para 20 y de repente para 200 y también para 50 personas, ante gente que no te conoce y después te conoce un poco más, y le tomé mucho el gusto a la libertad artística. Para mí la libertad es el último bastión del compositor, seas músico independiente o pendiente. Porque hay muchos músicos independientes que están muy pendientes a la crítica o atados a una estética que tienen que mantener. Y eso es una prisión, terminás siendo el músico al que viene un productor y te dice "che, a vos te salen bien los boleros, quedate con los boleros" (risas) O, también, "vos hacete las baladas en inglés que garpan".

   —Es más, cuando te hiciste conocido fue por tu balada en inglés "Down With My Baby", el hit de la telenovela "Resistiré". ¿Cómo ves a la distancia ese momento?

   —Fue una cosa muy orgánica, hay una frase muy divertida que creo que la decía Juanes cuando le preguntaron "¿cuánto tardó tu éxito de la noche a la mañana?" Y el tipo dijo "uh, unos 15 años". Creo que es una buena respuesta, pero cuando volví con el disco "The Nada", que tenía temas como "Guacamole", se fue armando un run run de culto. La Rolling Stone le puso excelente, gustó que fue grabado en Nueva York y tenía una cosa que gusta mucho acá a los porteños. Fue en 2001, yo estaba recién llegado, primero grabamos "Sur o no sur", que metimos el tema en inglés ese, que le puse "Barry White with Nirvana", pero yo qué iba a saber que pasaría lo que pasó. Ese disco fue un antes y un después, y obviamente que yo ni sabía que iban a meter mi tema en medio del flechazo de Echarri y Celeste Cid, pero fue una entrada al mainstream argentino. A mí me dio un poco de pudor, porque quería llegar con un tema en castellano y que me conozcan un poco más. Siempre digo que fue un sandwich eso.

   —¿Por qué un sandwich?

   —Porque cuando salió el tema me llamaba mi hermana o mi mujer y decían "¿viste qué bien que queda el tema en medio del flechazo de la telenovela?" y yo decía "sí, sí, quedó buenísimo" y al mes te querés matar, porque pensás que van a pensar que hago baladas a la Barry White y nada más. Fue un sandwich emocional, no sabía en qué me habían metido. Y a los cuatro meses recién empecé a relajarme y dije, bueno, la gente escuchará el disco si tiene curiosidad y verá que uno es un degenerado que compone de todo. Y una vez, poco tiempo después, me lo encontré a Antonio Gasalla en aeroparque y me dijo: "Está bueno lo que te pasó a vos porque no sólo entró tu voz sino también tu cara, la gente te ficha". Y yo decía "con esta napia cómo no me van a fichar", encima me decían que era parecido al Piojo López (risas), así que, imaginate, ahí cerró por todos lados.

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