Escenario
Sábado 27 de Agosto de 2016

"Le hemos faltado el respeto cariñosamente a Shakespeare", admite el grupo "La Tempestad"

El director Raúl Saggini contó cómo es la adaptación del clásico inglés, la propuesta con la que la sala.

Shakespeare llega al teatro La Comedia. "La tempestad" (De confabulaciones, traiciones y perdones) es el nombre de la adaptación de esta nueva puesta en escena de la Comedia Municipal "Norberto Campos" que se estrena hoy, a las 21, en la sala de Mitre y Cortada Ricardone. La de esta noche será una función gratuita por orden de llegada hasta agotar la capacidad del teatro. El director Raúl Saggini, en su segunda incursión al frente de una obra en la sala oficial luego de "Relojero", contó a Escenario cómo es esta adaptación de uno de los textos más complejos y difíciles de definir del autor inglés, al que además le sumó elementos locales, en una puesta que incluye técnicas circenses, humor, títeres, música en vivo y animaciones para recordar la historia de Próspero y su hija Miranda, Calibán y Ariel y todos los personajes creados en 1611 por El Bardo. Las funciones continuarán mañana, a las 21 y pasado mañana a las 20, y los viernes, sábados y domingos de septiembre, hasta el 11. Actúan Juan Pablo Biselli, Sofía Dorna, Luciano Matricardi, Federico Cuello, Lucas Cristófaro De Vicenti y Verónica Leal.

—Esta es tu segunda obra como director de una obra de la Comedia Municipal...

—La propuesta era hacer un texto de Shakespeare que tenía que hacerse con seis actores, donde esos actores podían doblar el personaje. No hay muchas obras con seis actores para Shakespeare. Entre las que me gustaban elegí "La tempestad" por distintos motivos. Es la última obra que escribe William Shakespeare, es una de las llamadas comedias fantásticas que me permitían de cierto modo trabajar con esos duendes y espíritus, a través de actores, objetos, como títeres y muñecos y otros lenguajes como el cinematográfico, específicamente el dibujo animado. Al tener esa posibilidad, más allá de que me gusta mucho, es la que me daba esa posibilidad.

—También es una de las obras más complejas. ¿Cómo fue la adaptación?

—Es muy compleja. Tomé a la obra "La tempestad" de William Shakespeare como un pre texto y un pretexto para escribir una versión libre donde seis actores, un grupo de Commedia dell'Arte, de cómicos de la legua, una compañía que queda diezmada, se pelean entre ellos y quedan seis actores. Entonces dicen, quedamos seis, tenemos que contar con los elementos que tenemos "La tempestad". Y así la empiezan a contar. Tengo la suerte que en el casting han quedado seis actores maravillosos, dos actrices de las cuales una es cirquera y vuela, trabaja las telas, y unos actores que son músicos, que manipulan títeres, objetos en escena, que cantan. Hay que reconocer que Rosario tiene escuela de todo: de artes urbanas, de actores, de teatro y títeres, de música y que todos esos artistas están muy bien formados. Por lo tanto uno puede pedir permanentemente y jugar en el escenario y ser libre para pedir y ser libres para que te devuelvan, que todos se sientan creadores de su propio espacio que es mi forma de dirigir desde siempre. Siempre traté que el actor genere su espacio, su propio espectáculo interno y eso es lo que me devuelve para que yo direccione esos sentidos. Así es como fue creada la versión libre de "La tempestad. De confabulaciones, traiciones y perdones".

—¿Por qué elegiste el subtítulo "De confabulaciones, traiciones y perdones"?

—Es también lo que le da actualidad a toda obra de Shakespeare. Se habla de las pasiones humanas permanentemente. Por eso es un clásico. Y las confabulaciones que se presentan son muy cotidianas. Esto de robarle el poder a otro, de querer encaramarse en el poder y para eso traicionar hasta a tu hermano, y hasta asesinarlo o querer hacerlo, por tener un poco, un pedacito miserable de poder. Como es la última etapa de Shakespeare, en la que se vuelva al catolicismo, y se retira a Stratford, y empieza a hablar del perdón, de perdonar. La única modificación que le hago es esta, en el texto final, cuando Próspero dice "de estas confabulaciones y traiciones perdonamos", y yo le agrego "pero no olvidamos". Yo creo que no hay que olvidar a quienes confabularon, o confabulan, o nos traicionaron o nos siguen traicionando. Yo creo que hay que ponerlos en evidencia, que es lo que hace Próspero en esta obra. Los pone en evidencia ante una comunidad y ante ellos mismos. Señor por qué estamos en este delirio le pregunta uno de los nobles al rey. Y Próspero le dice "tienen que pasar por este delirio, nos han hecho mucho mal, a mí y a mi hija. Sepan lo que es estar en un delirio, en el mar abierto, en una barcaza, a la deriva y que nos salvamos por la Divina Providencia".

—Con frecuencia a Shakespeare se lo aborda, no necesariamente con solemnidad, pero sí con mucho respeto. ¿Cómo trabajaste eso?

—Entonces, si es así, si es solemne, le hemos faltado el respeto cariñosamente a Shakespeare. Es una obra muy divertida, donde la solemnidad pasa por la calidad artística para poder narrar esto. Me parece que somos respetuosos del teatro de Shakespeare, de la teatralidad que él siempre le puso a sus obras. Nosotros no sabemos, intuimos cómo fueron sus puestas en escena, que deben haber sido muy teatrales, mostrando el artificio. Nosotros también mostramos el artificio de cómo realizamos la obra y es muy divertida. Es para todo público, estéticamente es muy bella, con un vestuario, escenografía, muñecos, animación, la música de Silvina Gandini es realmente muy agradable, las canciones que cantan los actores. Si eso es faltar el respeto, le faltamos el respeto (risas). Pasa a ser un homenaje a su teatralidad y a sus pasiones. Hay mucha pasión puesta por los actores en escena, y que esa pasión seguramente era la de este dramaturgo, este gran Bardo, el mejor de la historia del teatro mundial.

—¿Dónde se podría anclar lo político en esta puesta?

—En la elección de los lenguajes. Los nobles, por ejemplo, son muñecos, son títeres, que se contorsionan, que cambian el sentido de sus cuerpos, son todos de cartón, cualquier parecido a un humano es eso, y los humanos son muy parecidos a los muñecos. Por ese lado va lo político y por esto de las traiciones. Uno prende el televisor y a partir de que ha cambiado el gobierno hubo permanentemente traiciones, paso de banco, paso de factura, se han entregado uno al otro, se han denunciado, se han resguardado en en esto del testigo protegido. Es shakespereano. En lugar de transcurrir en un palacio los saca del palacio y los pone en una isla desierta.

—Es también una crítica al poder...

—Totalmente. Uno de los personajes habla de cómo sería su reino libre, cómo la gente viviría libre en su reino. Es esa alusión permanente a lo político. No podía ser de otra forma en el teatro de Shakespeare, por más que sea una comedia.

—A qué público está destinada la obra?

—Siempre, desde el primer día, el 20 de enero que me puse a escribir lo pensé para todo público, primarias, secundarias, familias completas, que la familia vuelva al teatro, y al teatro La Comedia, tan bello, tan grande, tan céntrico, tan lindo, tiene que ser un espacio que se vuelva a recuperar a través de la familia, que la familia llegue al teatro y a ver Shakespeare. Como dice Peter Brook, que así empieza mi proyecto escrito: Shakespeare no es aburrido para nada. Todo lo contrario. Es muy divertido. Y la gente se va a divertir mucho y con tantos lenguajes que excitan todos los sentidos. Es un lenguaje muy directo y hasta por momentos escatológico. Como toda la comedia del arte y como el mismo Shakespeare que le hace tirar pedos a Calibán. Y nosotros lo hacemos, ¿por qué no? Es escatológico, la comedia del arte tiene esa cosa, lo que hoy llamamos mala palabra en las buenas traducciones aparece eso.

—¿De qué manera esta puesta se liga con otros trabajos tuyos? Dijiste "la trajimos acá", ¿Hay un acento local en la puesta?

—Si, por esto del Nuevo Mundo, y donde por ejemplo Calibán usa vocablos guaraníticos. Cuando insulta, cuando putea, puta en guaraní. Hay un texto que dice vos me insultaste en tu lengua y ahora puedo insultarte en tu lengua y en la mía. ¿Cuál sería la lengua de él? Y yo dije, él es guaraní. Después hago toda una justificación de porqué es así. No nos olvidemos que como quiere Calibán raptar a Miranda, la hija de Próspero, aquí, a 50 kilómetros de Rosario, en el Fuerte Sancti Spíritu, Siripo y Mangoré raptan a Lucía Miranda, estos indígenas como Calibán. El debe haber escuchado estas historias. Acordate que fueron en mil quinientos y pico estas historias de Gaboto metido acá en estos ríos y fundando la primera población que fue Sancti Spíritu lo que es ahora Puerto Gaboto. Entonces me parece que esas historias habrán llegado allá. No nos olvidemos de "El Entenado", de lo que cuenta (Juan José) Saer, de estos colastinés que también eran antropófagos, eran caníbales como nuestro Calibán, y Calibán es anagrama de caníbal. Es un atrevimiento que me gustó tomar.

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