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Domingo 21 de Abril de 2013

Lavado, farándula y plaza pública

El gobierno nacional eligió un irritante silencio para luego recurrir a un cálculo estadístico tan dibujado como ineficiente. Mientras la Plaza de Mayo se colmaba de presencias, la presidenta tuiteaba sobre su reconciliación con Pepe Mujica y contaba de un cuadro religioso en la capilla de Balcarce 50

La política argentina quedó desconcertada con la última manifestación del jueves. El gobierno nacional eligió un irritante silencio para luego recurrir a un cálculo estadístico tan dibujado como ineficiente. Mientras la Plaza de Mayo se colmaba de presencias, la presidenta tuiteaba sobre su reconciliación con Pepe Mujica y contaba de un cuadro religioso en la capilla de Balcarce 50. Es raro que una peronista que defiende ver a su pueblo en las calles, lo ignore. Máxime, cuando a diario hay cadenas semioficiales en televisión opinando hasta del número de lamparitas bajo consumo del país.


Los voceros del Ejecutivo callaron en unánime silencio. Por eso fue poco afortunado ver cómo en algunas redacciones porteñas llegaba una sumatoria (parecía hecha con ábacos prehistóricos) de supuestos asistentes al 18A intentando disminuir con torpeza lo que fueron las calles  unidas en un grupo heterogéneo de reclamos. Hasta Luis D’Elia utilizó el giro de “manifestación muy similar a la de noviembre” para dar cuenta de que la gente era mucha.


Del lado de la oposición, el desconcierto no fue menor. Mauricio Macri prefirió evitar mezclarse con los manifestantes “para no ensuciar” la convocatoria popular. Sí dijo fuerte: “Que los radicales y los socialistas se unan para octubre. Ellos tienen cosas en común entre ellos y con el kirchnerismo”. Tajante gesto, poco frecuente en él que siempre elige las elipsis y las metáforas con su hija Antonia. La verdadera razón de este desplante tiene nombre y apellido: Hermes Binner. El ingeniero intendente de la ciudad autónoma capital ha cerrado toda puerta o ventana de diálogo con el socialista a quien acusa de ser un kirchnerista prolijo. Eso se escuchó mucho en boca de los dirigentes que “piensan” el PRO (y no están en cargos ejecutivos relevante) con motivo del encuentro anual de la Fundación Libertad de Rosario. Uno de ellos se llevó de regreso a Buenos Aires un estudio reservado de Santa Fe en el que se monitorean los nombramientos en el Estado provincial, especialmente en el área de asesoramiento y prensa, y los comparativos de presupuestos y ejecutados en la gestión Binner. Dicen que será uno de los caballitos de batalla de campaña de Miguel del Sel. Habrá que ver si el ex Midachi se decide a opinar en serio de política dejando de lado sus siempre repetidas expresiones de deseo.


El resto de la oposición decidió asistir a la marcha lo que, en palabras del lúcido filósofo Ricardo Forster, supuso desactivar toda pretensión de que era una convocatoria de la “anti política”. Si uno caminaba cerca de Hermes Binner, Victoria Donda, Ricardo Gil Lavedra o Elisa Carrió por citar a alguno de los presentes, el mayor reclamo que recibían era “únanse”. Para octubre, salvo un milagro y no se sabe si de consecuencias positivas, la estrategia electoral podrá ver cerca a la UCR del Frente Progresista. La impredecible Lilita está dispuesta a desafiar al presidente del ARI nacional Pablo Javkin y cortarse sola en Capital de la mano de Fernando Pino Solanas. El peronismo disidente, cada vez más escuálido y sin liderazgo, mira con recelo a Francisco de Narváez y todavía escruta a Daniel Scioli. A hoy, dicho por alguien que almuerza diariamente con el gobernador de Buenos Aires, “tenemos los pies dentro del plato. Eso sí”, agregó firme. “De una testimonial de Daniel o de Karina ni hablar”.



Jueces y lavado. La reforma judicial propuesta por la presidente quedará aprobada en el Congreso en cuestión de horas. Nadie cree que la nueva convocatoria a abrazar el Palacio Legislativo el próximo jueves sirva de presión. Hay temor por posibles incidentes en esa movida ya que se rumorea que los más radicalizados de la izquierda quieren irrumpir en medio del debate. Los proyectos adolecen de fallas constitucionales que sólo pueden describirse como prepotencia patotera. Ni siquiera el señalamiento y cuestionamiento del permanente interlocutor de la presidente Horacio Verbitsky hizo reflexionar al joven secretario de justicia, el camporista Julián Alvarez. Legisladores  siempre fieles al oficialismo, pero respetuosos de su sano razonamiento, quisieron proponer más reformas. Nada de eso pasó. En la lógica del kirchnerismo de hoy, el que disiente es un traidor. Los jueces, los inferiores y la Corte,  están lo suficientemente irritados como para detener la embestida del Ejecutivo con la medida que más odia Cristina: una cautelar.


Hoy podría comenzar la consagración del completo estanque de la causa de lavado de dinero. No se espera que Jorge Lanata pueda esgrimir otra prueba distinta a la que hace 8 años Elisa Carrió llevó a los estrados del juez Ercolini acusando a Lázaro Báez. Y eso no prosperó. Los dos fantoches que se arrepintieron de su arrepentimiento, fueron convenientemente instruidos en sus declaraciones dejando en offside a quien se creyó el nuevo fiscal de la República porque es aplaudido  por las calles porteñas. Lanata tiene el mérito de haber puesto en debate un delito que, de verdad, existe y jamás se investigó. La duda es si cuenta con pruebas de rigor periodístico como para que tamaño ruido no sepulte la oportunidad de  investigación judicial. Párrafo aparte merece su convicción de ser el padre la ética periodística argentina. Los valores son huérfanos de custodios iluminados que a la postre devienen siempre en autoritarios o egocéntricos. Sólo tributan en la conciencia de cada uno y en el respeto del público.  


La “farandulización” no es exclusiva de los que trabajan en la tevé. En este caso, cundió entre jueces que prefirieron seguir  mirándolo todo por costosos plasmas de sus despachos, favoreciendo que la impunidad armase su escenario.

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