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Sábado 24 de Mayo de 2014

Las zonceras y el desafío de pensar

La obra de Jauretche sigue siendo tan actual como contestataria.

El día a día está cruzado por zonceras. Los eslóganes, las frases hechas, los panfletos acríticos o los hábiles declarantes que ponen siempre el mismo casete encuentran un campo fértil de reproductores dispuestos a propagar falacias, exageraciones o mentiras sin mayores reparos y sin otra paga que la modesta participación "erudita" en alguna conversación de ocasión.

La mayor complicidad de las zonceras está en el facilismo de no razonar. El gran aporte de Jauretche al pensamiento nacional fue incentivar la interpelación permanente del discurso hegemónico. Una enorme obra contracultural destinada al pensamiento crítico que cruza ámbitos sociales y culturales, lugares comunes, gestiones de gobierno, discursos mediáticos y hasta planteos deportivos. Pero que exige una condición innegociable que es "pensar" y una consecuencia inevitable: "Conocer la verdad".

Vigencia. La obra de Jauretche sigue siendo tan actual como contestataria. Con facilidad sucumbimos a la tentación de no pensar y a la tranquilidad de no saber ("ojos que no ven, corazón que no siente"). Pensar, razonar y cuestionar son acciones que generan inquietud. La verdad genera necesidad de actuar para cambiar o de justificarse para dejarse someter. Las ideas molestan y la verdad incomoda. Bien lo sabrá Poncio Pilatos, quien después de preguntar qué era la verdad términó "lavándose las manos".

Es por ello que la gran visión de Don Arturo se plasma en las hojas en blanco al final del Manual de Zonceras, para invitar a seguir el debate porque las ideas y los discursos no son más que otra manifestación de la lucha: liberación o dependencia.

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