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Miércoles 15 de Febrero de 2017

Las vidrierías

Son negocios que tienen una fuerte impronta de otra cosa, por eso no son raras las vidrierías que tienen vidrieras repletas de espejos con marcos intervenidos con distintos estilos, reproducciones cuadros icónicos de Picasso (desde ya), Mondrian, Kandinsky, Miró, algún Sorolla, el infaltable "El beso" de Klimt, ilustraciones art decó de publicidades de bicicletas de la década del 30 que apelan a inocente picaresca, o de fotos de los Beatles, los Rolling Stones, Spinetta, Charly saliendo de la pileta a la que se tiró del noveno piso de un hotel, reproducciones de tapas de discos famosos, y así tantas otras imágenes de otras cosas.

Pero en las vidrieras de las vidrierías es raro ver un muestrario de vidrios, no hay un catálogo de placas de distintos espesores, tonalidades, tintes, cualidades, labrados o lisos. Entonces, si alguien necesita reponer un vidrio de la puerta de una biblioteca antigua se las verá en figurillas, porque ya dentro de la vidriería, ahí sí, va a exponerse a exprimir la memoria para tratar de reproducir las formas o arabescos del vidrio roto del que no tuvo la precaución de llevar aunque sea un pedazo de diez por diez centímetros. Abandonado a la incertidumbre y mareado por miles de formas y tono, el nobel restaurador va a decir ¡ése, seguro!, para darse cuenta ya en su casa que más lejos no podía haber estado.

Suena ilógico, pero lo mejor de una vidriería es la vidriera. Y ni hablar si el vidriero tiene alma de artista y cada dos o tres días alegra la vista cambiando las estampas, como ofreciendo una agenda, para luego, transcurrida la jornada, revivir esas imágenes con la grandiosidad que depara Google Arts.

Ah!, también las vende.

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