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Jueves 27 de Noviembre de 2008

Las vacas en las islas, el humo en Rosario

El problema de los incendios en las islas entrerrianas, que agobian desde hace alrededor de cuatro años con su humo y cenizas a los habitantes de Rosario y de las localidades ribereñas, no tendrá fin en tanto y en cuanto no se aborde el tema medular que lo provoca: la utilización a gran escala de esas tierras para el pastoreo del ganado.

El problema de los incendios en las islas entrerrianas, que agobian desde hace alrededor de cuatro años con su humo y cenizas a los habitantes de Rosario y de las localidades ribereñas, no tendrá fin en tanto y en cuanto no se aborde el tema medular que lo provoca: la utilización a gran escala de esas tierras para el pastoreo del ganado. El desastre de estos incendios, que está dañando seriamente el ecosistema, no es culpa del viento, ni de la sequía, ni de la impericia de inexpertos exploradores boy scouts que no apagan sus fogotas, ni de unos piromaníacos sueltos. Estos incendios están provocados ex profeso por productores irresponsables —en complicidad con el Estado entrerriano— para desmalezar los campos, sin medir las consecuencias ambientales, sino sólo el dinero que engorda sus bolsillos.

"Si uno viaja hoy entre Buenos Aires y Rosario, o entre Rosario y Santa Fe, o entre Rosario y Venado Tuerto, lo único que ve es un mar de soja. Ante la pregunta ¿dónde está el ganado?, la respuesta es muy simple: las vacas están en las islas, ya no sólo en la periferia como hace algunos años atrás, sino en toda la parte alta de las islas (se calcula que hay actualmente un millón de vacas en esa zona)", explicó el director general de la Fundación Proteger, Jorge Cappato.

Todas las actividades productivas necesitan un ordenamiento y control, y la ganadería en las islas no puede ser que no lo tenga. Y más aún cuando experimentó un radical cambio, y el impacto lo está sufriendo la población y las generaciones futuras con la degradación de los humedales del Paraná.

Así, la provincia de Entre Ríos debe prohibir la producción ganadera a gran escala y establecer una regulación estricta de las actividades que se pueden desarrollar en las islas del Paraná con el fin de mantener vivo el ecosistema. Por ello, lo primero que debería hacer con urgencia es rescindir los contratos de arrendamiento de las 110 mil hectáreas de tierras fiscales en las islas que son usadas para el engorde del ganado. Es que fue el propio gobierno de Entre Ríos el que impulsó a través de la ley de arrendamiento del 2004 el alquiler de tierras estatales con el objetivo de promover la expansión de la actividad ganadera en la zona de los humedales.

Por eso no sorprende que el gobernador Sergio Urribarri se opongan tajantemente al proyecto que está en el Senado de la Nación que propone crear el Parque Regional Alto Delta, en la zona frente a Rosario. "Nosotros queremos que en las islas haya vacas. Y nadie nos puede obligar a hacer lo contrario", señaló recientemente en declaraciones periodísticas el intendente de Victoria, César Garcilazo. Y por si quedan dudas de cuál es la apuesta en la orilla de enfrente, en septiembre pasado la Municipalidad de Victoria aprobó la ordenanza que autoriza la construcción de una planta frigorífica en tierras fiscales que tendrá capacidad para faenar 500 cabezas de ganado diarias. Así, se completa el último eslabón de la cadena de  produccción.

Si el gobierno municipal de Rosario y el gobierno de la provincia de Santa Fe no presionan con fuerza a nivel nacional para que Entre Ríos cambie radicalmente de rumbo sobre este tema, seguiremos padeciendo incendios intencionales, masivos y sistemáticos. Porque está visto que Entre Ríos enfrenta el caso de Botnia con una mirada ecologista, pero cambia radicalmente de posición cuando habla de los incendios en las islas, allí adopta una visión productivista. ¡Cuánta hipocresía!

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