Barack Obama
Sábado 08 de Octubre de 2016

Las sorpresas de la política

En foco. El pueblo colombiano votó en contra del acuerdo de paz con las Farc. En Alemania avanzan los partidos xenófobos y Francia puede caer en manos de la ultraderecha el año que viene. Pero antes, en Estados Unidos, Donald Trump puede convertirse en presidente. Un mundo globalizado para nada alentador.

El rechazo, por escaso margen, del pueblo colombiano al tratado de paz hilvanado durante cuatro años entre el gobierno y las Farc ha puesto abruptamente en escena cómo lo que parece en política un camino de pensamiento lógico y racional puede terminar en situaciones inesperadas.

Muy pocos, en Colombia y en otras partes de mundo, hubieran imaginado que la negativa a poner fin a un sangriento conflicto de 52 años no sería ratificada en las urnas, un trámite que se consideró necesario para otorgarle al acuerdo de paz respaldo popular. Quienes se negaron a avalarlo consideran que el gobierno le ha otorgado muchas concesiones a la guerrilla y que sus crímenes pasados no tendrían castigo. Fueron muchos más de los que se pensaba en un primer momento y que han puesto a Colombia en un complejo panorama político.

Lo ocurrido en Colombia no es patrimonio latinoamericano, porque el comportamiento del electorado en todas partes del mundo, a veces, va en contra del sentido común y el giro hacia orientaciones más radicales gana terreno año tras año.

En Alemania, el partido de la canciller Angela Merkel acaba de ser derrotado en elecciones regionales, donde hizo el peor papel de su historia política. Su agrupación, la Unión Cristianodemócrata (CDU), fue humillada por una fuerza denominada Alternativa para Alemania (AfD), que rechaza la llegada de inmigrantes, propone separarse de Europa y volver al marco alemán. Alemania sigue siendo el motor del continente, su economía se fortalece y el nivel de vida se mantiene intacto. Sin embargo, nadie garantizaría hoy que esos datos de la realidad sean decisivos para que el oficialismo se mantenga en el gobierno en las próximas elecciones generales fijadas para el segundo semestre del 2017.

También para el año que viene, Francia tendrá cruciales elecciones presidenciales tras el final del mandato de François Hollande. Por primera vez, la extrema derecha de la mano del Frente Nacional de Marine Le Pen tiene chances de alcanzar el gobierno de una nación que alguna vez proclamara los valores de la libertad, igualdad y fraternidad. Marine, diputada en el Parlamento Europeo, ha reunido a la peor lacra ideológica del Viejo Mundo y conformó un bloque de ultraderecha. Su padre y fundador del partido, Jean Marie Le Pen, tuvo que ser expulsado de la agrupación porque sus permanentes declaraciones fascistas, xenófobas y antisemitas ahuyentaban a un electorado más moderado, siempre dentro del espectro de la derecha, necesario para ganar los comicios. Tal vez el pueblo francés reaccione a tiempo y ofrezca al mundo una lección al impedir que la ultraderecha llegue al gobierno de Francia. Sería una gratificante sorpresa política.

El más peligroso. Pero antes de Francia y Alemania, en sólo dos meses más, los norteamericanos deberán afrontar una elección crucial y decidir si Hillary Clinton puede continuar con las políticas de Barack Obama o dan el salto al abismo que propone Donald Trump, cuyas consecuencias son impredecibles para el mundo globalizado. ¿Habrá otra sorpresa política internacional y Trump ganará las elecciones?

Mientras tanto, en el país del norte los sectores más moderados y hasta el establishment siempre conservador, incluido el republicano, están muy preocupados por el resultado electoral del 8 de noviembre. A tal punto llega el temor a que Trump se instale en la Casa Blanca que por primera vez en sus 165 años de existencia, el diario The New York Times, sin dudas uno de los más influyentes del planeta, publicó en su versión papel un editorial escrito en español titulado ¡A votar! Los destinatarios del mensaje son los 27 millones de latinos en condiciones de participar de las elecciones e inclinarse a favor de Clinton.

"Si ha habido un año imprescindible para que los latinos en Estados Unidos ejerzan su derecho al voto, ese es 2016. Donald Trump, el candidato republicano, ha convertido la construcción de un muro y la deportación de 11 millones de personas en promesas centrales de su campaña. Durante sus eventos públicos, ha representado a los inmigrantes latinos como una invasión que debe ser detenida porque está transformando el rostro de Estados Unidos de manera demasiado rápida y profunda", comienza el texto que no lleva firma por tratarse de un editorial y así refleja la opinión del medio de comunicación y no sólo la de algunos de sus columnistas.

En otros párrafos, para que no haya duda de su posición política, el diario sostiene: "Hillary Clinton tiene propuestas coherentes y sensatas para abordar los asuntos que más afectan a los latinos, incluyendo el manejo de la economía, el acceso a la atención médica, la seguridad nacional y la educación. También ha asegurado que continuaría y extendería el programa que el presidente Obama creó para autorizar temporalmente la presencia de millones de inmigrantes indocumentados que tienen fuertes vínculos en Estados Unidos. Aunque una reforma migratoria sin duda implicará una batalla política ardua, los latinos podrían darle un espaldarazo a ese objetivo si votan de manera masiva en noviembre. Si no lo hacen, una victoria de Trump sería más probable, lo cual podría conllevar deportaciones masivas y más ataques contra inmigrantes", advierte el editorial.

Putin y el islam radical. Si el aluvión de la ultraderecha conservadora arranca en noviembre en Estados Unidos, sobrevuela Europa con Francia y Alemania en 2017 girando a la derecha y aterriza en los Urales donde Vladimir Putin visualiza el retorno del otrora poderoso imperio ruso, este mundo estará muy lejos de ser un jardín de rosas.

Si a este panorama tan poco alentador se le añade la fortaleza del fundamentalismo islámico, que viene regando cadáveres en todas partes, que ocupa territorios de países soberanos y que increíblemente suma jóvenes adeptos todos los días en nombre de un Dios todopoderoso por el que está permitido matar, la situación aparece aún como más compleja.

En realidad, lo que parece un futuro abyecto para la paz mundial y las relaciones políticas internacionales tiene en parte su origen en las propias miserias que los líderes de este mundo no han sabido o podido enfrentar con éxito. Siria lleva cinco años de guerra que nadie puede detener a pesar de que en las Naciones Unidas se escuchan discursos improductivos todos los años que son sólo una catálogo de buenas intenciones incumplibles.

La miseria se expande por Latinoamérica (Argentina tiene un tercio de población en la pobreza), en Asia las condiciones de vida de millones de personas son indignas y la gente apenas sobrevive. África es un continente perdido, envuelto en guerras tribales interminables, hambrunas y matanzas religiosas.

El mundo musulmán está enfrentado en posiciones irreconciliables y luchas por la hegemonía regional: Irán y Arabia Saudita son los máximos exponentes de ese panorama. Los países de la Primavera Árabe no lograron, salvo Túnez, democratizarse y en otros, como Libia, reina el caos más absoluto.

Esta breve e incompleta descripción es la que favorece la aparición de personajes y políticas difíciles de explicar y origina sorpresas que nadie ha podido predecir.

El salto al abismo genera incertidumbre, pero la persistencia de un statu quo injusto y en beneficio de un solo sector de la sociedad global es poco sustentable a largo plazo.

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