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Domingo 11 de Octubre de 2015

Las series de TV ideales para aprender ciencia

El ingeniero y divulgador científico Claudio Sánchez es el autor de Todo lo que sé de ciencia lo aprendí mirando a Los Simpson. Ahora desmenuza los capítulos de The Big Bang Theory, otra serie de culto, para despertar interés por la física, la química y la metemática de una manera poco convencional.

¿Aprender ciencia mirando Los Simpson? El divulgador científico Claudio Sánchez dice que se puede, y se ha encargado de demostrarlo.
  Apasionado por la física, este ingeniero industrial, docente universitario y periodista pasó mucho tiempo sin encender la tele. No por esnobismo ni por falta de interés sino porque le gustaba tanto que si tenía el aparato cerca no iba a poder ni estudiar ni trabajar. Sin embargo, no pudo evitar conocer las instancias de la serie animada más popular de las últimas décadas. Así que decidió ponerse al día y empezó a mirar capítulo tras capítulo. No sólo se copó con Los Simpson sino que detectó que eran una fuente enorme de momentos científicos, ideales para lograr atraer el interés de jóvenes y adultos en temas que muchas veces parecen demasiado alejados de la vida cotidiana.
  Por eso escribió Todo lo que sé de ciencia lo aprendí mirando Los Simpson, libro que ya lleva varias ediciones y que es el motor de muchas de las charlas que el divulgador ofrece en escuelas, facultades, cafés científicos, en las charlas TED y otros auditorios. Sánchez estará en Rosario el jueves en el marco de los festejos por el 95º aniversario de la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura de la UNR. Dará una conferencia a las 18.30 en el salón de actos de la institución, pero esta vez no se referirá a Los Simpson sino a su nueva serie de culto The Big Bang Theory, comedia cargada de situaciones graciosas que en forma constante hacen referencia a principios y teorías físicas auténticas, y cuyos principales personajes son una aspirante a actriz, dos físicos, un astrofísico y un ingeniero.
  Su plan es desmenuzar capítulos para encontrar en ellos situaciones que ayuden a entender la ciencia, y al mismo tiempo estimular a conocer más y leer más para captar todos los chistes, todos los guiños. Ese es el desafío al que invita Sánchez. “Hacer el esfuerzo de entender es un lindo juego”, dice en diálogo con Más.
  “Creo que el interés está y se nota cuando aparece el estímulo. Hay ganas de entender, pero a veces por distintos motivos las personas pierden la gimnasia educativa. Yo los invito a participar de un desafío, y se enganchan. Tanto que a pesar del tiempo transcurrido desde que salió el libro todavía me llaman para que hable de ciencia y Los Simpson. Ahora, con la misma lógica les muestro qué cosas —que no siempre vemos— aparecen en The Big Bang Theory”, dice.
  A las conferencias de Sánchez van personas de distintas edades, y todas descubren algo nuevo, aun los fanáticos de las series. “Se arma algo bueno en las charlas porque hay atención pero también sorpresa”.
  “No es tan común que la ciencia aparezca en las series de televisión, pero hay casos como los dos que yo analizo que son muy interesantes. Porque no aparece de una forma académica o rígida sino todo lo contrario. Y no sólo en los diálogos sino también a través de citas de personajes famosos o directamente con la aparición de esas personalidades como personajes, como sucedió en Los Simpson con Stephen Hawking. Él, por ejemplo, fue el personaje extra que más menciones o apariciones tuvo en la serie, al punto que contó que mucha gente lo reconoció a partir de los dibujos animados”, comentó Sánchez.

Los chicos brillantes
Si bien en The Big Bang Theory es más lógico que se hable mucho de ciencia y la gente que la sigue sabe que va a encontrar justamente eso —por lo que probablemente tenga cierta afinidad con los temas “duros”— hay muchos gags que por su rapidez, por lo complejo de las referencias o hasta por las traducciones dejan al televidente a mitad de camino. Sánchez se encarga de facilitar ese trayecto y de ese modo entusiasmar a su auditorio para que vaya por más.
  Así explica el divulgador, por ejemplo, uno de los capítulos de la serie americana (que ya lleva nueve temporadas): “En The barbarian sublimation Penny entra en el departamento de sus vecinos mientras están preparando un experimento. Han puesto un parlante apoyado horizontalmente en la mesa y conectado a un equipo de música. El parlante está forrado en papel film para hacerlo impermeable y vierten sobre él una mezcla de almidón de maíz (maicena) y agua. Aunque la mezcla se ve perfectamente líquida, cuando la música empieza a sonar, el líquido baila, adoptando formas como si, por alguna razón, la vibración del parlante le diera consistencia”.
  ¿Qué vemos ahí, qué experiencia están mostrando este capítulo de la serie? “Lo que visualmente apreciamos como la consistencia de un líquido, cuán espeso es, técnicamente se llama viscosidad. Así, el aceite es más viscoso que el agua, y la mermelada más viscosa que el aceite. Cuando Newton estudió este fenómeno en el siglo XVII encontró que la viscosidad es una propiedad de cada líquido y que varía con la temperatura. Por eso el aceite caliente fluye más fácilmente que el aceite frío. Sin embargo, hay ciertos fluidos cuya viscosidad varía además según la tensión a la que están sometidos. Por no seguir el comportamiento descripto por Newton, a estas sustancias se las llama fluidos no newtonianos. Uno de los ejemplos más comunes de este tipo de fluidos es, justamente, la mezcla de almidón de maíz y agua, en partes iguales”.
  Ciencia, diversión, placer, distracción y aprendizaje, en un mismo combo. Demasiado atractivo como para dejarlo pasar, asegura Sánchez, que encontró en el análisis de estas series un vehículo muy interesante para mostrar que la física, la matemática, la astronomía, la ingeniería conviven con nosotros hasta cuando miramos series de televisión.

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