La ciudad
Domingo 22 de Mayo de 2016

Las rosarinas se animan cada vez más a realizarse un rejuvenecimiento vaginal

La ginecoestética brinda la posibilidad de borrar el paso del tiempo o curar patologías. Las pacientes tienen en general entre 40 y 60 años.

Una rama de la cirugía plástica y de la ginecología comenzó a posicionarse a paso firme y ya se impone en la ciudad: la ginecoestética. En otras palabras, la posibilidad de borrar el impacto del tiempo o de las patologías vaginales que puedan afectar esa zona sensible, desde todo punto de vista. La práctica ganó popularidad en los últimos dos años, cuando comenzó a notarse "más demanda", dice la médica Andrea Casella, una rosarina que en abril pasado se llevó el premio a la mejor cirugía en el congreso mundial de la especialidad (ver aparte), que reunió a referentes internacionales por primera vez en ese continente.

"¿El target?", se pregunta la ginecóloga ante La Capital. "Estoy convencida de que debo atender pacientes mayores de 18 años, una vez alcanzada la madurez sexual. Pero tengo consultas de chicas de 15", responde.

Sin embargo, detalla que la mayor cantidad de casos que recibe son de personas que oscilan entre los 40 y 60 años. Se trata de mujeres que "se hicieron un by pass gástrico, bajaron de peso, pero, así como se requiere una acción reparadora de abdomen, necesitan intervenirse a nivel genital porque la piel les queda diferente. Además, concurren pacientes que tuvieron más de tres partos, por lo que la vulva sufrió secuelas, cicatrices".

En definitiva, se trata de personas que quieren verse mejor. De hecho están aquellas que, al tener una relación amorosa o pareja nueva, buscan este rejuvenecimiento. O las chicas que, al compararse con amigas o conocidas, "creen que deben reparar" lo que consideran un problema para que su cuerpo cambie de fisonomía aun en el área vulvar.

"Pero, claro, cada caso es particular", narra Casella y asegura que se ha visto ante todo tipo de situaciones. "No me gusta porque la tengo mal", escuchó sin tapujos varias veces por parte de adolescentes. "Pero si la chica tiene en rigor una vagina normal, yo no la voy a tocar", dice la médica. "Es que hay variaciones de la normalidad que a algunos les molestan y a otros no", agrega en torno a las consecuencias sobre lo que las jóvenes creen que es "lindo o feo".

Ante estos episodios, habrá entonces que brindar una ayuda psicológica para "saber qué está pasando, por qué ellas se están viendo mal", aporta la rosarina ganadora del galardón internacional.

Y suma: "Si se requiere cirugía, la haremos, pero en el caso de darle sólo el gusto a la paciente, estaría ubicándome más allá de lo que corresponde".

Otra cuestión sería, por ejemplo, si aquella necesidad estética escondiera alguna cuestión funcional, como incontinencia de orina. "Lo que está claro es que quien demanda la práctica debe ser evaluado profundamente", asegura.

Tendencia mundial. De todos modos, Rosario ya se para ante una tendencia mundial que surge de la propia demanda femenina y que comenzó en Estados Unidos y Europa.

"¿Por qué creció esta actividad?", pregunta este diario. "Es difícil la respuesta, aunque está a la vista que desde hace dos años a esta parte subió la demanda, hay más consultas, aunque aún sea un proceso incipiente. Igualmente, entiendo que las mujeres están mucho más informadas y eso es lo que suma", expresa.

Casella va más allá y se refiere a una especie de apertura sexual: "Ellas preguntan más, quieren ser observadas, evidenciarse bellas y sentir más placer".

En este punto, hace un alto y marca un tema que también creció en consultas: el del chip sexual. Un dispositivo que trascendió en el país a partir de que la actriz Carmen Barbieri se lo colocó en Miami. "Fue hasta allí, pero pudo habérselo hecho acá", ironiza al relatar que el médico que atendió a Barbieri fue quien asesoró a Casella. Sin embargo, la especialista rosarina relativiza la efectividad de la también llamada "droga del amor": un implante subcutáneo que libera testosterona y ayuda a incentivar el deseo.

El listado de procedimientos que abarca la ginecoestética es amplio, e incluye desde tratamientos mínimamente invasivos hasta cirugías como el rejuvenecimiento vaginal. Según Casella, el mejor modo de trabajar es "en conjunto entre un cirujano plástico y un ginecólogo", aunque este último podrá detectar en el paciente cuestiones propias de su especialidad. "Y si maneja también la práctica estética, mucho mejor", abunda.

Esta cosmética vulvar se realiza en el quirófano y puede extenderse no más de una hora. Sin embargo, habrá que armarse de paciencia en el posoperatorio. "Necesito que la paciente confíe en mí y me haga caso", cuenta la médica.

El mismo día de concluida la tarea, la mujer regresa a su casa, pero allí deberá hacer al menos 48 horas de reposo con hielo local y prepararse para un mes y medio sin relaciones sexuales, "como en el puerperio", comenta Casella.

"¿Hay algún efecto al orinar?", pregunta este medio. "Ninguno, puede hacerlo perfectamente, porque la uretra no se toca", cierra antes de indicar que tampoco aparecen episodios dolorosos, aunque sí se requiere templanza.

Vaginoplastia 2

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