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Sábado 04 de Mayo de 2013

"Las respuestas timoratas frente al problema del narcotráfico no funcionan"

El investigador Roberto Follari analiza qué hacer desde el campo educativo frente a la problemática de las drogas

"La escuela sola seguro que no puede hacer algo, pero algún rol tiene. Es uno de los espacios sociales de tránsito de los chicos más grande y permanente que hay, de manera que es un lugar de detección bastante fuerte de los chicos que puedan estar siendo reclutados. Pero también hay que saber que es un problema de seguridad que requiere de energía, decisión y audacia, esto último en el buen sentido. Todas las formas de respuestas que sean timoratas frente a estas problemáticas del narcotráfico no funcionan". La opinión es del doctor en psicología Roberto Follari, a propósito de la noticia conocida esta semana de la alumna de la secundaria que pidió permiso para retirarse antes de la escuela porque "trabaja en un búnker de drogas" (LaCapital del 28 de abril).

Follari es un reconocido educador e investigador de la Universidad de Cuyo, dicta cátedras en distintas universidades latinoamericanas, cuya realidad social y educativa conoce de cerca. De hecho ha vivido también en México. Esta semana estuvo en Rosario dictando una conferencia y seminario posdoctoral en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). En diálogo con LaCapital, expresó la preocupación sobre el narcotráfico y la escuela.

Problema central.Consideró que no hay dudas de que "hay que enfrentar y prevenir el problema de las adicciones desde el ámbito escolar", pero analizó que "el problema básico que tiene América latina es la llegada creciente del narcotráfico como un poder extralegal, con una capacidad económica enorme, trasnacional y con una capacidad para corromper, infiltrar estructuras del Estado, de la política, de los jueces, de la policía que es terrible. El narcotráfico combina su enorme poder económico clandestino y monumental con la amenaza".

Esa penetración alcanza cada vez más a los adolescentes y jóvenes, que son reclutados como "soldaditos" por estas bandas. Un hecho que ya han denunciado directivos y docentes, y muchos profesores cuentan —con un temor razonable— por lo bajo. O bien como los casos que planteó esta estudiante menor de edad de considerar con naturalidad que la venta de drogas "es un trabajo".

Sobre esta realidad, Follari opinó que "la escuela sola seguro que no puede hacer algo, pero algún rol tiene". En ese sentido, afirmó que "la institución tendría que, por un lado, tener un discurso muy fuerte, abierto, explícito contra el narcotráfico", que se diferencie al del consumo, que también es necesario de abordar. "Diferente —advirtió— en cuanto a lo que implica participar de estas bandas, porque generalmente cuando se entra allí se es visto como muy positivo, de una conveniencia económica, pero a largo plazo los chicos que entran terminan presos o muertos".

Pelea desigual.Sin dudas reconoció que la pelea que puede dar la escuela es desigual frente a semejante problemática: "Nadie puede sobreestimar lo que la escuela puede ser. No es mágica, no puede hacerle frente a casos como esos. Pienso que principalmente es un problema de Seguridad, que el Ministerio de Educación debe tratar con esta área".

Enseguida subrayó que sin dudas "es un tema de seguridad donde tiene que haber control sobre la policía, porque no siempre la policía deja de tener connivencia con estos temas. Por supuesto que no todos, que hay alguna que es legal y se enfrenta. Se requiere un manejo fuerte, transparente y civil de la policía, cosas que en pocas provincias se da y tengo la impresión de que acá tampoco. Esto —continuó— requiere de energía, decisión y audacia, en el buen sentido. Todas las formas que sean timoratas frente a estas problemáticas del narcotráfico no funcionan".Y agregó: "De ningún modo se necesita de autoritarismo, el respeto a los derechos humanos tiene que estar siempre en todos los ámbitos, pero sí decisión y audacia. Porque aquí se juegan vidas y muertes, porque para meterse con esta problemática hay que asumir riesgos. Ahora, si no se está dispuesto a asumir riesgos, lo que se hace es lo más fácil: dejar pasar, hacer que esto se vaya generalizando. Pero cuando llega cierto tope, como ha sucedido en México y antes en Colombia, es irreversible".

Para Follari el silencio y el temor de muchos profesores a hablar de este tema es entendible: "Es lógico ese miedo. Mientras no haya un plan general y sistemático, que tendría que ser nacional y provincial, contra el narcotráfico, que asuma este problema como uno grave de inseguridad para la población, cada actor está en una condición de mucha inseguridad, y podrá hacer lo que su prudencia le indica".

—¿Qué preguntas son necesarias que aparezcan desde el campo educativo ante estas realidades?

—Se trata de que la situación de pobreza —muy presente en los suburbios de la ciudad de Rosario— favorece estas situaciones. Por supuesto que la mayoría de los pobres no trabaja con drogas, y que los que más se han enriquecido con ella nunca fueron pobres. Pero sin dudas que es fácil reclutar a quienes no tienen medios para vivir, y están en pertenencia a una subcultura que a menudo se sostiene en indiferencia con la ley, a la que perciben como ajena y sólo al servicio de su desamparo y abandono por la sociedad. La escuela de por sí no puede resolver esto, sí puede contribuir a hacer conciencia de su existencia. A la vez, debe hablarse con los estudiantes (en conjunto y de a uno, cuando parezca necesario) sobre los peligros del mundo de la droga, tanto en la adicción como en ser transportista o vendedor. La muerte acecha en ese espacio, basta saber lo mínimo de Colombia o de México para saberlo; por ello, a ese mundo se sabe cómo se entra, pero no cómo salir.

—¿Cómo proteger a los adolescentes y jóvenes para que no pasen a engrosar las bandas de criminales?

—Es lo que señalé anteriormente. En todo caso, hoy en todas las escuelas debiera existir una alerta ante la cuestión de la droga, y fuerte discurso —transversal y cotidiano— en contra de lo que ese flagelo constituye contra la sociedad en su conjunto, pero especialmente para quienes entran en él. Estos tienen un momentáneo éxito económico, mas luego terminan a menudo en la cárcel o muertos por ajustes de cuentas entre bandas, o entre caudillos o subgrupos diferentes de una misma banda.

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