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Viernes 09 de Septiembre de 2011

Las que eligen enseñar a los chicos ciegos

Es un carrera de alta demanda e inserción laboral, sin embargo apenas cuatro estudiantes se gradúan al año en este profesorado especial

“Aquí no corre la lástima, lo que cuenta es el amor, el afecto y considerar a quienes sufren una discapacidad visual ante todo como personas útiles a quienes hay que enseñarles a desarrollar todas sus potencialidades”. Esto es lo que expresa un grupo de alumnas del profesorado en educación especial de ciegos y/disminuidos visuales sobre la carrera elegida. Son muy pocos los estudiantes que se gradúan al año, no más de cuatro, a pesar de ser una profesión creciente y de alta inserción laboral. En la provincia la carrera se estudia solamente en el ámbito público en el Instituto Superior Nº 16 Bernardo Houssay y en el Nº 8 Almirante Brown de la ciudad de Santa Fe.

Daniela Navés, Helga Quiroga, Aldana Ocampo y Priscila Grinevald cursan el 3º año de este profesorado en el Instituto Nº 16 (Necochea 1339). Son las únicas cuatro alumnas de este año y parte de las 26 de la matrícula total, de una carrera docente poco conocida. “Es muy demandada laboralmente, es muy creativa y aquí sobra el afecto”, alientan con mucha convicción a otras jóvenes a inscribirse y elegir así esta modalidad de la docencia.

Las futuras educadoras rescatan la preparación teórica y práctica para enseñar a chicos y adultos que padecen ceguera o una disminución visual, y que reciben a lo largo e los 4 años en que se organiza lo específico del plan de estudio. “Ante todo hay que pensar que son personas con derecho a aprender, a integrarse, que deben ser vistas como útiles y a quienes hay que asegurarles las mejores herramientas para seguir aprendiendo”, consideran las alumnas.

Y uno de los rasgos que tiene este estudio es que aquí —afirman las jóvenes— cuenta mucho “la creatividad, la investigación de cómo hacer mejor este trabajo, y que se pueda adaptar a cada necesidad personal”.

Motivos personales. Las cuatro jóvenes entrevistadas tienen en común haber elegido esta rama del magisterio por cercanía a personas ciegas, pero además porque consideran que se trata de una modalidad de enseñanza indispensable, diferente a otras conocidas y donde hay mucho por hacer.

De hecho la jefa de sección del profesorado que se dicta en el Instituto Nº 16, Analía Caputto, cuenta que “aún antes de egresar ya empiezan a buscar a las futuras graduadas para trabajar”. Lo hacen desde las escuelas especiales que hay en la ciudad y en los pueblos. Pero no todo pasa por dar clases, también —destaca Caputto— la profesión tiene mucha proyección en el trabajo interdisciplinario.

La educadora invita a que más jóvenes conozcan lo que propone este plan de estudio. Lo hace en un momento muy particular, ya que el profesorado festejó esta semana con un acto académico los 30 años de su creación.

Historias. Como parte de la formación que reciben, las estudiantes realizan sus prácticas docentes en escuelas especiales. Daniela, Priscila, Helga y Aldana hace poco concluyeron parte de sus prácticas en la Especial Nº 2.081 para Niños con Discapacidad Visual, de Rosario. Y de eso, junto a las razones que las hicieron elegir este estudio, prefieren hablar.

Priscila tiene 23 años, antes de anotarse en el profesorado había comenzado abogacía y enseguida se dio cuenta que no era para ella. Mucho influyeron para que se anote en el profesorado tener dos primas que nacieron con retinopatía del prematuro, una de las principales causas de la disminución visual y de la ceguera. “Conocer de cerca de qué se trata y verlas crecer, me llevó a seguir a decidirme por la carrera”, repasa la estudiante.

Y es cuando se entusiasma y habla de su paso por las prácticas en la Escuela 2.081: “Fue una experiencia muy constructiva. Me tocó estar en el nivel inicial y en el área de estimulación visual. La práctica me sirvió para cargar las pilas y seguir estudiando con más ganas”.

También en Daniela, de 31 años, influyó que se inclinara por el profesorado tener a su mamá no vidente: “En realidad siempre me gustó la idea de trabajar con chicos y en la docencia, sin embargo primero empecé psicología que no terminé. Luego me decidí por este profesorado y no estoy arrepentida para nada”.

Sus compañeras de curso la describen “como la más inteligente del grupo”. Ella se ríe y prefiere compartir lo que acaba de reconocer en su práctica docente. “Aquí hay que ser muy creativas, pensar en cada chico, en qué necesitan”, dice y considera que es una ventaja “trabajar en clases personalizadas”.

Teoría y práctica. Aldana tiene 20 años y apenas terminó el secundario se anotó en el profesorado del Instituto 16. En su biografía escolar cuenta la experiencia cercana de su madre docente de esta especialidad. “Al principio tenía alguna duda, pero me pasó como cualquiera que empieza una carrera nueva y más en el primer año que es el más desafiante, luego me enganché enseguida”, reconoce.

También Aldana destaca de su futuro trabajo el lado “personalizado” de la enseñanza. “Me gustó hacer la práctica en la Escuela 2081 porque salimos de la teoría de todos los días y pusimos en juego lo aprendido. Es muy bueno, uno le pone el cuerpo y la experiencia”.

Helga, de 29 años, relata que se decidió por el profesorado porque experimentó en su propia disminución visual lo importante de esta tarea educativa. “Me sensibilizó mucho ser alumna en el Centro de Rehabilitación (Luis Braille), ver con la paciencia y esmero con que trabajan”, reflexiona sobre los motivos que la llevaron a anotarse en el profesorado.

Cuando Helga pasó por sus horas de práctica en la escuela de chicos ciegos lo hizo en el área de recursos tiflotecnológicos, donde los pequeños aprenden a manejar la pizarra, la máquina Perkins que es con la que escriben en sistema Braille entre otros recursos, pero sobre todo “que los ayudan en la lectoescritura”.

Este año se graduarán cuatro jóvenes de este profesorado que cursan el 4º año, y en un año más, quizás antes, quienes cursan 3º estarán ejerciendo su oficio de educar a chicos y personas ciegas y disminuidas visuales. Acuerdan  que es un gran desafío el asumido pero “donde se da mucho y se recibe el doble”.

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