Encuentro Nacional de Mujeres
Martes 11 de Octubre de 2016

Las paredes rosarinas se mancharon de reclamos

Infinidad de pintadas por donde pasó la marcha "hablan". Claman por derechos, disparan críticas y bronca, se erigen como contrapoder.

El trayecto de casi 40 cuadras que antenoche recorrió la marcha del Encuentro de Mujeres dejó marcas indelebles en la ciudad. En la esquina de Dorrego y Pellegrini, una pintada sintetizó el espíritu de la movida: "Las paredes son la imprenta de los pueblos". Así, fue ostensible que los grafitis no surgieron de voluntades caprichosas, sino que fueron una expresión deliberada que quiso quedar inscripta en la ciudad. Asumiendo que eso implicaría costos: propios, pero sobre todo ajenos. De hecho, en todo el recorrido no quedó limpia una persiana comercial, ni un muro de iglesia, un edificio público, un volquete, un banco, un quiosco de diarios. También se pintaron casas particulares. Y cada mensaje eligió un lugar: a los templos los anticlericales, los que reclamaban legalizar el aborto y repudiar a los curas pedófilos. A los Tribunales, los que pedían "basta de femicidios" o sentenciaban que "sin yuta (policía) no hay trata". A un instituto de fertilización, "basta de parir" y "aborto libre". Muchos apelaron al humor, otros a la amenaza. En conjunto, un hecho sin precedentes en la ciudad.

Con sólo reproducir el trayecto que el domingo a la noche siguieron más de 70 mil personas (básicamente mujeres), LaCapital pudo "leer" ayer una interminable cantidad de leyendas. Todas políticas, a su manera. Aunque cueste entender el registro de algunas.

La mayor parte de los grafitis quedaron estampados sobre Oroño, avenida Pellegrini entre el bulevar y Corrientes, por Corrientes, San Luis, Sarmiento y unas cuatro cuadras a lo largo de Santa Fe.

Los reclamos más sentidos por ese multitudinario colectivo de mujeres, tan diverso aun en su unidad, quedaron expresados en consignas como "Aborto legal para no morir", "Ni muertas ni presas por abortar", "Las ricas pagan", "No encubras abusadores", "Biología no es destino", "Mi cuerpo es mío", "Sin yuta no hay trata", "Ningún pibe nace hetero", "Basta de criar princesas y campeones", o "Basta de femicidios" y "Basta de travesticidios".

Hubo también gran cantidad de pintadas que recurrieron a la ironía, con toques de advertencia. Por ejemplo, la que bajo el busto de Dante Alighieri, frente al colegio homónimo, consignó que "El miedo va a cambiar de bando".

No faltaron las hilarantes, como "Somos gordas y feas y nos encanta", en sintonía con la de "La belleza mata"; o "Para la autogestión, masturbación"; o "Por esta torta dejás la dieta".

El tan declamado "empoderamiento" se vio expresado en pintadas como "Ni santas ni trabajadoras, brujas y luchadoras"; "Libres", "Ingobernables", "Mi cuerpo es mío", "Sexo débil es un chiste"; o "Antes puta que sumisa", "Soy muy puta y me encanta" y, a la vez, "Me gusta ser una zorra".

La Iglesia Católica como institución se llevó muchos palos, como de hecho quedó claro en los incidentes ocurridos frente a la catedral. "Unica iglesia que ilumina es la que arde", proclamó un grafiti sobre Pellegrini. Otro, sobre las paredes de la parroquia del Carmen, rezaba (es un decir) "Iglesia, basura, vos sos la dictadura". Y sobre el templo del colegio Misericordia, en San Luis y Oroño, "Curas pedófilos". Los contenedores de residuos mostraban una flecha: "Biblias, tirar aquí".

También abundaron las consignas contraculturales en sentido amplio (incluidas las que identificaron "comer carne" con la "heteronorma) y las anarquistas, que bregaban por la abolición del Estado como condición para la "caída del capitalismo y el patriarcado".

El machismo, en todas sus formas, fue blanco dilecto. Desde "Muerte al macho", hasta "Machete para el machote". Y la más ocurrente, la que no pasó desapercibida para ningún hombre: "Verga violadora, a la licuadora".