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Sábado 17 de Marzo de 2012

Las oportunidades que despierta la música en chicos y jóvenes

El trabajo en el aula como en las orquestas juveniles sorprenden por las habilidades que se estimulan desde el aprendizaje musical

En todos los años que he dedicado a la educación musical y al estudio e interpretación de este lenguaje, no ha pasado ni un solo día en que no me haya preguntado por la valoración que se le da a la música dentro de las escuelas: ¿Es realmente la música una materia de segundo orden en lo que debería ser un plan curricular ideal para los niños y las niñas de hoy? Estoy seguro de que no debería ser así, no sólo por lo aprendido desde mi propia experiencia sino también por aquello que sugieren los interesantes enfoques que vienen desde el campo de la psicología aplicada a la educación.

Ya en 1983, hace casi 30 años, Howard Gardner (de la Facultad de Ciencias de la Educación, Harvard) desarrolló su teoría de las Inteligencias Múltiples: siete tipos distintos de inteligencias entre las que se incluyen dos clases académicas típicas como la verbal y la lógico-matemática pero, además, y en el mismo nivel de importancia, otros tipos como la capacidad espacial (artistas plásticos, arquitectos), el genio cinestésico (deportistas, bailarines), el talento musical, las destrezas interpersonales y la capacidad "intrapsíquica" de armonizar la propia vida (religiosos, yoga).

Capacidades. Las actividades que promovemos los profesionales de la educación musical incluyen, por lo menos, seis de estas capacidades -dejando afuera la lógica ya que, personalmente, no estoy con los que dicen que la música es matemática-. En la práctica musical trabajamos no sólo este aspecto, sino también lo cinestésico al preparar los movimientos corporales, las posturas de manos, pies, espalda, al trabajar con el aparato fonador y con la respiración; estimulamos las destrezas interpersonales a la hora de la práctica de conjunto cuando, por ejemplo, algunos tocan la voz principal y los demás acompañan (para luego rotar roles), aprendiendo que cada uno desempeña una función única y necesaria en cada momento de la música y de la vida y que ésta puede modificarse.

A su vez, promovemos la capacidad espacial, una de las más importantes en la música ya que se trabaja desde el campo abstracto: la potencialidad de imaginar una obra musical como un discurso que contiene partes internas delimitadas y la posibilidad de elaborar frases musicales más pequeñas con sentido semántico propio, obliga muchas veces a nuestros alumnos a desarrollar ideas conceptuales abstractas que desarrollan su imaginación y fomentan su creatividad permitiéndoles visualizar mentalmente el espacio sonoro total de una obra musical.

Esta facultad tiene innumerables aplicaciones en todos los órdenes de la vida. Al hablar de discurso y relación de ideas entramos también en el campo de la lingüística y las implicancias de lo verbal y, finalmente, el aprendizaje de la música estimula también la capacidad "intrapsíquica", ya que siempre se la ha asociado a lo espiritual, al placer estético, a la armonía interna, y al mundo de las emociones y los afectos.

Tanto en mi experiencia en el aula como en el trabajo con las orquestas juveniles, no deja de sorprenderme la variedad de prácticas y habilidades que se estimulan a través de la música, la riqueza de opciones y oportunidades que enlaza nuestro arte.

Pregunta. Al escribir estas líneas pienso, por ejemplo, en Ramiro: un chico de 16 años, alumno de Oboe en la Orquesta Infanto Juvenil de Tablada, quien se encuentra frente a la necesidad de reforzar su autoestima día a día para conseguir tocar una frase muy corta que denominamos "solo" en el momento justo en que toda la Orquesta calla y debe vérselas con el atento silencio del público. La frase que toca tiene 15 notas y un trino (repetición rápida de dos notas vecinas). Su profesor le explica los aspectos técnicos necesarios para la frase, la estudia en su casa, la toca frente a sus compañeros en el ensayo, estando sólo en clases siempre le sale bien aunque en el ensayo grupal tiene días buenos y otros no tanto y a veces se desanima. Vuelve a intentarlo, relaja sus músculos, se fija una meta (tocarla en el próximo concierto), se compromete con lo que hace, se asusta pensando que sólo tiene una posibilidad de hacerlo bien y delante de tanta gente, jamás pierde de vista que debe ser claro para entregar su idea musical tal como la imagina. Finalmente, llega el día y, aunque todos confiemos en él, estamos expectantes porque como músicos conocemos las dificultades que se pueden presentar, sobre todo ante los nervios del momento. Y en ese lapso, en esos doce segundos en que Ramiro nos ofrece todo su trabajo, un "solo" afinado, fraseado, rítmico y bello, sentimos que todos hemos crecido con él y creemos definitivamente que el mundo es un buen lugar para estar. Entonces, los catorce profesores que allí trabajamos nos miramos, sonriendo, más tranquilos, mientras yo sigo pensando: ¿Es realmente la música una materia de segundo orden en lo que debería ser un plan curricular ideal para los niños y las niñas de hoy?

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