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Domingo 24 de Junio de 2012

Las obras de gobiernos caprichosos

Ganadora de la puja por los Panamericanos, La Punta es el reflejo de una provincia que asombra. Bella y delirante, la ciudad no escapa a las generales de un distrito con el sello de los Rodríguez Saá.

“La Punta es un capricho del Adolfo”. Así definió un sanluiseño, y ante La Capital, a la pequeña ciudad de 15 mil habitantes, fundada en 2003 por Adolfo Rodríguez Saá, que impuso a Rosario su candidatura como sede de los Juegos Panamericanos de 2019.

La frase es insolente hacia los punteños, familias de distintas provincias que hace nueve años se instalaron entre las sierras y la nada, atraídos por una vivienda que pudieran pagar, y que hoy están contentos con su vida y con el triunfo panamericano. Pero también tiene mucho de verdad.

La Punta es bella y delirante y no escapa a las generales de una provincia gobernada por cinco períodos por Adolfo, dos por su hermano Alberto y ahora por un funcionario del mismo color político. “(Claudio) Poggi es un poyo de los Saá”, bromeó, curiosamente, alguien cercano al oficialismo.

El rescate de esas expresiones no tiene que ver con el despecho luego de que Rosario perdiera la posibilidad de ser sede de los juegos ante una promesa de inversión de más de 2.000 millones de dólares, confirmada a este diario por la ministra de Deportes de San Luis, María Silvia Sánchez.

En todo caso, de ese traspié deberán hacerse cargo los funcionarios municipales y provinciales, que tanto han trabajado la Marca Rosario. Y que esta vez no hicieron caravana con empresarios ni lanzaron fuegos artificiales ni pudieron evitar, y esto sí es importante, la renuncia de su ministro de Seguridad, que en un real sincericidio dijo que no podía garantizar que se jugara un partido del Nacional B.

No. Las frases y también varias obras sólo dan cuenta de la política que reina en San Luis desde hace años. Una provincia para el asombro. Tiene récord de autopistas, diques y viviendas sociales en el país. Muchos se maravillan de eso, resultado de una decisión que por ley dispone que el 50 por ciento del presupuesto anual se destine a obra pública, el 25% a salarios (magistrados y funcionarios sufrirán ahora un plan de austeridad) y el restante 25 a gastos permanentes.

Pero pocos preguntan en manos de quién está la mayoría de las obras: la Sapem (sociedad anónima con un 99 por ciento de participación estatal), que gana licitaciones como ninguna y contrata directamente, y casi siempre, a la privada Rovella Carranza, que construyó la opulenta Casa de Gobierno de San Luis. Otro “capricho” del Bicentenario, pero éste de Alberto. Costó más de 200 millones de pesos y está a varios kilómetros del centro.

También es una provincia con un sólo diario en papel dirigido por la familia Saá y un canal abierto de TV inscripto como público y gestionado por el gobierno puntano.

Una provincia que contó durante años con una favorable coparticipación nacional y con un Plan de Impulso Industrial de una década, que se diluyó y por eso emigraron muchas empresas y miles de empleados quedaron desocupados. Una San Luis que tiene el récord en cantidad de casinos por habitantes y todo el juego, hasta la quiniela, están privatizados.

Una provincia con una planta de empleados estatales que se ha sostenido prácticamente en 28 años, pero con miles de pasantes y empleados a los que les pagan 885 pesos mensuales con un Plan de Inclusión. Y, finalmente, con obras fastuosas, vacías o poco visitadas y escoltadas por personal estatal.

Y un capricho más. El set blindado y de filmación de San Luis Cine (La Punta). Según un lugareño, costó como la autopista de doble mano e iluminada, de 280 kilómetros, que va del límite de Córdoba y San Luis a Mendoza.

Una provincia caprichosa por sus gobernantes pero donde sus habitantes, con justo derecho, continúan “soñando”. Como bien dice su eslogan para los Panamericanos.

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