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Sábado 24 de Mayo de 2014

Las manos, la herramienta más perfecta para pensar

Es con la que se hizo posible el pensamiento y se transformó al hombre y su mundo. Es con la que hoy se trabaja en laboratorios y talleres

Mal les habló entonces.

_Tengo una imagen de lo que hay que hacer...

Alzó una mano y se miró atentamente los dedos.

William Golding, Los Herederos (1955)

En Los Herederos, novela inclasificable como casi toda su obra, William Golding relata la migración anual de un clan de homo neardenthalensis hacia su habitual refugio de verano, en la cual se cruzan, por primera vez, con una nueva especie de hombres: los modernos homo sapiens (nosotros). En el difícil lance de imaginar una forma de pensar y de expresarse para nuestros hermanos neardenthales, Golding toma una interesante decisión de estilo: ellos hablan entre sí con una gramática correcta, pero exteriorizan su forma de reflexionar utilizando la palabra imagen para indicar una idea. Así, Golding imagina para su neardenthales un cerebro ya evolucionado, menos refinado que el nuestro pero con la capacidad de ver lugares distantes adonde podrían ir, hechos que no ocurrieron, que podían ocurrir, y cosas que no existían pero que se podían construir. Un cerebro capaz de pensar.

Casi sesenta años después que se escribiera Los Herederos, algunas de las opciones a favor de los neardenthales del premio Nobel de literatura de 1983 se revelan extraordinariamente pertinentes. Entre otras cuestiones, la hibridación entre homo sapiens y homo neardenthalensis que se insinúa al final del libro, considerada en aquel momento poco menos que una herejía, ha sido confirmada recientemente por estudios genómicos. Pero, ¿qué hemos aprendido en todo este tiempo sobre la evolución del cerebro humano?

Desde que tenemos memoria, hemos estado tratando de entender qué es lo que nos hace tan distintos al resto de los habitantes de nuestro planeta. También desde siempre, sabemos que hay animales más fuertes que nosotros, también más rápidos y más ágiles, pero que ninguno tiene nuestra inteligencia, ni nuestra habilidad manual. Nuestro cerebro y nuestras manos son acaso lo más distintivo de nuestra especie. El raciocinio y la laboriosidad.

La idea de asignar a las manos un rol en el desarrollo de nuestra inteligencia no es nueva. En el siglo V a.C., Anaxágoras lo expresó casi exactamente en esos términos. Aristóteles propuso más tarde lo contrario, que la inteligencia era la razón de poseer tales manos. Hoy, la moderna ciencia evolutiva considera que las manos son una de las más importantes prolongaciones del cerebro y que, gracias a ellas, éste ha podido desarrollar muchas de sus capacidades actuales, dándole más la razón al jonio que al estagirita.

Pensamiento abstracto. En la actualidad está bien establecido que el cerebro de nuestros antecesores se incrementó en tamaño y complejidad a través del tiempo hasta llegar a la moderna configuración del homo sapiens. Además de procesar la información que recibimos a través de nuestros sentidos, como lo hacen muchos animales, nuestro cerebro es capaz de producir pensamiento abstracto. ¿Cómo se desarrolló esta capacidad? Si observamos en detalle, vemos que algunos animales tienen la vista y el oído más agudos que nosotros y muchos otros un olfato enormemente más desarrollado, pero ninguno tiene la sensibilidad y la motricidad de nuestros dedos. Las áreas motoras y sensoriales relacionadas con la mano ocupan una región particularmente grande en la parte más moderna de nuestro cerebro, la corteza. La misma corteza donde se desarrollan todas nuestras capacidades intelectuales. Una de ellas, la estereognosia, nos permite reconocer un objeto a través de las manos, integrando en zonas relacionadas con la visión información táctil, y construyendo en nuestro interior un modelo "visible" de algo que no vemos. Esta misma capacidad nos permite imaginar cosas que pueden ser construidas con las manos o con las prolongaciones que hemos construido para ellas: las herramientas. Se ha propuesto que, evolutivamente, allí se encuentra el origen del pensamiento abstracto (imágenes, decía Golding).

Así, la técnica, la actividad humana más antigua, parece ser el origen de nuestra capacidad de pensar simbólicamente. Nuestras manos pusieron ideas en nuestra mente y nuestras ideas en el espacio; pensar, modelar, proyectar, se hizo posible en función de dibujar, moldear o construir.

Aquellas manos que hicieron posible el pensamiento y transformaron al hombre y su mundo, son las mismas que hoy trabajan y piensan en laboratorios y talleres, operando equipos y maquinarias salidas de nuestra imaginación y construidos por otras manos humanas. Las manos siguen siendo la prolongación más perfecta de nuestro cerebro y, aún teniéndolas un rato en el bolsillo, no dejamos de pensar con ellas.

Me propusieron que exponga algún argumento a favor de estudiar carreras de tipo científico-técnicas. Difícil tarea ya que son muchas y muy diversas. Se me ocurre que la única característica que poseen todas ellas en común es que requieren pensar con las manos. Tecnicaturas, licenciaturas, ingenierías, poco importa su nombre exacto. A aquellos que pretendan construir el futuro, les propongo considerar seriamente estudiar una carrera en la cual se usen las manos para algo más que para escribir.

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