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Sábado 18 de Octubre de 2014

Las malezas duras desafían a la SD en Estados Unidos

(Por Florencia Sambito / La Capital). _ Frente a la decisión de un sector de los productores de volver a la labranza, científicos advierten sobre los riesgos.

Quien más, quien menos, es un secreto a voces que muchos productores están volviendo a labrar sus campos para derribar a las malezas duras. En un artículo publicado por el "Corn and Soybean Digest", un grupo de científicos norteamericanos se refiere al dilema de la labranza frente a la problemática de las malezas.

"¿Necesitamos labrar o no?". Bryan Young, científico de la Universidad de Purdue, escucha a menudo esta pregunta de parte de los productores de soja del medio-oeste estadounidense, luchando con la resistencia a herbicidas y el "amaranthus palmeri". En partes del sur de ese país, la resistencia múltiple de "palmeri" ha forzado a los productores a incluir o intensificar la labranza, dice Young.

Del mismo modo, en el oeste de Kansas, la "kochia" resistente a glifosato llevó a productores trigueros a recurrir a esta práctica en suelos desérticos.

Pero antes de que los productores del medio-oeste apoyen el acero en el suelo para atacar a las malezas resistentes, el científico define como más importante el entender la biología de la maleza. Es cierto que la labranza afecta no sólo a las malezas emergidas sino también a la germinación y el banco de semillas. Pero la decisión de labrar debe balancear el control de malezas con la conservación del suelo. E igualmente importante es que quienes recurran a la labranza para controlarlas, adopten un programa de diversificación de herbicidas.

Young dice que es preciso "pensar en los patrones de emergencia de las malezas y el «timing» de la labranza, en primer lugar". Es importante considerar que la labranza para control de malezas es más agresiva que para manejo de residuos. De hecho, "las herramientas de labranza vertical pueden ser tanto un obstáculo como una ayuda en el control de las malezas", dice Monty Webb, de Southern FS Inc. "A menudo, la labranza vertical daña a las malezas pero no las mata". Mientras que el sistema radicular permanece intacto, las malezas dañadas no absorben bien el herbicida, por lo que son muy difíciles de matar, indica.

Por contraste, la labranza profunda invierte el suelo y entierra el 80 por ciento de las semillas de malezas debajo de la zona de germinación. "Si tenés un problema de «amaranthus», sabemos que una sola operación de labranza profunda para sepultar la semilla puede llevarnos a un nivel de situación manejable", dice Kevin Bradley, malezólogo de la Universidad de Missouri. "No es 100 por ciento efectivo, pero hay una reducción dramática".

Investigaciones anteriores desde la Universidad de Arkansas confirman esto, indicó Jason Norsworthy, científico del establecimiento. "Podemos quitarle algo de presión de selección a los herbicidas enterrando el banco de semillas", afirma. Además, eso permite que otras medidas de control de malezas funcionen mejor. "Por ejemplo, la labranza profunda combinada con cobertura de centeno corta la emergencia de Amaranthus Palmeri en un 93 por ciento en dos años, más del doble de reducción que con la labranza sola", explica Norsworthy.

EL ULTIMO RECURSO. Tanto Norsworthy como Bradley advierten que la labranza profunda como modo de controlar "palmeri" es una táctica de una sola vez. Y que no es 100 por ciento efectiva. Es posible reducir el banco de semillas con labranza pero "nunca vas a erradicar las semillas de malezas resistentes". Y una vez que la resistencia evolucionó, "casi nunca vas a dejar de tenerla".

Pasar el arado cada año sólo hará retroceder a las semillas resistentes de la zona de germinación, afirman.

Aunque la labranza profunda pueda ser efectiva, Morfeld señala que "no es práctico para nuestras operaciones agrícolas, hoy. Hemos cambiado nuestras prácticas y adoptado nuevas y útiles herramientas". Mientras que para algunos productores puede funcionar como una táctica a considerar, él advierte que debería ser usada como último recurso. "Es especialmente desolador ver a productores de muchos años en siembra directa volver con el acero a su suelo décadas después", agrega Morfeld, un no-tiller por 40 años. "De la noche a la mañana perdés todas las ventajas obtenidas con la siembra directa".

"Dado que la labranza profunda eleva el riesgo de erosión y destruye la estructura del suelo, nosotros no recomendamos esto en cualquier lugar", adhiere Bradley. "Sólo en situaciones propias de una pesadilla y paisajes que no sean altamente erosionables, puede hacer que un mal lote sea más manejable".

"Si se decide ir por esta ruta, que sea solo una vez y no lo dejen ponerse feo otra vez", recomiendan.

LAS VENTAJAS DE LA DIRECTA.

Porque la siembra directa deja las semillas de "amaranthus palmeri" cerca de la superficie del suelo, donde pueden germinar, algunos productores piensan lo peor de ella. "No tan rápido", advierte Young. Las semillas cerca de la superficie son más propensas a ser comidas por aves, insectos y roedores. Los cultivos de cobertura proveen un buen hábitat para estos últimos, resultando en predadores de semillas. La mortandad de semillas también es más alta en la capa superior del suelo, señala Young.

Investigadores de Georgia reportaron en 2013 que la persistencia de semillas de "amaranthus palmeri" estaba directamente relacionada con la profundidad de su entierro. Después de 36 meses, 9 por ciento de las semillas en la capa más superficial del suelo estaban todavía viables, mientras que el 15 por ciento de las semillas enterradas a 10 cm de profundidad aproximadamente, permanecían vivas.

En ambientes de labranza, es posible remover alrededor del 80 por ciento del banco de semillas de la zona de germinación, lo que alivia algo de la presión para el año siguiente. Sin embargo, es posible que al mismo tiempo se esté incrementando la longevidad de las semillas en el suelo para los años subsiguientes", afirma.

Los sistemas en siembra directa son más propensos a emplear programas diversificados de herbicidas que incorporen múltiples modos de acción, afirma Young. Esto ha sido confirmado por el Benchmark Study, un programa de investigación en varios estados de Estados Unidos, llevado adelante entre 2006 y 2010 en 154 sitios en el medio-oeste y el sur del país.

El estudio encontró que los productores de soja que suelen labrar, son dos veces más propensos a recaer sólo en el glifosato. Esto sugiere que "los sitios con más probabilidad de desarrollar resistencia son campos labrados", afirma Young. El mismo aconseja utilizar herbicidas residuales pre-emergentes y mezclas que sean efectivas en el problema de malezas, aún si se logra una limpia cama de siembra con labranza. "La labranza no puede ser un reemplazo para un buen programa de manejo de resistencias, correctamente integrado", afirma.

 (Fuentes: Bryan Young, Kevin Bradley, Jason Norsworthy, Monty Webb, y Stephen Morfeld)

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