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Domingo 17 de Julio de 2016

Las inundaciones no tienen una solución definitiva, sí mejorías

Hay que revisar el uso del territorio, del suelo. La impermeabilización por el corrimiento de la frontera agrícola, las obras clandestinas, las urbanizaciones, causan desastres aguas abajo. Falta crear comités de cuenca con poder real. Entrevista a dos expertos rosarinos.

Entre abril y principios de mayo de este año la provincia de Santa Fe sufrió las inundaciones más graves desde 1983. Un fenómeno de El Niño muy potente contribuyó decisivamente al desastre. El agua tapó, literalmente, media provincia. De 13,6 millones de hectáreas, Santa Fe llegó a tener inundadas casi 7 millones, según fuentes periodísticas y del sector agrícola. Las pérdidas, sólo en el ramo agropecuario, rozaron los 3.000 millones de dólares. No existe un registro fiable de los daños padecidos por miles de viviendas, rutas, cascos urbanos, redes de agua potable, etc. Ante la reiteración de estos "eventos extremos", como los llaman los científicos, los ciudadanos se preguntan si hay o no una solución definitiva. Y miran hacia los técnicos, los ingenieros hidráulicos en este caso. Para tener una respuesta rigurosa de esa disciplina, Más entrevistó a los responsables de un centro de investigación científica rosarino poco conocido pese al directo interés público de su trabajo: el Curiham, el Centro Rosario de Investigaciones Hidroambientales. La nota se hizo en un enorme galpón reciclado de "La Siberia". Los que responden son el director del centro, doctor Hernán Stenta, y el también doctor Gerardo Riccardi. Ambos son, además de investigadores, profesores del Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería y Exactas de la UNR.

—¿Hay una solución definitiva para Santa Fe o la geografía, la hidrología y demás factores la hacen imposible?

Stenta: es muy difícil definir una solución. Puede haber mejorías. En Hidráulica es muy difícil que con una obra se pueda garantizar la solución. Y esto haciendo abstracción del valor económico de las obras. Como la "señal de entrada" más fuerte que tiene la hidráulica es la lluvia, uno lo que hace cuando proyecta una obra es tomar una hipótesis de lluvia, de cuánto va a llover y sobre eso diseña la obra. Siempre puede venir una lluvia más grande.

—Como ocurrió ahora ...

—Sí, el sistema no estaba preparado para manejar esta lluvia. Sería muy difícil o costoso hablar de una solución permanente. Lo que sí hay para hacer son mejorías. ¿Se podría haber reducido el impacto de esta inundación? Sí, si se hubieran hecho más obras y se hubiera estado más presente sobre la población con sistemas de alerta, por ejemplo. Siempre hay que pensar que no hay una solución única, pero sí hay mejoras. Aparecen aquí dos grandes enfoques no contrapuestos: por un lado, las medidas estructurales, como un canal, una presa, un aliviador, y por otro las medidas no estructurales, que son las políticas. Por ejemplo: el aumento de impermeabilización del suelo aumenta el impacto de las lluvias, entonces hay o debe haber leyes que puedan limitar, regular, el uso del suelo. Eso son políticas. O la creación de un sistema de alerta de inundaciones. Si tengo un sistema dado, puedo mitigar el impacto y proteger a los pobladores. Son dos grandes lógicas: obras y medidas no estructurales. Por esto es muy difícil pensar en obras que terminen definitivamente con las inundaciones, que nos protejan de todas las lluvias, sería infinitamente costoso. Además, el relieve de Santa Fe es muy plano, lo que no ayuda. Normalmente se usa un cálculo de una recurrencia de lluvia extrema cada 100 años. Este criterio se usa para diseñar una obra. Es el caso del río Salado en la ciudad de Santa Fe. Luego de las inundaciones de 2003, con pérdida de vidas, se hicieron obras con este parámetro. Son obras que, básicamente, almacenan el agua y luego la bombean. Esto que se hizo en la ciudad de Santa Fe se puede aplicar allí donde hay población y riesgo de vidas. Pero es excesivo pretender extenderlo a las zonas agrícolas para evitar pérdidas económicas.

Riccardi: el problema de la convivencia entre el hombre y el agua fue históricamente conflictiva. Los lugares donde el hombre se ha asentado es cerca de los cursos de agua: allí hay riego, vías de comunicación, etc. Se plantea así una relación conflictiva. Vos hablabas de la calamidad de estas inundaciones de 2016. Por un lado, hay alteraciones del clima. Lo que parece seguro es que los eventos extremos, como grandes lluvias, se están dando con más frecuencia. Aunque el total anual de lluvia no tiene un aumento considerable.

—No es que llueven mil milímetros anuales más que antes.

—No, no. Hay años secos y años húmedos. Esto es algo que no puede manejar el hombre, conjuntamente con fenómenos como el Niño-Niña. Además, en los ultimos 40 años las líneas donde llueve igual (las isohietas de la escuela secundaria), se han movido 200 o 300 km hacia el Oeste. A todo esto hay que asociarlo con el modelo de país en el que estás viviendo. El modelo productivo, el modelo de asentamiento urbano, allí se puede agudizar el conflicto (entre el hombre y el agua), porque aparecen usos del suelo que impermeabilizan, que agravan las inundaciones pero a la vez favorecen a pequeñas unidades productivas, porque les sacan el agua más rápido. Aparecen así obras de canalización, autorizadas y clandestinas. En la Pampa Húmeda es muy grande la cantidad de canales clandestinos o al menos no planificados, donde está débilmente presente el Estado ante una acción de saneamiento individual. A lo mejor hay una ley que penaliza esto, pero no se cumple. Por otro lado, no somos ajenos al modelo agroexportador de los últimos 30 años, la producción de cereales y oleaginosas pasó —no recuerdo bien los números—, pero del orden de 30/40 millones de toneladas a estar arriba de 100 millones. Esto hizo que la frontera agrícola se fuera corriendo hacia el Oeste, y se cambió el uso del suelo. Suelos que se usaban tal vez para ganadería extensiva con bajos naturales fueron suplantados por nuevas unidades productivas. Eso produjo un aumento del escurrimiento. Y las inundaciones las padecen los que viven aguas abajo, como es obvio. El propio cambio del proceso (climático) está cambiando para más (húmedo), mientras debe haber regiones donde va en sentido inverso. Y a la vez se agudiza el uso del suelo. Luego está el uso del suelo en las ciudades. Argentina es de las naciones más urbanizadas. Vivimos amontonados en ciudades, más del 90% de la población argentina está en ciudades. Hay una tremenda presión sobre la infraestructura urbana que se traduce en mayor impermeabilización de la superficie. Las mejoras en pavimentos y demás infraestructura es algo que tiene que acompañar el crecimiento vegetativo de la población, claro. Pero este menú hace que el riesgo de inundaciones esté apareciendo muy seguido. A veces el nivel de inversión pública o de planificación no alcanza. Por ejemplo, hubo episodios muy fuertes en 2007, con unas tremendas inundaciones, en Rosario se inundó el barrio Nuevo Alberdi; luego en 2012, y ahora se sumaron las inundaciones locales y las ribereñas del río Paraná. Estas útimas no se pueden controlar, porque además tienen muchísima permanencia en el tiempo. El arroyo Saladillo inunda 10 días, el Paraná crece durante varios meses, inundando las zonas ribereñas. Todo esto se conjuga en la Pampa Húmeda, muy rica en lluvias, lo que es bueno. Y tenemos una vía de navegación, el Paraná, muy abundante en ecosistemas. Y bueno, nosotros vivimos ahí.

Stenta: Hubo hace muchos años una política de sacarse el problema de encima. La idea era "si llueve mucho en un lugar hago un canal y la corro". Eso hoy ya no se hace, la tendencia es tratar de que el agua se infiltre o quede en el lugar donde cae. Pero a la vez, antes, si había un bajo, el agua quedaba ahí, no escurría aguas abajo y no inundaba. Ahora, cuando ese campo se corta con un canal clandestino porque se siembra soja, el impacto es mucho mayor. A nivel provincial hay una ley, que se llama "de estabilización de aportes de la cuenca del Ludueña" (ley Nº 13.246 de la provincia de Santa Fe) que resumidamente plantea que cada emprendimiento en la cuenca Ludueña —y en la del Saladillo— se trate de un barrio privado o un parque industrial, genere una cantidad de agua, un caudal, igual al anterior a esa obra, a que fuera impermeabilizado ese lote. Esto obliga a hacer obras de almacenamiento, un reservorio dentro del lote. Una medida que no es la única solución pero ayuda y un caso concreto de una ley que está en vigencia.

—Riccardi: el rol del Estado es indelegable, imprescindible.

—Precisamente, ¿a ustedes, como especialistas, los consultan desde el Estado? Por ejemplo, el Ministerio de Aguas y Obras de Santa Fe cuando hace su plan de obras.

Riccardi: hay momentos en que sí, hemos trabajado por convenios, por contratación de nuestros servicios, hay momentos en que no. Desde la "academia" uno plantea escenarios más extremos de diseño que los de la obra que realmente se puede realizar. Hay así matices, muchas veces encontrados. Somos consultados muchas veces, pero de ahí a lo que se ejecuta...no llevamos un relevamiento de las obras ejecutadas. Somos de consulta cuando aparecen estas terribles inundaciones. Ahora justamente hay un pedido de convenio de la Municipalidad por el Aliviador Sorrento. Recordemos que cada nivel del Estado tiene sus organismos técnicos. Pero vuelvo a recalcar el rol del Estado en planificar el uso o explotación de la tierra, algo que escapa al tecnicismo de un hidráulico o hidrógolo, y proviene de una matriz productiva y ocupacional de un territorio. Por esto a veces se habla de ordenamiento territorial. Hay actores muy fuertes, como el sector inmobiliario, que si no tienen bien presente el rol del Estado hacen verdaderas impermeabilizaciones que serán problemas seguros en pocos años. Se opera sobre terrenos anegados, se presiona al Estado para que haga obras y luego se gana un valor agregado para el privado. En este tema todas las jurisdicciones están implicadas: el río Paraná es nacional, luego están el nivel provincial y los municipios. Todos estos deben intervenir. En la provincia hubo un intento de hacer lo que se llama un comité de cuenca.

—En Europa son instituciones fuertes los comités de cuenca, y tienen un comisario al frente, en el Sena o el Po, por ejemplo, que tiene poder de decisión final.

Riccardi: Claro. Por ejemplo en EEUU, en la ciudad de Denver, la unidad distrital de cuenca es un organismo muy poderoso que maneja sus fondos y decide. Acá, crear esa estructura es muy difícil, se forman los comités de cuenca, pero son organismos más bien consultivos sin poder directo, por ahora todos los organismos de decisión están en los ministerios respectivos, con peor o mejor criterio. Tomemos el caso de una autopista: la proyecta Vialidad Nacional. ¿Consulta a los estados provinciales?. Hay veces en que se consulta y otras que no. Esto en nuestro país no está muy aceitado. En las obras donde hay jurisdicción nacional, provincial y municipal, a veces hay consultas y otras no. Una ruta impide el escurrimiento, ¿cierto? Si hacés alcantarillas chicas, el que está aguas arriba tendrá más agua que antes; si son grandes las alcantarillas, se quejará el de aguas abajo. Cada actuación en sí misma es una decisión sobre el escurrimiento. Y en esto el único que puede tener la visión global es el Estado en sus distintas jurisdicciones.

Stenta: además, los límites de una cuenca no son los límites políticos. El río Carcarañá, por ejemplo. Si Córdoba tiene un evento de lluvia extrema, tiene que abrir los embalses. No digo que sean responsables. Pero esa masa de agua escurre por Santa Fe.

—Falta una autoridad superior a las provincias que escuche a las partes y después decida.

Riccardi: lo del Carcarañá es bueno citarlo, porque ahora hay una idea de formar un organismo de cuenca, pero está muy "verde". Hay que sentar a un montón de actores, ver cómo armar el organismo. Estamos en tratativas muy preliminares con autoridades de Córdoba para escribir "la constitución" del comité de cuenca. Es algo que no dará soluciones en el corto plazo pero es el modo de empezar. La solución o mitigación de estos problemas vendrá por ahí.


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Entre esclusas y canales

La sesión de fotos se hace en la planta baja del Departamento de Hidráulica, donde dominan una estructuras parecidas a un arroyo en miniatura. Son modelos en escala 1/18 de obras reales que se hicieron en el arroyo Ludueña, explican Stenta y Riccardi mientras se mueven con agilidad entre esclusas y canales que parecen de juguete. Describen con entusiasmo a sus criaturas: "Se hicieron antes que las obras, son modelos que sirven para ver cómo funcionará la obra final. A la obra real nosotros la llamamos prototipo". ¿Y no se pueden suplantar estos modelos por un programa que se "corre" en una computadora? pregunta con insensibilidad el cronista. "Nooo, jamás. En la computadora el modelo responde según los datos que yo le ingrese. Nunca podría darme todas las variables que me da el modelo a escala", responde Stenta.

El caso del Ludueña sirve para ilustrar mejor que ninguno los problemas complejos que afrontan las políticas hidráulicas. Stenta y Riccardi cuentan que el Curiham desarrolló un sistema de alerta de crecientes, incluidos los sensores remotos que se instalaron en la cuenca del arroyo. El sistema se entregó luego para su operación a las autoridades. Pero con los años llegó el deterioro de los sensores, mayormente por vandalismo: robo de cables, destrucción de los aparatos. El resultado es que hoy el sistema de alerta de crecidas del Ludueña funciona en forma parcial.

El instituto hizo asimismo estudios volcados en mapas con "manchas de inundación", en el área del casco urbano de Rosario afectada por el Ludueña. Los expertos exhiben los mapas, con líneas celestes que demarcan las zonas del noroeste rosarino en riesgo. "Desde el año 40 para acá el evento lluvioso es siempre el mismo. Lo que cambió es el uso del suelo: más impermeabilización, canales clandestinos, bajos 'pinchados' (o 'saneados'). Esto generó que con la misma lluvia caída haya impactos cada vez mayores y se necesiten obras cada vez más caras". Detallan: "Calculamos en los años 95, 2001 y 2009 las 'manchas de inundación' sobre el Ludueña. Es decir, hasta dónde puede llegar el agua de acuerdo a una probabilidad de ocurrencia de una lluvia tipo. Hicimos un mapa en el 95, a partir de la inundación del 86. Las manchas toman dos riesgos de probabilidades: en 100 años y en 500 años. Hubo obras en la cuenca, en 2001 se terminó la presa y se nos pidió de nuevo el trazado de las manchas en 2009. Se hubiera podido pensar que las manchas deberían haberse reducido, pero la última, de 2009, era más grande. Porque había cambiado la 'señal de entrada', el agua que trae el arroyo. Y eso no lo puede manejar Rosario sola, porque hay agua que viene desde la presa, del canal Ibarlucea, de Funes, etc. Pronto se va a terminar el Aliviador Sorrento, un conducto que va por debajo de esa calle y entra al Ludueña. Alivia al sistema, pero no alcanzaría para mitigar las inundaciones con este rango de probabilidad. Tenés que controlar el escurrimiento que llega a Rosario. Si no regulás el uso del suelo no habrá obra que alcance" reiteran los dos expertos.


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