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Sábado 25 de Mayo de 2013

"Las instancias narcocriminales son productoras de cultura"

El psicólogo Horacio Tabares advierte que muchos adolescentes ven como "un trabajo" posible vender drogas en un búnker

El avance de las actividades narcocriminales en el gran Rosario no son ya para el psicólogo Horacio Tabares una sorpresa. Sin embargo, llama la atención sobre un tema que en su opinión es poco investigado: "Estas instancias narcocriminales son productoras de cultura, que se va instalando letalmente en el imaginario adolescente". Lo que dice es para explicar de alguna manera la complejidad de un tema pendiente de la agenda educativa: los chicos cooptados por el narcotráfico y que no están en las aulas.

Tabares es psicólogo social, director del Instituto Vínculo, especializado en cuestiones de adicciones y violencias, de larga trayectoria de trabajo en el territorio. Convocado para ofrecer una mirada sobre la complejidad del hecho que desnudó aquella alumna de la secundaria que pidió permiso para salir antes de la escuela porque "trabajaba en un búnker de drogas" (LaCapital 28 de abril pasado), dice que "la noticia preocupa, pero no nos sorprende".

"Es parte de un proceso muy complejo que venimos observando en nuestra sociedad y que grafica el avance de la cultura «narco» en algunos sectores de la comunidad", entiende y recuerda aquellos "indicadores de este proceso como son los juegos que realizan niños en algunas escuelas donde reproducen escenas de la transa, o la manifestación de niñas que dicen ser ahora narqueras (o sea parejas de narcos)".

Impacto. Según comparte con La Capital, hace tiempo que estudian "el impacto de las actividades de las agencias narcocriminales en el tejido social". Habla entonces del "aumento de la distribución desreguladas de drogas en el conurbano rosarino", donde comenta que se estima que "en el gran Rosario hay cerca de 300 bocas de expendio". Por lo que —continúa en su relato— al haber sobreoferta de sustancias aumenta su consumo. Lo que deriva también en un crecimiento de "las situaciones de violencia y inseguridad". "Son inmensas masas de dinero de origen delictual que circulan corrompiendo instituciones y personas", sostiene.

De acuerdo con su análisis, si bien lo anterior es parte de las noticias cotidianas, lo poco investigado en este terreno "es el hecho que estas instancias narcocriminales son productoras de cultura, que fundamentalmente tiende a legitimar y promover sus siniestras actividades". "Esta cultura —profundiza en su visión— se va instalando letalmente en el imaginario adolescente primero, para luego difundirse al conjunto de la población".

Sentido del trabajo. Un rasgo de este panorama nuevo es "cómo se va licuando el sentido del trabajo como práctica productiva, y cómo se lo comienza a equiparar a actividades delictivas". Para el caso trae las frases de los chicos que "al choreo lo llaman «hacer un trabajo»".

De hecho de la noticia de la estudiante secundaria, uno de los aspectos que más había llamado la atención era "la naturalidad" con la que la joven se había referido a esa venta ilegal como "un trabajo".

Tabares suma a su reflexión que "las corporaciones de la droga instalan sus terminales (quioscos o búnker ) en zonas altamente carenciadas. Hacen pie allí cooptando a alguna familia que encuentra en esa actividad una forma marginal de subsistir".

Tal como describe Tabares, estas corporaciones narco "no sólo contratan a chicos que viven una condición crónica de sus necesidades más elementales, aquellos «nadies», cuyo nombre sólo aparece cuando merecen un lugar en las crónicas policiales, sino que les proporcionan una identidad. Efímera y gravosa, pero para algunos esos minutos de fama, de ser «duros y respetados» en la zona, de aspirar a la rumbosa vida del dealer, es mucho".

Para el educador e investigador en adicciones, si los narcos pueden crecer es porque "hay bolsones de privaciones y dolores, donde habitan hoy un quinto de la población rosarina", por lo que considera se vuelve necesario "resolver esa deuda social". Advierte que no son todas esas familias que padecen privaciones las que se embarcan en esos actos delictivos, pero que sí es donde "se amasan y crecen chicos que no tienen ni siquiera el derecho a soñar, que viven en la soledad y el desamparo material y simbólico". De allí que es posible preguntarse "¿Qué de extraño que alguno de ellos se sume al ilusorio narco?".

Qué hacer. ¿Qué se puede hacer? ¿Cómo enfrentar esta situación tan compleja? El psicólogo Tabares, que ha dirigido distintos cursos de capacitación con docentes, dice que "deben activarse políticas públicas que tiendan a eliminar el poder narco". Pero además que es necesario "gestar estrategias preventivas en la sociedad y en la escuela que aborden estos temas, que promuevan la salud individual y comunitaria, que restituyan el verdadero sentido de la vida laboral, que gesten condiciones para la convivencia y el respeto hacia las diferencias y los derechos humanos".

Y sobre todo —remarca hacia el final de su análisis— "que se apele al protagonismo de la gente y particularmente de los adolescentes y los jóvenes para gestar una sociedad más justa y equitativa, que merezca ser vivida".

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