El Mundo
Lunes 27 de Junio de 2016

Las fracturas que provoca la globalización

Diversos casos que se asemejan: la fractura del kirhcnerismo Argentina, el Brexit en Gran Bretaña y las situaciones de Italia, Venezuela, España y Estados Unidos.

Desde el kirchnerismo en la Argentina de la primera década de los 2000, cuando los términos de intercambio más favorables en un siglo permitieron construir un proyecto hegemónico, hoy en ruinas, al impresionante terremoto del Brexit y, mucho más modestamente, a la Italia que vota en masa a una joven candidata por ser "antipolítica" y partidaria de la transparencia en una ciudad arrasada por la corrupción (Virginia Raggi en Roma); de la Venezuela destrozada por la política económica del chavismo al Brasil del poslulismo y la España de Podemos (que sigue lejos de dar el batacazo tan anunciado y ansiado por muchos medios) a los Estados Unidos de Donald Trump, típico populista de derecha que arrasa en el "cinturón del óxido".

Todos estos casos y otros que podrían fácilmente sumarse, sea entre países emergentes como en el mundo desarrollado, hablan de una polarización política global. Vigente y en auge pese a que ya pasó el cenit del neopopulismo en América latina. El cambio brusco que se dio en la región el último año podría dar una impresión equivocada de lo que sigue ocurriendo a escala planetaria.

La cuestión de fondo está, como siempre, en los cambios que impone sin dar descanso la economía globalizada. Que no espera a que las sociedades le den su visto bueno, como todos los grandes fenómenos socioeconómicos y tecnológicos de la Historia: ocurre, avanza, casi como un fenómeno geológico.

Es al menos tan potente, la actual globalización como la primera, la de la segunda mitad del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, que cambió el mundo para siempre. Y en paralelo con los fenómenos económicos se dan las migraciones, al igual que en aquella primera globalización, con las tensiones que estos movimientos de multitudes siempre desencadenan (el Brexit es en gran medida una reacción a la inmigración excesiva de los últimos años, que sobrecargó los sistemas de salud y educación públicas).

Nada muy diferente ocurre en "el continente", como llaman los británicos a Europa. Esta nueva globalización es percibida como causa de malestar y crisis en los —todavía— países centrales: EEUU y Europa. Y por efecto de la centralidad que Occidente ocupa en la formación de la agenda informativa global, queda muy poco visible la otra cara de la globalización: esos muchos cientos de millones de asiáticos que han pasado de la supervivencia a niveles de vida de clase media en apenas una generación. Esto pasa en China, como es sabido, pero también en India, Filipinas, Indonesia, Tailandia, Vietnam, Singapur y muchas otras naciones asiáticas.

Este boom económico y social simplemente no está presente en el registro occidental y latinoamericano. Por acá solo se habla de "la crisis social que causa el capitalismo global", en el maniqueo estilo enunciativo de nuestros gurúes progresistas. Siempre indignados, siempre subidos al púlpito.

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