Centros de salud
Sábado 12 de Noviembre de 2016

Las enfermedades crónicas son una epidemia que va en aumento

Se trata de hipertensión, diabetes, obesidad, dislipemia y patología renal. El municipio puso en marcha dispositivos específicos de detección.

En Rosario, 9 de cada cien personas tienen diabetes, 30 sufren hipertensión arterial, 40 tienen sobrepeso y seis tienen dislipemia (alteraciones en colesterol y triglicéridos). Como consecuencia, la red de Salud Pública de la Municipalidad, en dos años, incrementó en un 15 por ciento la captación de pacientes diabéticos en los centros de salud barriales; y en los últimos cinco años detectó a más de 3.500 personas con enfermedad renal crónica, un déficit severo en el funcionamiento de los riñones que, sin tratamiento, lleva al paciente a requerir diálisis o trasplante.

Si bien el escenario no escapa a las estadísticas nacionales, e incluso mundiales, el coordinador de Especialidades Clínicas del municipio, Claudio Alonso, advierte que "las enfermedades crónicas no transmisibles son una epidemia que va en aumento".

El envejecimiento poblacional —nada menor ya que la expectativa de vida pasó de 66,5 años en 1970 a 76,16 años en 2014—, la alimentación, el sedentarismo, el estrés y las condiciones de vida son los principales factores que se ponen en juego a la hora de analizar cada una de las patologías que están teniendo un comportamiento epidémico en la ciudad. Y justamente allí apuntarán las actividades que desde el lunes se llevarán adelante en la red de salud municipal, en el marco de la Semana Saludable, con prevención y detección precoz (ver aparte).

Los hábitos de vida, consumo y alimentación, además de las condiciones sociales, son para los médicos "determinantes" a la hora de explicar la aparición de estas enfermedades que, si bien "siempre estuvieron", admite Alonso, "ahora tienen un impacto de características epidémicas que va en aumento".

Sin embargo, el director de la red de centros de salud del municipio, Fernando Vignoni, agrega que, "además del incremento, se dan cambios en los patrones de presentación de estas enfermedades, entonces la hipertensión, que antes era habitual en pacientes a partir de los 40 años, ahora aparece entre los 30 y los 35 años, más aún si se suman otro factor que es el sobrepeso".

Captación. La detección precoz de estas patologías es "fundamental", aseguran ambos profesionales, y, en ambos casos, desde diferentes dispositivos, salieron "a la caza" de nuevos pacientes. "Son enfermedades silentes, lo que provoca que se cursen sin sintomatología y, cuando ésta aparece, está en un nivel mucho más avanzado y difícil de abordar", señala el médico.

La red de centros de salud atiende 600 mil consultas al año —a las que se suman otras 900 mil en enfermería—, y a 300 mil pacientes, de los cuales la relación es de cinco mujeres por cada hombre, lo que marcaba con fuerza la necesidad de atraer a los varones.

En 2013, con 5.700 diabéticos ya incorporados al sistema y con medicación, se puso en marcha un dispositivo de detección y captación activa de nuevos pacientes, así en dos años el número se incrementó en un 15 por ciento y actualmente son 6.732 —mayoritariamente varones— los que reciben medicación y seguimiento de esta patología.

En la red se atienden, además, 17 mil hipertensos, 6.200 pacientes con dislipemia y otros 3 mil que sufren de las tres patologías.

"Lo importante no sólo es el control, sino además los análisis complementarios", plantea Vignoni, y pone como ejemplo los controles oftalmológicos anuales (fondo de ojo) para los diabéticos, lo que previene nada menos que la ceguera.

Otras patologías. Sin embargo, las afecciones crónicas con la diabetes, la hipertensión y la obesidad condicionan la aparición de otras enfermedades, advierte el coordinador de Especialidades Clínicas, y refiere a enfermedades coronarias, accidentes cerebrovasculares y la enfermedad renal crónica.

En ese último punto, la Secretaría de Salud llevó adelante entre 2011 y 2015 un dispositivo que consistió en el chequeo de la función renal en más de 103 mil pacientes de entre 50 y 70 años —incluso menores de esa edad con pedido médico—, y relevó a más de 3.500 personas con un déficit severo.

"Esta también es una patología silente", recalca Alonso, y agrega que "la detección precoz de este déficit permite no sólo mejorar la calidad de vida, sino que en el 80 por ciento de los casos se logró estabilizar la función renal de estos pacientes que, de no ser tratados, terminan requiriendo en el futuro ser sometidos a diálisis o incluso a un trasplante para sobrevivir".

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