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Domingo 27 de Mayo de 2012

Las dos soluciones heterodoxas para Europa

La tormenta griega se agrava, y los países de la Eurozona han creado equipos de crisis para diseñar medidas en caso de que Grecia salga del euro y entre en default. El efecto dominó seguramente llevaría a pedir un "rescate" a la ya muy golpeada España y a la sobreendeudada Italia, tercera economía de la zona euro. El euro quedaría en ruinas.

La tormenta griega se agrava, y los países de la Eurozona han creado equipos de crisis para diseñar medidas en caso de que Grecia salga del euro y entre en default. El efecto dominó seguramente llevaría a pedir un "rescate" a la ya muy golpeada España y a la sobreendeudada Italia, tercera economía de la zona euro. El euro quedaría en ruinas.

El debate sobre qué hacer, que se encarna en Hollande y Merkel, consiste en si se debe estimular a la economía mediante un mix de mayor gasto público y más emisión de deuda, con ambas medidas enderezadas, prometen, a crear empleo y obra pública realmente útil (en lugar aeropuertos y centros culturales vacíos, como en la España eufórica de los años de Aznar y Zapatero).

La visión alternativa de Berlín —pero también de Estocolmo, Viena y las demás naciones ricas del norte de Europa, que son las que tienen que poner el grueso del dinero en los rescates—, es que el problema europeo de fondo reside, precisamente, en un exceso de gasto público, lo que deriva en déficits crónicos que a su vez generan una deuda cada vez más ingobernable. La crisis financiera y bancaria de 2008 fue sólo el disparador de este problema estructural. Valga un dato como ejemplo: el Pacto de Estabilidad que precedió a la creación del euro se firmó en 1997 y estableció el conocido límite de 3 por ciento de PBI para el déficit fiscal. Ese límite fue violado 60 veces en pocos años.

Como se ve, la propuesta "heterodoxa" tiene dos componentes: uno monetario y otro fiscal. Y una cosa es que el Banco Central Europeo emita euros y bonos europeos, algo que "mutualizaría" la deuda, y otra bien diferente es subir impuestos por encima del ya altísimo nivel actual, como hará Hollande en cumplimiento de sus promesas de campaña.

La propuesta de emitir euros, de dar "liquidez", seguramente se concretará tarde o temprano. El BCE seguirá a su colega americana, la Reserva Federal, apoyado en el hecho no menor de que emite una moneda dura (el euro y el dólar son las dos únicas monedas de atesoramiento global). Esta emisión se llama, con marcado eufemismo, "flexibilización cuantitativa" ("quantitative easing", o QE). Los analistas explican que esto generaría un poco de inflación, algo bienvenido porque licuaría la montaña de deuda y alejararía el riesgo actual de deflación. En cualquier caso, este planteo cuenta con abundante literatura científica y antecedentes históricos a favor. Figuras muy respetadas, como Monti y el economista Kenneth Roggoff, entre muchos otros, impulsan la "flexiblización cuantitativa" a la europea.

Pero la suba de impuestos para recuperar "el crecimiento y el empleo" que plantea Hollande aparece como francamente contraproducente con esos objetivos. El francés quiere reducir el déficit fiscal sólo subiendo impuestos. A los que ganan más de un millón de euros anuales —que en Europa son muchos— les quiere quitar el 75 por ciento de ese dinero. La barrera baja al 45 por ciento para quienes ingresan 150.000 euros, cifra que ganan muchos profesionales y empresarios pyme. También propone crear más cargos públicos en Educación y Salud, sin ninguna reducción en otras áreas. Francia ya cuenta con casi 100 empleados estatales por cada mil habitantes. Y arrastra una deuda del 90 por ciento de PBI. Su último superavit fiscal fue en ¡1974! Ese año la deuda pública era del 22 por ciento del PBI, dato que ratifica que el problema de Europa es su tendencia a gastar mucho más de lo que recauda. ¿Puede una economía, sea una desarrollada y diversificada como la francesa o cualquier otra, sobrevivir a una carga fiscal de, pongamos, más del 60 por ciento? No parece lógico, pero Hollande está montado en la ola emotiva que produce la caída del nivel de vida de los europeos a partir de la crisis de 2008. Desde entonces han caído 10 gobernantes. El último fue Sarkozy. Poco antes fue el turno de Zapatero. Hollande no quiere seguir el mismo destino.

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