El Mundo
Miércoles 31 de Agosto de 2016

Las dos condenas de Rousseff, de la prisión de la dictadura a la pérdida de su mandato

Rousseff, de 68 años, fue la primera mujer elegida presidente en la historia de Brasil y la segunda dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) que llegó a la primera magistratura, de la mano del fundador de esa fuerza política, Luiz Inácio Lula Da Silva.

Dilma Rousseff, la "Dama de Hierro" que soportó tres años de prisión y largas sesiones de tortura por enfrentar en los años 70 a la dictadura militar, ha caído; su segundo mandato fue interrumpido por el Congreso, que la condenó por fraude fiscal en el presupuesto, aunque ella misma se ha encargado de rescatar su biografía.
Rousseff, de 68 años, fue la primera mujer elegida presidente en la historia de Brasil y la segunda dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) que llegó a la primera magistratura, de la mano del fundador de esa fuerza política, Luiz Inácio Lula Da Silva.
"El momento más feo de la tortura es cuando está por comenzar; luego, es la no vida".
Con fama de mujer de temperamento, economista, militante política y bautizada por la juventud del PT como "Corazón Valiente", consiguió en su primer mandato edificar un perfil sustentado en su capacidad para manejar los datos y los números de su gestión.
Apuesta política de Lula en 2010, Dilma Vana Rousseff asumió la candidatura a la jefatura del Ejecutivo después de haber ocupado los ministerios de Minas y Energía y de la Presidencia durante los ocho años de gobierno de su padrino político.
Hija de un inmigrante búlgaro socialista y de una docente brasileña, Rousseff se convirtió, después de 35 hombres que la precedieron en el cargo, en la primera mujer en gobernar el mayor país latinoamericano.
Calificada también de "dura" por su fuerte carácter, Rousseff pudo convivir con el peso político dejado por su antecesor, para muchos el líder más carismático de la historia reciente del país. Ella misma se refiere a su fama de dura, de "gerentona general" diciendo que es una visión machista.
"Dicen que soy dura cuando parece que estoy rodeada de hombres débiles"
Su llegada a la gestión estuvo precedida por una juventud de militante política. Estudiante del Colegio Central de Belo Horizonte, su ciudad natal, a los 16 años se incorporó a una organización trotskista y más tarde formó parte de la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, que combatió contra la dictadura militar que tomó el poder en el país en 1964.
Fue capturada en San Pablo a fines de 1970, y soportó tres años de encarcelamiento. Durante 22 días seguidos fue torturada.
"El momento más feo de la tortura es cuando está por comenzar; luego, es la no vida", dijo la mandataria, quien se enorgullece de haber mentido bajo tortura para evitar delatar a sus compañeros.
Su asunción a la Presidencia, el 1 de enero de 2011, agradó a los mercados por sus antecedentes como ministra y su perfil profesional de orientación económica, y como jefa del Estado Rousseff logró un primer gobierno exitoso, con la tasa de interés bajando por primera vez en la historia al 7,5% y el desempleo en el piso de 4,8%, pero con resultados opacos en el PIB.
Su mayor logro fue profundizar los planes sociales hasta que Brasil fue declarado fuera del Mapa del Hambre de la ONU.
En 2013 enfrentó las manifestaciones de junio, conocidas como una reacción popular en reclamo de mejores servicios que fueron el germen de su caída de popularidad y de la falta de respuestas que su gobierno dio -también por culpa de sus aliados- a una reforma política.
En 2014, en la apertura del Mundial, desde las plateas más caras, salió el grito en el partido inaugural, Brasil-Croacia: "Dilma, que te den por el c...". Fue el divorcio con las clases medias urbanas de San Pablo y Rio de Janeiro sobre todo.
Sin embargo, logró la reelección en 2014 por el menor margen de la historia brasileña, en segunda vuelta y tras una violenta campaña que costó oficialmente 23 millones de dólares: su publicista de campaña fue detenido por lavar 4,5 millones de dólares de la empresa Odebrecht, uno de los ejes del caso de corrupción en Petrobras.
En su gestión, la seguidora del club Atlético Mineiro de Belo Horizonte -su ciudad natal- y del Internacional de Porto Alegre -su cuna política- superó exitosamente retos económicos como la desaceleración del crecimiento, que pasó de 7,5% en 2010, el año anterior al inicio de su mandato, a una tasa inferior a 1% proyectada para 2014 y logró también bajas en los índices de pobreza, indigencia y trabajo infantil.
Para mantener el control inflacionario dentro del límite máximo fijado por el gobierno, Rousseff tuvo que invertir la trayectoria de descenso de los intereses en su primer año de gobierno, que llegaron con 10 reducciones consecutivas al histórico mínimo de 7,25% anual, y elevarlos al actual 11%.
Otro de sus desafíos fue afrontar denuncias de corrupción que salpicaron a miembros del gobierno y en su discurso fue dura en defender las investigaciones que la llevaron a pedir la dimisión de siete de sus ministros.
Ante las protestas multitudinarias que se desataron en junio de 2013, motivadas por el alza de los pasajes de colectivos en San Pablo y luego multiplicadas por otras reivindicaciones, Rousseff hizo frente y dio la cara ante la situación, con propuestas para una serie de pactos como la reforma política.
Asumió su segundo período de gobierno a principios de 2015, acaso el año de mayor convulsión para la clase política brasileña, con escándalos de corrupción que cruzaron a dirigentes de todas las fuerzas políticas, intrincadas investigaciones judiciales e intervenciones del Poder Legislativo que sumieron al país en una crisis institucional.
El asunto de mayor atención para el público fue el Petrolao, los delitos en torno a la petrolera estatal. Sin embargo, no fue por ese caso que se impulsó el juicio político a Rosusseff, sino por supuestas irregularidades en la asignación de partidas presupuestarias que para la oposición constituyen delitos.
Detrás de esa mujer con imagen de gobernante "dura" hay otra que se recuperó de un cáncer en el sistema linfático, y una abuela dulce cuando está con su nieto Gabriel, de cuatro años, jugando en los jardines del Palacio de la Alvorada o en Porto Alegre, donde vive su hija.
Residente de Brasilia luego de haber sido ministra de Energía y jefa de gabinete de Lula durante ocho años, se acostumbró a andar en bicicleta y en su segundo mandato hizo una dieta del argentino Maximo Ravenna. Llegó a andar por las noches de Brasilia en una Harley-Davidson con un ex ministro amante de las motos.
Pero como ella siempre fue de gestión y administrativa, no era muy tolerada por el mundo político, entre ellos por su propio partido. Tal vez no pertenecer a esta clase y andar más libre para tomar decisiones incómodas haya ayudado a su caída.

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