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Lunes 28 de Noviembre de 2016

Las desventuras del aeropuerto de Rosario

El aeropuerto de Rosario no tiene paz. Nunca la tuvo. Hasta hubo épocas en las que sólo se podía viajar a la ciudad en hidroavión porque no había una pista asfaltada.

El aeropuerto de Rosario no tiene paz. Nunca la tuvo. Hasta hubo épocas en las que sólo se podía viajar a la ciudad en hidroavión porque no había una pista asfaltada. Recién en 1972 se terminó de construir el aeropuerto, pero desde esa inauguración parece estar hechizado por una serie de poderes maléficos: el centralismo porteño (preexistente a la Nación y que nunca fue doblegado), el patriciado santafesino (que persiste en su mediocre disputa con Rosario) y desde 1998 el lobby Aeropuertos Argentina 2000 (el holding que se quedó con la concesión de 33 estaciones aéreas del país, menos la de Rosario y Sauce Viejo que permanecieron en manos del Estado santafesino). Tres factores que frenaron y frenan el desarrollo del aeropuerto local. Si a esto se le suman las malas gestiones y la impericia de muchos de quienes han estado al mando del aeropuerto de Rosario, son demasiadas adversidades para obtener buenos resultados. El único dato positivo es la fuerte demanda de Rosario y su región en el mercado aerocomercial: es históricamente la segunda plaza del país en emisión de pasajes aéreos internacionales.

Difícil realizar un análisis contrafáctico sobre si fue correcta la decisión tomada en los 90 por el poder político provincial de excluir a las estaciones aéreas de Rosario y Sauce Viejo del paquete de privatizaciones. Pero lo que sí se sabe es el precio que tuvo y tiene que pagar la terminal aérea rosarina por transitar un camino autónomo y no estar bajo el paraguas de AA 2000. La falta de vuelos internacionales durante el gobierno kirchnerista es sólo un botón de la muestra. Otro es la más que escasa (durante los años anteriores) o directamente nula (en la actualidad) inversión del Estado nacional en el aeropuerto local. En septiembre pasado, el gobierno nacional anunció un plan de inversiones de 23.000 millones de pesos para remodelar 19 aeropuertos, en donde no figuran Rosario ni Sauce Viejo por no estar bajo la concesión. ¿Y si la clase política santafesina toca timbre en la Casa Rosada para pedirle a Macri que no discrimine a las terminales de esta provincia?

Mientras tanto, cruje la infraestructura del aeropuerto de Rosario. Los pilotos advirtieron el miércoles pasado sobre serias fallas en la operatividad. La plataforma donde estacionan los aviones padece serias roturas, por lo que estos deben ser remolcados desde y hasta la pista de rodaje por la gran cantidad de piedras sueltas. Las autoridades del aeropuerto responsabilizaron por estos inconvenientes al "incremento del tránsito aéreo". Durante años se peleó para contar con más vuelos, y resulta que ahora el aeropuerto tiene numerosos problemas de infraestructura para recibirlos. En el tenis esto se llama errores no forzados.

Así las cosas, tras la temporada de verano el aeropuerto estará cerrado durante un tiempo para reparar como mínimo la plataforma.

Frente a este panorama, y hasta ahora sin apoyo nacional, el gobernador Miguel Lifschitz anunció en junio pasado un plan general para mejorar el aeropuerto de Rosario, que incluye una nueva terminal para vuelos internacionales, por un monto de 450 millones de pesos. La obra contempla la instalación de dos mangas de acceso a los aviones, como hace ya tiempo tienen otros 14 aeropuertos del país (Córdoba desde 1978).

Pero este positivo anuncio para Rosario provocó la inmediata reacción del establishment de la capital provincial. Con el intendente Corral a la cabeza, exhibió toda su furia porque no se habían anunciado simultáneamente obras en la terminal de Sauce Viejo. Exigieron "un tratamiento igualitario" y hablaron de discriminación. Días después, Lifschitz anunció obras en el aeropuerto de Santa Fe. La gran diferencia es que esta última inversión la pagará el Estado provincial (para no perder la costumbre), ya que la autarquía de la terminal de Sauce Viejo es parcial: la tasa aeroportuaria que recauda no le garantiza fondos ni siquiera para cubrir sus gastos operativos. En cambio, el de Rosario se autofinancia, y gran parte de la obra se realizará con dineros propios.

Con todas estas adversidades, se entiende por qué al aeropuerto de Rosario le cuesta despegar.

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