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Viernes 12 de Septiembre de 2014

Lágrimas de cocodrilo inundan AFA

Cuando jugadores, cuerpos técnicos y dirigentes dicen que los clubes tienen que tener mayor presencia en la AFA, sugieren que las instituciones pueden obtener beneficios de la casa mayor del fútbol.

Cuando jugadores, cuerpos técnicos y dirigentes dicen que los clubes tienen que tener mayor presencia en la AFA, sugieren que las instituciones pueden obtener beneficios de la casa mayor del fútbol. Tácitamente, y sin ponerse colorados, reconocen que los partidos se pueden y se deben ganar en los escritorios.

O al menos que existen mayores chances de que así sea cumpliendo con el siempre remunerativo ejercicio del lobby. La mayor y más patética expresión es Boca, que entra de guapo en la calle Viamonte y exige cambios todo el tiempo. En realidad, el club que preside Daniel Angelici construye poder a partir de asumir esa postura. Y los demás ya aprendieron que el que no llora no mama y cada martes van por más. Desde la muerte de Julio Grondona, el fútbol argentino es un loquero de proporciones inimaginables que no hace más que demostrar que siempre se puede estar peor, o lo que es mucho más escalofriante: aquello no era tan malo.

En medio de esa postura histérica de los clubes, los árbitros, de muy flojo desempeño en general, vuelven a transformarse en el pato de la boda. El ejemplo más acabado es Racing, que anda a los gritos por todos lados por los arbitrajes en el clásico y ante Lanús, pero no hace ninguna referencia al penal inexistente que le dio la victoria ante Arsenal por la cuarta fecha. Lágrimas de cocodrilo inundan la AFA.

 

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