Colisión fatal
Domingo 26 de Marzo de 2017

"Por favor, decime que el colectivo no es el de la Metro..."

Cómo vivieron los familiares la tragedia. Los primeros minutos, la incertidumbre y la desesperación. Historias que no se cuentan.

"¡Por favor, decime que no es el de la Metro...!" La voz de Graciela (57) mamá de Agustina, sonaba desesperada en el teléfono. Del otro lado de la línea, quien la atendió en la seccional de policía no se animaba a darle precisiones. Afuera, Miguel (61) padre de la víctima, escuchaba las sirenas de los bomberos y empezó a inquietarse. Después, fueron horas de una angustia inexplicable.

   Agustina, como todos los que estuvieron ese día en los coches de Monticas y Metropolitana (da lo mismo, la empresa es una) es la protagonista excluyente. Pero detrás de cada caso están las otras historias, las de los familiares desesperados, que no sabían dónde estaban sus parientes, si habían tomado o no esos colectivos, la certeza posterior de que eran víctimas, la impotencia de saber si estaban con vida o no. Esas otras historias que en general no se cuentan.

   Viernes 24 de marzo. A un mes de la tragedia de la ruta 33, los Barzi esperan a La Capital en la puerta de la casa del camping de la Sociedad Italiana de Zavalla. Miguel es encargado del predio; Graciela hace trabajos de costura. La familia se completa con Miguel Angel (32) y Juan Manuel (27), aunque lo dos varones ya están en pareja, independizados.

   "Yo estaba trabajando en el camping, era plena temporada de pileta, cuando escuché pasar a los bomberos. «Uh, una más», pensé en ese momento, porque cuando pasan con las autobombas uno piensa en seguida en un accidente", recuerda Miguel. Pero entonces se acercó Graciela y le dijo que algo había pasado, que habían chocado dos colectivos y que Agustina no contestaba el celular, pese a que ya le había mandado al novio un mensaje diciéndole que estaba en camino.

   


Desesperante


Lo que vino después fue desesperante. "Cuando mi esposa me dijo eso perdí el control. Tuvieron que llamar a un médico, estaba completamente alterado", recuerda Miguel. Y sigue: "Después fuimos con el novio de Agus hasta el lugar. La policía no nos dejó pasar. Mejor. Vi los colectivos, ya sabía que mi hija estaba allí, alguien nos había avisado que la habían subido a una ambulancia", rememora.

   Cerca de ahí, la chica le daba a los paramédicos el teléfono celular de la madre y el fijo de la casa para que les avisaran y les dijeran que se quedaran tranquilos. "Estaba toda quebrada pero su preocupación era que nosotros no nos preocupáramos", dice la madre con orgullo y emoción. Después, los llamaron desde el hospital Provincial de Rosario para avisar que la chica estaba allí y fuera de peligro. "Yo no les creía nada", confiesa el padre.

   "Antes de eso, yo vi pasar al camión de rescate, y pensé: «Esto es algo grande». Llamé a la comisaría, me dijeron que habían chocado dos colectivos. «Por favor, decime que no es la Metro (como llaman en Zavalla a Metropolitana). No me querían decir nada. ¿Qué iban a hacer? ¿Decirme que mi hija estaba arriba?", justifica Graciela el comportamiento de los uniformados. Y reflexiona: "Pensar que uno se queda tranquilo cuando sabe que los hijos ya están arriba del colectivo, camino a casa".

   


Vacaciones incompletas


Otro que lo vivió desde lejos y con desesperación fue Juan Manuel, el hermano. Estaba con su novia y una pareja amiga en Pinamar. "Mi amigo, que es de Pérez, me mostró una foto del accidente. Le mandé un mensaje a Agus, pero vi que no le entraba. Ella era la única que viajaba siempre por esa línea", se acuerda. Su hermano Miguel le respondió el mensaje de manera esquiva. Juan tomó coraje y llamó a su madre, que "estaba con un ataque". Decidió volver.

    Cuando Agustina se enteró del retorno, preguntó: "¿Por qué vuelve Juan de las vacaciones?". Todavía no terminaba de darse cuenta de lo que había pasado, aunque ya le había preguntado a la madre cuántos muertos había, algo que a Graciela le asombró: "Yo ni sabía que había tantos muertos".

    Mientras tanto, las noticias se sucedían en los medios, el accidente era ya un tema nacional. Pero los Barzi durante varios días no quisieron ni escuchar, ni mirar. "Fue un horror", resume hoy la madre.


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