Opinión
Martes 26 de Julio de 2016

La violencia y la cultura patriarcal

Igualdad de género. Cuando una mujer denuncia siempre debe ser escuchada, atendida y no revictimizada.

El mayor obstáculo para erradicar la violencia hacia las mujeres es la naturalización de esta violencia, amparada en la desigualdad estructural de poder que existe entre las mujeres y los varones. Estas pautas culturales están muy arraigadas en las sociedades, por eso es tan difícil el reconocimiento de la violencia como una violación de derechos y, por lo tanto, un delito.

La violencia está rodeada de prejuicios que condenan a las mujeres justificando a los hombres violentos.

Escuchamos aún hoy decir que las mujeres se "quedan al lado del maltratador porque les gusta", "que es una cuestión de parejas", "que cualquiera puede perder el control y seguro ella algo habrá hecho para que eso pase". Estos mitos y prejuicios solo contribuyen a perpetuar y reproducir la violencia hacia las mujeres.

La cultura patriarcal se esconde en los estereotipos e invisibiliza a las mujeres, las priva de derechos. Estos estereotipos aparecen en cada momento: en la escuela, televisión, radio, arte, crianza de niños y niñas, elección de juegos y juguetes, cuentos que leemos. Están en nuestra cultura y se los acepta como algo natural. Los estereotipos reproducen relaciones entre hombres y mujeres poco respetuosas, poco solidarias y con desigualdades en el trato.

Por eso cuando una mujer se atreve a denunciar, se atreve a correrse de los roles asignados tradicionalmente, el de mujer sumisa y obediente, es juzgada por la sociedad, incluso por las propias mujeres que están atravesadas por esta cultura patriarcal, y se la acusa de mentirosa, culpable, buscona y oportunista.

Nunca debemos olvidar que la violencia de género en cualquiera de sus formas (física, psicológica, sexual, económica o simbólica) es un delito y que como tal debe ser condenada y que no reconoce fronteras, clase social ni edad.

Cuando una mujer denuncia siempre debe ser escuchada, atendida y no revictimizada. En el transporte público (taxis, colectivos, etcétera) pueden ocurrir diversas formas de violencia de género como el acoso sexual, abuso, manoseo, intimidaciones, apoyadas. etcétera.

Tenemos que trabajar para eliminar prejuicios, mitos y estereotipos y construir una cultura igualitaria, que garantice para todas las mujeres todos los derechos.

Comentarios