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Lunes 31 de Octubre de 2011

La violencia tiene nombres y apellidos

La violencia es el abismo de la razón. Y el escenario de la cobardía. En el que las víctimas son siempre las mismas, y los victimarios también. Los hinchas aferrados a una escala de valores buscan una explicación a la represión inconcebible. Como así a la existencia, permanencia y convivencia de los barrabravas.

La violencia es el abismo de la razón. Y el escenario de la cobardía. En el que las víctimas son siempre las mismas, y los victimarios también. Los hinchas aferrados a una escala de valores buscan una explicación
a la represión inconcebible. Como así a la existencia, permanencia y convivencia de los barrabravas.

Sin embargo los funcionarios políticos, las autoridades policiales y los directivos de los clubes no ofrecen respuestas. Sólo recurren al libro sepiado de las excusas habituales. Donde todos abrevan. De allí parten como
siempre las teorías conspirativas del poder. Hipótesis de conflicto, la denominan los altos mandos, cada vez más bajos. Mientras que los dirigentes, que en muchas ocasiones no dirigen, mantienen a rajatabla la infame teoría del barrabrava bueno. Ese que se pasea por las entrañas propias del club como si se tratara del socio más honorable.

En el medio de este contexto están ellos, los ciudadanos con sentido común que acuden a un estadio a ver un partido de fútbol. Los mismos que llegaron con la ilusión de poder ganar el juego y se fueron con el temor de
perder la vida. Los mismos que ahora observan cómo los hipócritas juegan al Don Pirulero, donde cada cual atiende su juego, en el que algunos ganan, mientras la sociedad pierde.

Esta vez la película la exhibieron en Newell’s. Pero no es nueva. Es una remake que ya ni siquiera entretiene. Lo que viene es conocido, remanido, absurdo y obscenamente transparente. Porque seguro que un nuevo expediente se instruirá en algún juzgado. Nuevas declaraciones se formularán dentro y fuera de los tribunales. Reuniones se organizarán en diferentes despachos. Y el final será el mismo. La violencia seguirá. Es
que la violencia ayuda a vivir a estos, a perdurar a aquellos y le sirve a los otros para que no se hable de su impúdica impericia.

La violencia es funcional para las minorías. ¿Y la gente de bien? Bien, gracias.

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