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Domingo 06 de Noviembre de 2011

La víspera de Bonfatti y Fein

"Yo no soy (Hermes) Binner". Así se presenta el gobernador electo de la provincia, Antonio Bonfatti, cada vez que le toca encabezar una reunión con dirigentes radicales, sus socios en el históricamente convulsionado Frente Progresista santafesino que, ahora como casi siempre, ingresó en etapa de discusión por los cargos en el gabinete.

"Yo no soy (Hermes) Binner". Así se presenta el gobernador electo de la provincia, Antonio Bonfatti, cada vez que le toca encabezar una reunión con dirigentes radicales, sus socios en el históricamente convulsionado Frente Progresista santafesino que, ahora como casi siempre, ingresó en etapa de discusión por los cargos en el gabinete.

Bonfatti dedicó —junto a la intendenta electa de Rosario, Mónica Fein— varias horas de la semana pasada para cauterizar heridas adentro mismo del Partido Socialista, como una forma de no tener fisuras a la hora de la madre de todas las negociaciones con la UCR. El ministro de Gobierno sabe que deberá conducir la gestión sin el liderazgo natural que tiene Binner, pero además haciéndose cargo de una realidad institucional muy compleja. El peronismo dominará las dos Cámaras, Santa Fe es una de las pocas provincias opositoras al Ejecutivo nacional y, en la Legislatura, los socialistas deberán acordar cada uno de los proyectos con sus socios del Frente.

Una de las grandes novedades que traerá el gabinete (salvo alguna ulterioridad) es el ascenso de Rubén Galassi al cargo de ministro de Gobierno, una apuesta de máxima de Bonfatti al privilegiar la militancia del hoy secretario de Información Pública por sobre la experiencia de otros referentes en las lides de conducción de una cartera estratégica para la relación con los factores de poder y, fundamentalmente, con intendentes y presidentes de comuna de diverso signo político.

En las últimas horas Bonfatti se encargaba de blanquear el nombre del periodista ante los socios frenteprogresistas, instancia que sería el desencadenante para avanzar en otros ministerios. Desde el socialismo se encargan de aclarar que están dispuestos "a compartir espacios de poder con el radicalismo, atento a la nueva lógica: Bonfatti no es Binner y, efectivamente, han cambiado algunas circunstancias institucionales". Traducido, esto significa que integrarían segundas y terceras líneas con más referencias extrasocialistas.

Pero, el camino hacia el acuerdo llega soliviantado por voces de desconfianza, mensajes cruzados y algún que otro escandalete. Sin ir más lejos, el gobernador Binner acusó explícitamente al radicalismo por los nombramientos en la Dirección Provincial de Vialidad (DPV), un episodio que consideró "lamentable" y "vergonzante". Binner levantó la voz por la ausencia de concursos para designar al personal y mandó al radicalismo al lugar de "los que piden cargos sin importar los antecedentes y las aptitudes de quienes los van a ocupar", según consignó una fuente calificada de la Casa Gris a LaCapital

La durísima estocada de Binner se produjo horas después de que el radicalismo le vaciara un par de reuniones a la mesa política del Frente Progresista y antes de que, el lunes, intenten verse las caras unos y otros. Los cortocircuitos entre la UCR y el socialismo han sido una constante desde el mismo momento en que se consagraron como socios. Jamás la sangre llegó al río, pese a que los preanuncios vinieron cargados de rayos y truenos.

Aunque el senador provincial radical Rodrigo Borla amenace con un paso al costado de la UCR a la hora de compartir el poder, desde otras esferas partidarias subestiman ese tipo de apreciaciones y hablan de "la necesidad de mantener el Frente Progresista".

Otro clásico de la política santafesina tiene que ver con las peleas intestinas en el radicalismo que, casi siempre, le dejan la mesa servida al socialismo para operar con tranquilidad en el cuerpo disperso del partido de los de boina blanca. "Eso es una gran verdad. Llegamos siempre divididos para que el socialismo nos caranchee sobre la bandeja", fue la muy gráfica descripción que hizo ayer un dirigente de la ciudad capital, atento a las agresivas declaraciones del vicegobernador electo, Jorge Henn, contra Mario Barletta (ver página 14).

Al tiempo que Bonfatti aumenta la velocidad de las reuniones para llegar al 11 de diciembre con la grilla de funcionarios completamente integrada, en Rosario Mónica Fein navega con mayor tranquilidad. La intendenta electa decidió mantener en funciones al eficiente Fernando Asegurado como secretario de Gobierno.

Los cambios que Fein busca definir en las próximas horas tienen que ver con Hacienda, Salud y Planeamiento, secretarías de las que se alejarán sus actuales responsables. La futura jefa del Palacio de los Leones intenta darle una impronta propia a lo que será su gestión, aunque reduciendo el margen de internismo con el sector que responde a Rubén Giustiniani. Por eso, se mantendría el nombre de Omar Saab en Obras Públicas y se impulsaría la reelección de Miguel Zamarini como presidente del Concejo Municipal. "La gran movida de las últimas semanas tiene que ver con la unidad partidaria tras las internas con Giustiniani", admiten cerca de Fein.

Los socialistas rosarinos aguardan que el radicalismo defina cuál será la posición respecto al gobierno que viene, atento a que en su interior conviven dirigentes de mayor o menor feeling respecto al Frente Progresista. En el marco de las confirmaciones, por ahora se mantiene Claudio Demarchi como secretario de Información Pública por más que Bonfatti lo reclame como el sucesor de Galassi en el área provincial. Para los oficialismos santafesino y municipal esas dependencias tienen una importancia vital. La comunicación política es una de las grandes prioridades de esas administraciones.

Entre señales de unidad interna y juego de filo, contrafilo y punta en la relación con los radicales, el socialismo inaugurará el 2012 con una tríada de responsabilidades que pocos neutrales hubieran admitido hasta hace poco: gobernar la ciudad de Rosario durante más de 20 años, conducir la provincia de Santa Fe y encabezar la oposición a nivel nacional. No es poco.

 

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