Escenario
Viernes 23 de Septiembre de 2016

La Vela Puerca: "Esta banda creció con el público"

El líder del grupo, sebastián teysera, habló sobre los 20 años de carrera del combo uruguayo. mañana tocan en el anfiteatro

El líder del grupo, sebastián teysera, habló sobre los 20 años de carrera del combo uruguayo. mañana tocan en el anfiteatro

"Todo el mundo nos decía que era imposible vivir de una banda de rock con amigos", recuerda el líder de La Vela Puerca, Sebastián "Enano" Teysera, sobre los primeros días del grupo. Sin embargo, aquella pequeña utopía se convirtió en realidad, y ahora La Vela está girando para celebrar sus 20 años de carrera, que se cumplieron exactamente en diciembre pasado. El combo que se completa con Sebastián "Cebolla" Cebreiro (voz), Santiago Butler y Rafael Di Bello (guitarras), Nicolás Lieutier (bajo), Carlos Quijano (saxo), Alejandro Piccone (trompeta) y José Canedo (batería) tiene seis discos de estudio editados y fue la punta de lanza del fenómeno del rock uruguayo, una escena que llena estadios y vende miles de discos en Argentina. Como parte de los festejos por sus dos décadas, la banda se presentará mañana, a las 21, en el Anfiteatro Municipal. Antes de llegar a Rosario, el "Enano" Teysera habló con Escenario sobre la evolución de la banda desde sus comienzos hasta la explosión del éxito. "Siempre fuimos de a poco, tratando de vivir el presente", aseguró.

—¿Cómo es el show por el festejo de los 20 años?

—Es un show un poco conceptual. Quisimos hacer un viaje hacia atrás, hacia el pasado. El show está dividido en bloques de cinco o seis canciones que representan a un disco. El viaje es hacia atrás: empieza con " rase", nuestro último disco, y sigue con "Piel y hueso", "El impulso", "A contraluz", "De bichos y flores" y "Deskarado", nuestro álbum debut. También hay una escenografía nueva que va a acompañar ese concepto.

—¿Por qué creés que La Vela Puerca se ha mantenido unida durante 20 años y siempre con un gran nivel de convocatoria?

—Son varias cosas. En primer lugar está nuestra relación con la gente, que es especial porque esta banda creció con el público. Lo nuestro no fue caer como paracaidistas mediáticos, como algo que se impone. Fuimos creciendo con el público y el mismo público nos fue guiando por este camino. Es una historia de empatía donde la base es la credibilidad. También es importante lo que refleja la banda, que es lo que somos: un grupo de amigos que no tocábamos ni el timbre cuando empezamos y que creció peleando por un sueño que en cierto momento se hizo realidad. Esta banda nace de una amistad. Y cuando hubo alguna discusión o alguna tormenta, como pasa en todos los grupos, volvimos a retomar el vínculo desde la amistad. Se discute, se habla, se conversa mucho, y todo se arregla en base al respeto y al valor que se le da a la amistad en sí. Todos dijimos en un primer momento: nunca vamos a dejar de ser amigos por el hecho de habernos convertido en compañeros de trabajo.

—¿Qué aprendiste vos como persona en estas dos décadas?

—Tantas cosas, sobre todo a tener paciencia (risas). También aprendí a valorar el esfuerzo de los demás. La relación con la banda es la única que me ha durado 20 años (risas). También fui viendo cómo cada uno fue ocupando su rol para aportar su granito de arena, y aprendí cómo funciona el trabajo en equipo. He aprendido cosas que me han servido para la banda y la vida en general.

—¿Cómo te llevás con la edad y el paso del tiempo?

—Re bien, me encanta. Yo soy como los japoneses, que aman a los viejos porque son como unas enciclopedias vivientes. Me llevo bien con el hecho de envejecer. Es sinónimo de crecimiento y experiencia. Pero también me gustaron la adolescencia y la niñez. Cada etapa tiene su encanto. Ahora trato de ser un joven-viejo (risas).

—¿Los comienzos de la banda fueron muy sacrificados?

—Yo no lo veo así. Estábamos todos en una especie de parque de diversiones gigante, y con una rebeldía tremenda. Todo el mundo nos decía que era imposible vivir de una banda de rock con amigos, que era imposible vivir de la música en Uruguay. Y toda esa cosa negativa, cuando a uno le mojan la oreja, nos hizo reaccionar. No creo que los comienzos hayan sido muy sacrificados ni tediosos. Fueron como una gran aventura, lo vivimos de esa manera, y yo lo recuerdo con muchísimo cariño.

—¿Recordás el primer recital de la banda, en diciembre de 1995?

—Lo recuerdo bien. Fue en el bar El Tigre, que quedaba en la esquina de la casa del bajista y era el bar donde siempre nos juntábamos a soñar con tener una banda de rock. Fue el primer lugar que nos prestó un enchufe para mostrar las poquitas canciones que teníamos. Lo hicimos con una inocencia y una inconsciencia tremendas. Y eso nos jugó a favor para llegar a cumplir 20 años juntos. Si ese día hubiésemos dicho: "Queremos durar 20 años", seguramente no lo hubiéramos logrado. Lo recuerdo con esa inocencia de juntarte con tus amigos y decir: "Che, estuvo bueno esto, ¿por qué no lo hacemos otra vez?". Y así fue día tras día, año tras año, disco tras disco, siempre tratando de vivir el presente, que es la única manera de construir el futuro.

—¿El éxito les produjo un sacudón en determinado momento? ¿Cuál fue la primera sensación allá por el 2005, 2006, después de actuar en Obras y en el Luna Park por primera vez?

—A nosotros nos pasó todo muy rápido. Esa época fue muy vertiginosa. Pero nosotros queríamos disfrutar del momento, y tratamos de mantenernos en ese lugar. Cuando fuimos a hacer Obras por primera vez llenamos dos veces, y después nos decían "ya, ya tienen que hacer un Luna Park". Y nosotros dijimos "pará, vamos a hacer un Obras de nuevo, vamos a disfrutar de este escalón". Fuimos de a poco. No éramos tan ambiciosos como para querer estar ya en equis lugar. Nos decían "¡Tienen que ir a River!". ¿Y después de River a dónde vas, a Marte? No estábamos buscando llegar a algún lado. Estábamos disfrutando lo que nos pasaba en ese momento.

—¿Alguna vez pensaron en instalarse en Argentina?

—No, porque la banda prácticamente nació con hijos. A los dos años que surgió la banda el bajista ya había tenido a su primera hija. Si no hubiera habido hijos en ese momento capaz que hubiese sido una decisión certera. Sabíamos que el trabajo iba a ser más arduo viviendo en Montevideo, pero tampoco teníamos apuro. La verdad es que mudarnos todos, conseguir escuela para los niños y todo eso hubiese sido muy complicado.

—¿Vos venís de una familia de músicos? ¿Cómo fue tu desarrollo musical?

—Sí, en mi familia había músicos, aunque no se dedicaran profesionalmente a la música. Mi padre estudió piano en el Conservatorio durante 15 años, mi abuelo tocaba cualquier instrumento que cayera en sus manos, y mi bisabuelo era poeta y hacía guiones de teatro. Cuando yo era chico, mis juguetes, además de los autitos, eran los instrumentos de música. De hecho le armé muchos instrumentos a mi padre.

—¿Qué se escuchaba en tu casa?

—Los Beatles, los Rolling Stones, Zitarrosa, Los Olimareños, mucho folclore, muchas canciones españolas. Mi madre era profesora de sevillanas. También escuchábamos a Serrat y muchos cantautores de protesta.

—Algunos aseguran que las bandas uruguayas que tienen éxito en la Argentina es porque tienen influencias del rock argentino, por eso la gente las asimila más rápido. ¿Vos lo ves así?

—Sí, algo tiene que ver. Nosotros somos como una esponja. Nos criamos escuchando rock uruguayo, desde Los Shakers hasta Los Mockers; también rock brasileño, grupo como Titas y Paralamas, y obviamente el rock argentino fue fundamental: los Redondos, Sumo, Soda, Virus... Es innegable que esa influencia está en nosotros y que la gente se da cuenta y siente una empatía. Cuando las bandas uruguayas empezamos a ir a Buenos Aires, a los argentinos les picó una pequeña curiosidad por algo nuevo, porque ellos nunca habían escuchado rock uruguayo. Creo que toda esa escucha recíproca enriqueció mucho al rock del Río de la Plata.

—A pesar de todo lo que hicieron juntos, ¿qué les queda pendiente?

—Nos han pasado tantas cosas hermosas que sería un poco egoísta reclamarle algo al futuro. Nos gustaría seguir haciendo canciones, que son los nuevos desafíos de los que se alimenta esta banda. Queremos seguir jugando a la música como todos estos años, divirtiéndonos y pasándola bien. Ese es nuestro sueño.

—¿Se ven juntos dentro de 20 años?

—No sé, yo tendría 63 años (risas). Lo único que espero es que algún día venga un buen amigo, de esos de verdad, que tenga la valentía de decirme: "Enano, por favor, no hagás más papelones arriba de un escenario" (risas). Eso sería fundamental. Creo que tengo los amigos suficientes como para que alguno me diga la verdad.

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