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Sábado 11 de Mayo de 2013

La universidad pública y los lazos que fortalecen la integración regional

La titular del Convenio Andrés Bello, Mónica López Castro, resaltó la preocupación por la calidad educativa.

Mónica López Castro es la nueva secretaria ejecutiva del Convenio Andrés Bello (CAB). Una de las primeras tareas que tomó fue visitar la Universidad Nacional de Rosario (UNR) para analizar en forma conjunta los trabajos que se vienen sosteniendo y coordinar nuevas propuestas de investigación, en especial dirigidas a la integración regional. En charla con La Capital, recordó que el CAB tiene como meta principal "fortalecer los lazos de integración regional". Se trata de organización intergubernamental conformada por 12 países, y con sede en Bogotá (Colombia).

Distendida y sorprendida por la arquitectura local, menciona que ya conocía la Argentina, pero era la primera vez que llegaba a Rosario. Mónica López Castro fue viceministra de Educación de Colombia, un perfil técnico —dirá en la charla— que se buscaba para presidir el CAB, "y darle una reactivación misional".

—¿A esas razones de integración apuntan también su visita a la UNR?

—Es eso. La UNR es la universidad —junto a una chilena— que ha mantenido una frecuencia y una estabilidad mayores en el tema de la cátedra Andrés Bello. Entonces en esta reactivación misional es que empezamos a tomar contactos con las 121 universidades que son parte de la red de universidades que trabajan con el convenio. Buscamos volver a afianzar los lazos. Además, la función de la cátedra tiene mucho que ver con la investigación alrededor de la integración. Recordemos que se han generado alrededor de la geopolítica de la región muchas nuevas formas de integración, con el Mercosur, la Unasur, etcétera. Pero aún estamos muy inquietos por saber cuáles son los resultados reales de la integración en el plano de lo social. Entonces es allí donde las universidades ganan un papel muy importante.

—¿La idea es buscar respuestas comunes a problemas comunes? Por ejemplo, la cobertura de la matrícula escolar ya no es un problema generalizado en la región, como sí lo es retener alumnos y asegurarles calidad educativa.

—Tal cual, es así. Nosotros tenemos ahora como mandato trabajar en el tema de ciudadanía, a través de un plan que se llama "Saberes para la ciudadanía". Es para todos los países firmantes del convenio, y que en este momento estamos discutiendo con los ministros. El CAB busca influir en las políticas, en el debate por la calidad educativa (de la educación básica a la superior) a través de programas y de investigaciones. Se trata de un ida y vuelta, para que se puedan tener programas que lleguen a las escuelas y a las universidades, y desde allí hacer investigación que revierta en la política pública. Por otro lado, es verdad que los indicadores de cobertura en la región —en general— han aumentado y muy bien. Sin embargo en educación media es donde hay más crisis en relación a la deserción. Es una preocupación en los 12 países del convenio, porque tienen a los chicos en la escuela hasta los 12, 14 o 15 años (según los países) y luego empiezan a irse. Creo que aquí hay que hacer un trabajo muy importante, en relación con cobertura sobre todo en educación media; y en relación con la calidad hay una buena cantidad de preguntas, como: ¿Por qué los chicos durante el espacio que están en la escuela no están teniendo los desempeños que cada país espera?

—Sobre este aspecto de la calidad educativa en la escuela media, ¿qué se analiza en los países del CAB?

—Hace poco tuvimos una reunión en Bogotá, donde también participó la Argentina, sobre tablas de equivalencias (diseños curriculares). Hay que saber que el CAB tiene un gran liderazgo generando tablas que permitan que los niños circulen entre los países miembros (equivalencia de títulos) de educación preescolar, primaria y media. Y allí pudimos dar cuenta que hay una idea común en que los niños adquieran un muy buen desempeño básico en matemática y lengua hacia el grado 6º (11 o 12 años de edad). Y que sí hay una diferencia muy grande en lo que corresponde a escolaridad media. Hay una variedad en la región muy grande respecto de la denominación y fines del currículo, algunos son más bien vocacionales, otros se apoyan más en las disciplinas como la física, por ejemplo.

—Usted mencionaba la meta de trabajar en un programa de ciudadanía. Algunos autores vinculan este concepto con fortalecer las identidades.

—Sí, es así, pero con un ingrediente más que es el de la integración. Es decir, si nosotros vamos a trabajar como Convenio Andrés Bello, que tiene 12 países iberoamericanos (también está España) y estamos hablando de una ciudadanía hay que trabajar primero en el tema de la interculturalidad que es muy importante para la región, y para eso es necesario abordar el de identidades. Pero, ¿cómo contribuimos a una identidad, por ejemplo, de nuestros países? ¿Cómo realmente la región se reconoce en ella misma, y no en países de primero y segundo grados?

—¿Cómo se puede aportar desde la formación docente a este proceso?

—Hay un programa que el CAB tenía y queremos reactivar que se llama "Enseñanza de la historia". La potencia de esta propuesta es que se trabajó con escuelas de fronteras, por ejemplo Argentina-Paraguay o Ecuador-Colombia. Se trabajó en esas zonas de fronteras, sobre cómo "esa otra historia" nos une como latinoamericanos para tratar de recuperar identidad. Y probablemente buscarnos así un poco más en lo que han sido los propios procesos de transformación.

—¿En qué centra el CAB su mayor interés respecto de la educación superior?

—Por ahora, la mayor preocupación está en la acreditación. Por ejemplo, nos preocupa saber cómo se acreditan programas de educación superior de muy baja calidad. También ver que la oferta que se esté brindando a los chicos de nuestros países sea ajustada y contextualizada, que responda a intereses propios, no que tengamos agricultura en una zona que no es agrícola. También cómo la agenda de los países se mueve alrededor de la calidad. Además, y en relación a todo esto, tenemos en la región el resurgir de los estudiantes pidiendo respuestas para la educación superior, como es el caso de Chile y hasta de la misma Colombia. Es un fenómeno muy interesante. En la agenda del convenio también está sobre todo el tema de la calidad y cómo la universidad responde al contexto de necesidades de los países, sin son en este sentido productivas, y si la agenda se las están imponiendo o éstas responden a los intereses propios.

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