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Domingo 06 de Octubre de 2013

La ¿última? voltereta de Berlusconi

Crisis a la italiana. El Cavaliere pasó en pocas horas de exigir la caída del gobierno de Letta a sostenerlo. Debería retirarse de la política por el bien de su país

El partido de Silvio Berlusconi formó parte del gobierno del premier Enrico Letta desde que nació el pasado 28 de abril. Pero ahora el Cavaliere estaba decidido a hacerlo caer. El motivo: la Justicia lo ha condenado por fraude fiscal y en consecuencia lo despojarán de su banca de senador. Cuando el pasado miércoles comprobó en el Parlamento que perdería la votación de confianza pedida por el premier, retrocedió a último momento y votó positivamente, protagonizando una de las más grotestas derrotas políticas que se hayan transmitido en directo por la televisión. La sonrisa de estupor de Letta al escuchar las palabras del Cavaliere ya es la imagen emblemática de una época que termina, o que debería terminar. En los días previos, y de forma rídicula, Berlusconi se escudó en un aumento del 1 por ciento del IVA para ordenar la retirada de sus ministros del gobierno de coalición y anunciar su voto contra el Ejecutivo. Era evidente que únicamente buscaba torpedear al gobierno en represalia porque había sido condenado por la Justicia, por primera vez en "forma definitiva" y en consecuencia debía afrontar su expulsión del Parlamento. Fue condenado a cuatro años por fraude fiscal, reducidos a uno de cumplimiento efectivo y con el ulterior beneficio del arresto domiciliario. La ley prohibe con toda razón que un condenado a dos años o más desarrolle actividades políticas institucionales, como las de legislador. Pero para los berlusconianos extremistas y para el propio líder se trata una conspiración de la magistratura. Berlusconi ha dicho reiteradamente que en Italia ya "no existe la democracia", que "no hay más Estado de derecho". Porque él fue, finalmente, condenado. Un torpe "relato" construido para desacatar los efectos políticos (y de ser posible, penales) de una sentencia de Casación, máxima instancia judicial en la materia. La teoría conspirativa del berlusconismo es indigna del menor análisis. Esto no quiere decir que una parte consistente de la magistratura italiana sea de centroizquierda: los afiliados al movimiento de ese sector, Magistratura Democrática, no son pocos, así como no son pocos los jueces conservadores y los independientes. De ahí a ver una conspiración que llevaría más de 20 años activa y que inició contra Berlusconi decenas de juicios penales, hay un abismo incolmable.

Por fortuna ha habido una reacción de supervivencia y racionalidad de una parte relevante del partido de Berlusconi, que tomó conciencia del carácter incendiario y "kamikaze" de la orden del caudillo de hundir al gobierno en represalia por su condena judicial y su inminente expulsión del Senado. Hubo incluso un capítulo aún más grotesco una semana antes. El 26 de septiembre, y mientras Letta estaba de visita en EEUU tratando de "vender" la imagen de una Italia ordenada y unida, Berlusconi reunió a sus legisladores en su mansión y les hizo firmar una promesa (o amenaza) de renuncia en masa en caso de que fuera expulsado del Senado. Algo nunca visto en la historia de las democracias europeas y una verdadera vergüenza para Italia. Esa demencial movida desencadenó rápidamente la crisis, cerrada pocos días más tarde por el mismo Berlusconi, pero derrotado en toda la línea. El rol del presidente Giorgio Napolitano en lograr este retroceso público de Berlusconi resultó decisivo. "Nunca más", advirtió el anciano presidente apenas terminado el episodio de opereta. Es de esperar por el bien de Italia que esta vez Berlusconi haya llegado a su forzada jubilación política. Como ya ha ocurrido con tantos otros políticos desde el fin de la "Primera República", como su ex socio Fini, como los ex líderes de centrozquierda Veltroni y Bersani, y por cierto de Romano Prodi. Es hora de un centroderecha maduro que no dependa de los arranques de humor y de los expedientes penales de un caudillo decadente, que además jamás cumplió, las cuatro veces que gobernó, con sus promesas de liberalización de la economía y la sociedad italianas de los cepos corporativos que las agobian.

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